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Los más recientes pronósticos para la economía mundial elaborados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), implican serias repercusiones para América Latina. Estos pronósticos fueron presentados a mediados de abril, en ocasión de las Reuniones de Primavera del FMI que se celebran anualmente en Washington. También, durante las Reuniones de Primavera, el organismo acordó importantes reformas en su estructura de gobierno dirigidas a convertirlo en una institución más sólida y representativa. Este artículo analiza ambas cuestiones.

Hasta ahora, el crecimiento de América Latina ha logrado mantenerse. Pero, ¿cuánto podrá resistir la región ante la desaceleración que se proyecta actualmente para la economía de Estados Unidos, y los riesgos que siguen afectando al panorama mundial? Estas cuestiones se analizan en la edición de abril de 2008 de Perspectivas Económicas: Las Américas (disponible en http://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/reo/2008/whd/wreo0408s.pdf.)
Tras media década de expansión mundial sostenida, la coyuntura externa cambió abruptamente como resultado de los shocks de los sectores inmobiliario y financiero de Estados Unidos. Ambas crisis se alimentan recíprocamente, y la economía mundial está sufriendo los efectos. Las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos para 2008 se modificaron a la baja, a un 0.5%, lo que implica una contracción de la economía estadounidense durante este año. Con respecto a la economía mundial, se espera un crecimiento de sólo 3.7%, lo que representa una importante caída frente al casi 5% registrado el año pasado. Agregándose a esto, el precio de los alimentos genera presiones inflacionarias y dificulta la situación social de muchos países.

Un factor que favorece a América Latina es que en su actual expansión, muchas economías han desarrollado una solidez que antes no existía. Hasta el momento, la región ha logrado esquivar los efectos de los shocks mundiales gracias a las políticas más sólidas y los regímenes más creíbles. No se ha apreciado una exposición significativa a los tóxicos productos crediticios que han trastornado los mercados financieros mundiales, lo que en parte evidencia una mejora en los marcos regulatorios. Los diferenciales (spreads) sobre la deuda soberana, han crecido mucho menos de lo que cabía esperar a la luz de la experiencia histórica. En términos generales, se prevé que en 2008 la región aún crecerá por encima de la tendencia, un 4.4%.

Sin embargo, existen riesgos que afectan negativamente a las perspectivas de crecimiento. ¿Cómo ponderamos estos riesgos y cuáles deberían ser las medidas prioritarias a adoptar?
Entre los riesgos externos se destacan tres. El más importante para Nicaragua --así como para otros países de América Central-- quizá sea la desaceleración de la economía en Estados Unidos, que es el principal socio comercial de la región y una fuente importante de inversión extranjera directa. El resultado sería una caída de la exportación y de la inversión, y una baja de las remesas de los trabajadores, las cuales han sido un importante respaldo a los pobres de la región, al igual que a la balanza de pagos. El nivel persistentemente elevado de los precios mundiales del petróleo es ciertamente otro foco de riesgo para el crecimiento de Nicaragua, el cual es altamente dependiente de las importaciones de petróleo. Por último, los mercados financieros mundiales continúan tensionados, y las corrientes de capital podrían disminuir por efecto de nuevas perturbaciones financieras.

Entre los riesgos internos cabe destacar dos. El primero es la inflación, que ha estado creciendo en varios países, lo que obedece tanto a la fuerte demanda interna como a los shocks externos y meteorológicos en los precios de los alimentos. El segundo tiene que ver con el rápido crecimiento del crédito privado, y del gasto fiscal registrado en diversos países.

¿Qué significa todo esto para quienes formulan las políticas económicas?
Los riesgos muy concretos que afectan a las perspectivas, reafirman la importancia de continuar con los programas de reforma que han implementado los gobiernos de América Latina, que en el caso de Nicaragua están enmarcados en el programa económico de las autoridades, apoyado por el acuerdo con el FMI de Servicio para el Crecimiento y Lucha contra la Pobreza (SCLP).

En particular, la reciente presión inflacionaria es una primera prueba de la capacidad de los bancos centrales para frenar los efectos de “segunda ronda” de los precios de los alimentos y energía sobre la inflación. Además, el posible impacto de la desaceleración de la actividad económica sobre la recaudación, subraya la necesidad de mayor cautela y mejor focalización del gasto público en muchos países, sin dejar de fortalecer la asistencia social en la medida necesaria, para amortiguar el efecto de los recientes shocks de precios de los alimentos sobre las comunidades más pobres.

Por último, sigue siendo de vital importancia mantener una permanente supervisión de los bancos y los sistemas regulatorios, en especial para el desarrollo de regímenes efectivos de divulgación e información.

Para concluir, un comentario sobre la gestión institucional del FMI: en estas reuniones de la primavera boreal, el FMI ha decidido implementar una importante reforma que aumenta el poder de voto de muchas economías emergentes, inclusive en América Latina, lo cual equipara más su participación en el FMI con su peso actual en la economía mundial. Estas cuotas relativas deberán revisarse cada cinco años para dar cabida a nuevas correcciones. Este es un cambio importante que ampliará la voz y la representación de los países emergentes en el FMI, y fortalecerá el papel y el compromiso de la institución en la región dentro de nuestras múltiples esferas de actividad.

*Director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional.