Bayardo Altamirano López
  •  |
  •  |

La entrega de los premios a la excelencia periodística Pedro Joaquín Chamorro resultó propicia para reconocer que la tarea de interpretar la historia cotidiana impone el compromiso de ser sincero como ningún otro oficio. Cumplir el deber de alimentar la conciencia popular y denunciar a los corruptos que por estos lados pululan como moscas, sin temerle a las consecuencias.

El gran escritor francés Víctor Hugo decía que el periodismo es "el dedo que señala la ruta del progreso" Una ruta con muchos baches, como nuestras carreteras después de los aguajes. Sinuosa y abundante en peligros. El periodismo constituye un ejercicio de libertad responsable e integridad moral que busca ser cronista fiel de la coyuntura. Nada fácil en este país donde el pacto quiere volverse eterno. Sino pregúntenselo a Máximo Rugama.

Oliver Gómez decidió auscultar los recovecos de la miseria y las falacias del agua embotellada. Con la sencillez de los grandes decidió sobreponerse a los peligros y enfrentarlos para concretar un estudio que es paradigma de investigación humanística. De paso le apunto un nuevo blasón a nuestro periódico, campeón de la defensa de los sectores populares. Se sumó a otros reporteros de EL NUEVO DIARIO que han resultado ganadores, Roberto Collado y Oliver Bodán.

Aún siendo periodista asimilado me sumé a la celebración del día de Naciones Unidas y degusté el vídeo que narra las anteriores entregas del premio. Un miembro del jurado, don Armando González, leyó los resultados de los jurados que detentaban la autoridad de árbitros del buen periodismo. Estos señores empuñaron con mano férrea la valoración literaria de los trabajos propuestos. Otorgaron los premios de prensa y televisión y declararon desierta la crónica radiofónica. También hicieron dos menciones a trabajos meritorios. Sobre la  migración y sus dramas conexos de Auxiliadora Rosales y el valiente reportaje de Esta Semana sobre las extorsiones de Tola, que sigue sacando ronchas.

El nuevo periodismo de Nicaragua ha incorporado consignas severas. Usa un léxico popular sencillo que se topa con la perentoria necesidad de economizar palabras. La meditación reflexiva que tropieza a cada rato con urgencias cada vez más impías. Por eso coincidimos con el jurado. Se premiaron denuncias bien documentadas, con información equilibrada y expresión clara, sin sacrificar la profundidad del tratamiento.
Otro de los ganadores fue Camilo de Castro, denunciando la tala salvaje de nuestros bosques. Escuchamos los discursos de los condecorados agradeciendo los premios. A Gómez la emoción casi no le permitió expresarse. Pero no importa, todos los presentes pensamos que su obra ya había dicho con sobrada elocuencia lo que su oratoria calló en ese momento.

Enhorabuena y ojalá que hagamos el inclaudicable propósito de seguir defendiendo contra viento y marea el respeto del medio ambiente y de la economía popular y azotando con el látigo todos las expresiones de corrupción.