Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Berkeley - A medida que se acorta la carrera presidencial, los latinoamericanos pueden observar e imaginar lo que Hillary Clinton, Barack Obama o John McCain podrían hacer por sus países si llegan a la presidencia. ¿Cuál candidato es el mejor para América Latina? ¿Hay alguna diferencia si Barack Obama o Hillary Clinton se convierten en el nominado del campo demócrata, e importa si uno de ellos o el republicano John McCain triunfa en noviembre?
Por décadas, el comercio ha sido el modus operandi de la política exterior estadounidense en la región, pero algunas administraciones han tenido planes más amplios. ¿Alguien recuerda la política de Jimmy Carter, impulsada por el tema de los derechos humanos? ¿O las eras de intervencionismo de Reagan y Bush I, que dependiendo del punto de vista que tenga uno, salvaron la región de los revolucionarios o suprimieron el cambio que se necesitaba?
Guste o no, Carter y Reagan mostraron agudos contrastes en la manera que abordaron a América Latina. Sin embargo, en los últimos 16 años los presidentes demócrata y republicano, Bill Clinton y George W. Bush, han ofrecido prácticamente lo mismo: libre comercio al extremo.

Hay sólo indicios muy sutiles de que los senadores Obama y Clinton, o incluso el senador McCain, tengan intenciones distintas; por lo que intentar analizar sus posturas para decidirse por uno sobre el otro, es más difícil que adivinar quién ganará la Copa Mundial de Fútbol.

Por ahora, el mayor problema que representa la región para los norteamericanos son los 12 millones de inmigrantes indocumentados que, se estima, hay en Estados Unidos, la mayoría de los cuales habla español. Dígase lo que se diga sobre el libre comercio, en varios países los seres humanos han reemplazado al azúcar, las bananas y el café como principal exportación.

Entonces, una primera pregunta para América Latina debería ser: ¿en qué se diferencian los candidatos en cuanto al trato a sus compatriotas que se encuentran indocumentados en los Estados Unidos? ¿Les permitirán quedarse y seguir enviando miles de millones de dólares en remesas?
Si bien la extrema derecha del Partido Republicano preferiría que estos inmigrantes regresaran a casa --medida que sería devastadora tanto para América Latina como para Estados Unidos--, los tres candidatos tienen una postura más sensata.

McCain, Clinton y Obama, apoyan una “reforma integral”, palabras en clave para el ying y el yang de manejar el sentimiento anti-inmigración aquí: dad a los estadounidenses algunas promesas de hacer que las fronteras sean más seguras, y se tragarán el darles a los indocumentados una vía para acceder a la ciudadanía (nadie menciona en este toma y daca, que Estados Unidos ya ha destinado miles de millones de dólares para asegurar las fronteras, y que, no obstante, cerca de 500 mil inmigrantes ilegales se las arreglan para venir, pero esa es harina de otro costal).

La propuesta de ley más reciente en el Congreso, hace la vía a la ciudadanía casi tan difícil como cruzar la frontera, y los tres candidatos la apoyaron. Sin embargo, si se busca valentía sobre el tema de la inmigración, puede que el senador Obama, de padre africano y madre estadounidense, tenga más que mostrar que los otros. Ha sido el único candidato que ha defendido el derecho de los indocumentados a obtener una licencia de conducir legal, propuesta impopular para muchos votantes. Aunque fue necesario un círculo de prostitución para derribar al ex gobernador Eliot Spitzer, su plan de dar licencias de conducir a los inmigrantes ilegales de Nueva York --medida que según la mayoría de los expertos es de todo sentido común, en términos de garantizar una mayor seguridad vial--, demostró ser su primer error de cálculo. Hasta el entonces popular líder tuvo que archivarlo.

De modo, que a falta de una visión de largo plazo --quizás llegue tras las elecciones--, volvemos al comercio como factor predominante del debate que pueda existir acerca de América Latina en la campaña. Aunque Clinton y Obama han insistido en que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), se renegociará en función de las inquietudes laborales y medioambientales --incluso llegando a amenazar con retirarse del acuerdo--, es altamente improbable que esa retirada llegue a concretarse.

Los acuerdos tienen un apoyo generalizado en el Congreso. Sin embargo, Obama fue el primero que habló, y de manera más insistente, sobre un libre comercio más equitativo, por lo que es más probable que termine adoptando una postura diferente a la de sus rivales. Además, el gobernador Bill Richardson, de Nuevo México, y ex embajador de EU en las Naciones Unidas, con orígenes latinoamericanos y que ahora apoya a Obama, tiene afinidad con América Latina. De hecho, recientemente participó en las negociaciones con Venezuela y Colombia para liberar a los rehenes de las FARC.

Obama se ha opuesto sistemáticamente a un acuerdo de libre comercio con Colombia. Clinton, aunque ahora se opone, antes se había manifestado a favor, y McCain le daría hacia adelante hasta firmarlo. Sin embargo, lamentablemente se trata de apenas un acuerdo comercial, no de una visión. Y, si Obama puede llegar a indicar que tiene una, todavía es necesario que la enuncie.

Los latinoamericanos podrían incluso preguntar si los candidatos realmente se interesan en ellos. Después de todo, la producción de etanol basado en maíz estadounidense está haciendo subir notablemente los precios de los alimentos, y esto a nadie en la carrera presidencial parece importarle. En materia de etanol los candidatos están todos de acuerdo, lo que sólo puede significar una cosa: las tortillas van a subir de precio. Considerando lo que los candidatos han dicho hasta ahora acerca de América Latina, es poco probable que esta tendencia cambie.


Lydia Chávez, profesora de la Universidad de California en Berkeley, se encuentra preparando un libro acerca de América Central: “Forgotten Battlefields”.


Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org