Jorge Eduardo Arellano
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Es el quinto de los meses del año, el esperado, pues anuncia la buena nueva de la esperanza. En tanto, es tiempo de espiga, luego del dulce torrente que se desplaza en el extenso surco que da vida a la Madre Tierra. Mayo es la época en que se preña con un puñado de semillas el verdor, convertido después en productos que demanda la nación, y en la flora que se compagina para darle oxígeno al universo del humano
Mayo es historia indígena, maya, tolteca, olmeca, chibcha, nagrandanos, nicaragüeños, que con habilidad milimétrica bajaron de los cielos los números y perfeccionaron el cero. Meso América o la exactitud del tiempo en calendarios milenarios denotando el olfato, el dominio y conocimiento de la noble Madre Natura, identificando que somos de polvo y maíz.

Pero Mayo es también aguacate y tomate náhuatl, mamón, piña, marañón, pepino, plátano, yuca, cebada, trigo, canela, limón, granadilla, banano, níspero, zapote, melón, jocote guaturco, de chichita, tronadores y usuales; mangos, sandía, ayote, chayote, repollo, papa, arroz, maíz amarillo y frijoles --rojos, negros y blancos--, soya, ajonjolí, café, lechuga, cebolla, ajo, perejil, culantro, remolacha y zanahoria, semilla de jícaro, cola de caballo, peine de mico para el asma, rosas, espinas, viento, colores y partos de rayos solares.

Mayo, mes de siempre, mes de Madre, renovado, de hojas verdes tiernas que albergan en su limbo gota a gota el pistilo que trasiega hacia la cofia el mensaje húmedo de la savia, sustancia que energiza y dialectiza a la clorofila. Naciendo raíces y ramas, construyendo el manto eclipsado que da vigor a la tierra. Medio ambiente que se dibuja con la propia esencia de sus entrañas, algo sólo parecido a la mano de Dios.

Mayo, es pulmón que respira todavía en nuestra geografía, a pesar de los múltiples obstáculos que proporciona el mismo hombre. Mayo es también el acecho por querer adueñarse de lo que todavía es virgen, a como suelen ser los sueños verdes de los niños, porque ellos también en su mundo especial añoran ver crecer una raíz, una hoja, un nuevo ser que dará vida infinita si se le ama. Y, ¿cómo se debe amar mayo?: sembrando amor con un árbol.

Mayo es y debe ser siempre realidad que se pueda ver, en la extensión de una mirada que dimensiona la inmensidad de nuestros bosques, para que la lluvia sea continua, llena de esos sueños que dibujamos desde siempre con los arco iris.


*Docente UNI.