Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

“No hables de lo que has hallado: habla de lo que has perdido”

Proverbio sumerio (antigua Mesopotamia), 2000 A.C.


Una vez, hace diez años, un amigo europeo recién llegado a Nicaragua me dijo: “¿Sabes lo que más me ha impresionado de la gente de tu país? A parte de su actitud amistosa y hospitalaria, siempre abierta, es la capacidad que en general tienen para ‘perder el tiempo’”. ¿Cómo es eso? -pregunté-. “Pues vea --continúa el visitante--, el tiempo parece ser una referencia muy poco atendida, raramente asumida o comprendida. Citan a una reunión a las 8, y la reunión comienza a las 8:30; convocan a un acto público político o social a las 5, y comienza a las 6 ó 6:30; anuncian una conferencia de prensa a las 4, y viene comenzando una hora después. En la mayoría de los casos, no se da ninguna explicación convincente a los pocos o muchos que tuvieron el atrevimiento de llegar puntuales. Cuando uno pregunta: ¿a qué hora nos vemos?, el interlocutor responderá: ¿en la tarde o como a las tres? Esa común expresión encierra una gran imprecisión. Un ingenuo estará esperando a las 3:00 p.m., pero el encuentro, si es que se da, será después de las 4:00. Si un médico o funcionario te da una cita, posiblemente tendrás que prepararte para permanecer en la sala de espera; es recomendable llevar un libro de lectura relajante, de bolsillo, para ‘matar el tiempo’. Si tenemos que hacer una tarea, recibir una información, cumplir ciertas diligencias, efectuar algunas actividades que han venido quedando rezagadas, pendientes de días anteriores, si preguntamos cuándo la haremos o cuándo la hará quien tenga que ejecutarla; la respuesta será: ‘cuando tenga un tiempito’, o ‘mañana’ o ‘al rato’. Es muy probable que el mañana nunca llegue y que las circunstancias que necesitaban aquella acción en aquel momento ya no existan, de tal forma que no resultará necesario, en ese tiempo futuro, frecuentemente impreciso, hacerlo. La oportunidad que demandaba el tiempo pasado, se ha ido; otras vendrán, ojala así sea, pero aquella, se quedó atrás”.

Nuestra historia, esta de la cual somos un producto ineludible, nos puede detallar una larga lista de cosas que pudimos hacer y no hicimos, de tiempos individuales, sociales, colectivos, no aprovechados. De impuntualidades, no a una simple reunión, acto o actividad, sino a aquellas encrucijadas del camino, que en ese momento y no en otro, exigían hacer algo y no se hizo, emprender un rumbo y no se emprendió, optar por un destino y lo fuimos dejando postergado para “más adelante”… De la impuntualidad, el descuido por lo cotidiano, el desprecio por las obligaciones rutinarias, ese evento, ese compromiso, esa obligación, que teníamos que hacer hoy o ayer, y aún queda pendiente; se suman, se agregan las otras, las de otros y otras, las de todos, de las comunes y aparentemente insignificantes, pasamos a las claves, fundamentales e ineludibles, que, ante ese olvido o descuido frecuente, se pierden en la multitud de “inutilidades”.

Esa actitud de desprecio por el valor del tiempo, por aprovechar el momento para hacer o deshacer cuanto corresponda, no tiene nada que ver, como algunos podrán decir, con bajar el estrés que agota a las personas de las ciudades y a los conglomerados humanos del mundo moderno, a quienes ya no queda tiempo para nada porque el gasto requiere ser cubierto con una innumerable fuente de ingresos alternativos; ciudades cuyo tráfico, contaminación ambiental y publicitaria es insoportable (de la cual Managua, la nuestra de cada día, no se escapa). El estrés, el nuestro, se acrecienta por nuestros olvidos, descuidos, despreocupaciones inoportunas; no prevemos las eventualidades, porque no ordenamos nuestros tiempo político, social, económico, familiar, porque la impuntualidad en lo cotidiano está presente en la impuntualidad por lo extraordinario, lo corriente se trata de la misma forma que lo fundamental, la costumbre nos abruma, nos cubre con su neblina inercial, nos dejamos arrastrar con frecuencia, y cuando nos damos cuenta, estamos allá, “allá a lo lejos… alguien canta”, nosotros, los de entonces ya no somos ni seremos los mismos… Los comportamientos políticos y sociales se reproducen y crecen bajo el ímpetu arrollador de los nuevos tiempos, ajenos, propios o impuestos; se hacen evidentes cuando las circunstancias demandan valorar con prontitud el uso del tiempo, su aprovechamiento, como uno de los principales activos de la existencia y la historia. La brevedad es nuestra marca natural, no podemos prolongarla más. Estos son años de precios altos en los alimentos y el combustible, años de crecientes riesgos medioambientales, años de desigualdad y pobreza persistente, años de inmadurez política, de largos monólogos, de críticas para “acarrear agua al molino propio”… el eterno “coqueteo” y acomodamiento en búsqueda del beneficio propio, o al señalamiento hacia fuera sin ver la “extrema impuntualidad de adentro”, años que demandan efectiva reconciliación y diálogo, sin “capear el bulto”, sin tirar la pelota a la cancha del vecino, sin lavarse las manos o tirar piedras al tejado del otro…
El tiempo perdido de antes se paga ahora. El de ahora, también, será asumido con prontitud después, no porque se quiera o no; es porque en la vida, todo, tiene consecuencias. Las reconozcamos o no, las aceptemos, neguemos o no nos percatemos; son deudas que lamentablemente no se condonan, se acumulan. Quizás habrá que pagarlas a plazos largos o cortos, imperceptibles o traumáticos. Algo habremos perdido o algo habremos ganado.

La puntualidad responsable (no solamente en una reunión, asamblea, evento u actividad, sino en esas grandes obligaciones de hacer, resolver, decidir, emprender, promover, cambiar, cuando se deba o exija hacerlo…) es parte de un ORDEN JUSTO, el orden justo, es el BIEN COMÚN, el bien común es el fin del Estado y la sociedad; en el orden justo se refugia Dios, para quienes quieran apelar a Él. Y de allí surge la esencia misma del Estado social de Derecho, para quienes prefieran invocarlo por el conveniente sentido laico que debe prevalecer.


www.franciscobautista.com