William Grigsby Vergara*
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Este año se han reunido, tras diez años de separación, dos bandas históricas dentro del rock-latinoamericano, dos iconos vivos de la música en español, dos colosos del arte de emitir sonidos eclécticos: Soda Stereo y Héroes del Silencio.

La primera desde Argentina y la segunda desde España, ambas bandas han marcado nuestro joven oído, han dejado una huella imborrable en la conciencia musical de la juventud de los ochenta y noventa, e incluso, en la juventud de los dosmiles.
Soda y Héroes supieron transmitir ideas y sentimientos de una manera tan original como novedosa y nos llevaron con armonía
hacia sus propios estilos musicales.

Soda cambió el rostro del rock-pop que escuchamos entre finales de los ochenta e inicios de los noventa y permitió que, aunque criticados por cierto snobismo, entraran con los sonidos del teclado electrónico y la revolución del cassette contra el extinto vinilo.

Para renovar nuestras imágenes auditivas llegó un duende aragonés con una voz musculosa, rodeado de una banda para la eternidad: Héroes del Silencio.

Guiados por el compositor y poeta Enrique Bunbury, cosmopolita errante que encerró la dualidad lírica de ser nuevo y antiguo al mismo tiempo, Héroes nos recordó con sus letras los inicios de la literatura del siglo pasado, nos condujo con sus recios gritos hacia un mundo de furia, inconformidad y estruendo.

Héroes del Silencio nos dejó letras profundas, nos hechizó y nos impregnó fuerza y rebeldía, nos dejó esa voz repleta de ceros que arrastró a los jóvenes sensibles con crudeza y magia a lo largo de su avalancha musical.

La banda española nos dejó la insatisfacción a flor de piel, nos revolucionó en el plano individual, nos cambió hacia dentro y nos condujo hacia el mundo poético de sus melodías decadentistas que reflejaban el inicio de un nuevo nihilismo latinoamericano.

Las letras de Soda, por su parte, menos tristes y oscuras, más eróticas y alegres, nos ofrecían la otra cara de la moneda, la parte metafórica de ser joven, esa parte que el “mtv” nos mostraba generosamente cuando valía la pena sintonizarlo.
Soda Stereo vanguardista por un lado y por el otro, el anti-mensaje de Héroes del Silencio que nos teñía de gravedad. Los noventas arrancaban y nos guarecíamos en la radio y la tele mientras se caía el siglo con la música hippie de nuestros padres al hombro.

Nos encontramos con dos bandas frescas que peleaban -sin querer- por ganarse la atención de una juventud latinoamericana demasiado agringada, europeizada y maniquea.
Soda y Héroes nos recordaron que la calidad de nuestro idioma español (con sus modismos latinos) también tenía voces fabulosas como la de Cerati y Bunbury.

La juventud que se refugiaba en el rock terminó por idolatrar temas como “Maldito duende” o “Entre dos tierras” mientras otra parte prefería “De Música Ligera” o “Persiana Americana”, y se crearon células de jóvenes que coreaban dichos temas en sus “covers” colegiales o universitarios.

Tales bandas retrataron bien la caída del vinilo frente a la tecnología que iba reduciendo de tamaño y cambiando de formato, pasando por el cassette de los ochenta hasta llegar al CD de los noventa y cerrar con el Mp3 de la actualidad.

Soda sonó distinto a todo lo hecho anteriormente, melódicos e incluso pesados, eran la contraparte del pop en español cargado de timbiriches. Soda contrastaba con las bandas que importaba la región, recargadas de guitarras y baterías prepotentes como Metallica, Guns & Roses, Iron Maiden, entre otras.
Por su parte, Héroes nos dejó baladas como “La chispa adecuada” o “Flor de Loto”, para los momentos de reflexión y vértigo.

Soda Stereo era esa mezcla rara y atrevida entre The Police y The Cure y sonaban simplemente distintos, promiscuos y lúdicos en casi toda su obra.
Aunque para algunos, Soda era un rock Light entre lo alternativo y lo post-punk, para otros, Soda nos presentaba un trabajo arriesgado por lo diferente, peligroso por lo insinuante. Soda tentaba nuestros oídos mientras Héroes perseguía la agudeza de nuestras mentes críticas.

No podemos olvidar estos dos reflejos de nuestra juventud, estas dos geniales bandas que nos placaron el corazón con sus letras, sus baterías y sus guitarras eléctricas.

No podemos olvidar la voz de Bunbury, ese auténtico artista de Zaragoza, quien nos visitó con su pequeño cabaret ambulante en el estadio “Cranshau” hacia el año 2004.
Tampoco podemos olvidar la voz inefable de Cerati, líder de aquella banda que significó un eslabón musical para el rock en Latinoamérica y nos transportó con la frescura de sus melodías nebulosas.

Dos bandas que flecharon nuestra temprana edad y siguen influyendo con fuerza sobre las demás bandas del continente, Soda Stereo y Héroes del Silencio.

Podremos debatir durante siglos quien es más grande, pero nunca podremos debatir su dominio absoluto frente a la avalancha terrible del pop y sus fetiches comerciales.

grigsbyvergara@yahoo.com