Jorge Eduardo Arellano
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Mientras Nicaragua no defina su propia política agraria, ecológica, social, económica y cultural, adecuada a sus circunstancias; mientras el Estado no asuma el derecho a decidir qué y cuánto producir mediante programas que aseguren una adecuada disponibilidad de alimentos y una distribución equitativa de los mismos, como manda nuestra Constitución Política; es decir, mientras no se logre la soberanía alimentaria, Nicaragua estará condenada a la inseguridad alimentaria nutricional.

La solución al problema del hambre y la desnutrición, nos confronta necesariamente con el modelo de dominio mundial impuesto por el gran capital.

El sistema neoliberal, además de violar el derecho a la tierra, el agua, a las semillas; ha introducido en diversas partes del mundo los cultivos de organismos genéticamente modificados que contaminan la biodiversidad, y con los cuales, por obra y gracia de la piratería y de la práctica de libre comercio, la alimentación se ha convertido en una mercancía más, ha privatizado los conocimientos y prácticas agrícolas ancestrales.

La alimentación, a través de la historia, se ha desarrollado mediante un largo proceso de investigación y experimentación que supone como primer paso la separación de lo comestible.

La preparación de las comidas conllevan la confección de los utensilios adecuados, y los excedentes en la producción hacen indispensable la creación de técnicas de almacenamiento.

Por eso, desde el nacimiento de la agricultura, las mujeres se ocuparon de las siembras y recolección, del arte culinario y la dietética, de la alfarería y la talla de la madera, del procesamiento de alimentos y de su distribución.

Todos estos conocimientos acumulados, que constituyen un gran legado para la Humanidad, de pronto dejaron de ser un bien de todos y de nadie, para convertirse, por voluntad del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de la Propiedad Intelectual, relacionados con el comercio, en propiedad exclusiva de las transnacionales.

Y la creación de miles de generaciones de mujeres, ahora propiedad particular de unos pocos, requiere para estar al servicio de sus creadoras, que éstas compren las franquicias a los dueños de las patentes.

Por estas prácticas aberrantes que amenazan la agricultura tradicional campesina, las mujeres, en todos los foros mundiales sobre SOBERANÍA ALIMENTARIA, nos hemos pronunciado por que la agricultura y los alimentos no sean parte de la Organización Mundial de Comercio, ni de los tratados de libre comercio; ya que la alimentación debe estar por encima de los intereses del mercado, y ser el centro de la economía y la organización de la sociedad.


*Coordinadora
Información, Educación y Comunicación
Asociación Soya de Nicaragua
Soynica
soynica@soynica.org.ni