Jorge Eduardo Arellano
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Esta semana se celebrará en la hermosa ciudad de Lima la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Europa y América Latina, en la que europeos y latinoamericanos tendremos una nueva oportunidad de desplegar todas las potencialidades de nuestra relación bilateral estratégica. A partir de señas de identidad comunes y de una serie de valores fundamentales que compartimos, tales como la democracia, el respeto de los derechos humanos y la solidaridad; hemos decidido aunar nuestras fuerzas, que no son pocas, y hablar con una voz colectiva para actuar como verdaderos actores globales y, juntos, hacer frente a los desafíos que nos plantea el nuevo contexto globalizado; pero también aprovechar las oportunidades que nos brinda.

Para consolidar esta asociación estratégica bi-regional, hemos acordado dotar de contenido y compromisos concretos a dos ámbitos cruciales para nuestro futuro, y que son también los temas centrales de la Cumbre: por un lado, la lucha contra la pobreza, la desigualdad y la exclusión social; y por otro, el desarrollo sostenible, la preservación del medio ambiente, el cambio climático y la seguridad energética.

De poco servirían los notables éxitos macroeconómicos cosechados por la mayoría de los países latinoamericanos en los últimos años, si no se tradujesen en una mejora palpable de las condiciones de vida de los más desfavorecidos. Eso requiere la instrumentación de políticas públicas de corrección de desigualdades y de redistribución de la renta y de las riquezas nacionales. La favorable coyuntura internacional, caracterizada por altos precios de materias primas y bajos costes de financiación, que --junto a políticas públicas sensatas-- está detrás de la expansión económica de América Latina, debería ser aprovechada para acometer las reformas estructurales necesarias que permitan hacer sostenible el crecimiento, aún cuando el ciclo varíe.

Por otro lado, nadie puede negar honestamente que el cambio climático amenaza el desarrollo futuro de nuestras sociedades. Este debate ha quedado superado. El cambio climático está teniendo ya repercusiones importantes, que también afectarán de manera muy significativa a la seguridad internacional. Tampoco olvidemos que el calentamiento del planeta afectará más a los países y regiones pobres, de por sí frágiles y propensos a los conflictos, por lo que resultará aún más difícil aportar estabilidad a zonas que ya hoy en día viven situaciones de crisis. Es por lo tanto imprescindible que la Unión Europa, América Latina y toda la comunidad internacional, dediquen la debida atención a este tema y se esfuercen por hacer frente con responsabilidad a este nuevo contexto.

En cuanto a la seguridad energética, pensamos que la mejor forma de lograrla es aumentar la confianza de productores y consumidores, mediante un sistema internacional transparente y justo de formación de precios de la energía, una mejora de la eficiencia y del ahorro energético, y el desarrollo de energías alternativas a los hidrocarburos, renovables, limpias y sostenibles.

Avanzar decididamente en todos estos terrenos exige progresar en paralelo en los procesos de integración regional en Latinoamérica. Conviene recordar que América Latina apostó por la integración regional con precocidad y determinación, en los primeros 50 años del pasado siglo, antes incluso de que los propios países europeos lanzaran su proyecto de integración. En Lima, daremos un impulso político a la triada de negociaciones en curso sobre Acuerdos de Asociación entre la UE y Mercosur, la Comunidad Andina y Centroamérica, respectivamente. En dichas negociaciones, la Unión Europea ofrecerá su experiencia de integración y de superación de las asimetrías entre sus Estados miembros, a la par que tratará en lo posible de acomodar especificidades nacionales y regionales.

Los éxitos cosechados hasta ahora en nuestra relación estratégica bilateral, nos animan a redoblar nuestros compromisos y a esforzarnos por forjar soluciones comunes que resuelvan los problemas reales de nuestros ciudadanos, a los que no podemos defraudar.