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Muchas veces la realidad de la Iglesia Cristiana Evangélica se topa con situaciones que son, a fuerza de mirarlas, algo negativas para la imagen que, de aceptación del otro, ha de dar al mundo en el que vive.

No vaya a creerse que la relación entre política y religión y lo que tal cosa pueda suponer es un tema que la doctrina de la
Iglesia Evangélica no haya tocado o entrado en él.

Ya desde el principio de los tiempos cristianos (incluso antes de ser denominados de tal forma los discípulos de Cristo) Jesús dijo aquello de: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21).

Las tradiciones relacionadas con la práctica de la fe verdadera tienen que estar separadas completamente de esta polilla, porque el resultado de esta mezcla es la fructificación del descontento entre la congregación.

Es cierto que la Iglesia Cristiana, surgida dentro de la sociedad de la época, en aquel siglo, se constituyó con personas, de diversos ámbitos sociales, formaron aquel primer grupo de discípulos. Por eso ser social es, esencialmente, una forma de manifestarse sin la cual no podría entenderse el devenir que, desde aquellos años, ha traído la palabra de Dios hasta los nuestros y las consecuencias prácticas de orden, también, civil, que se han venido produciendo.

A pesar de lo que pueda pensar o decir de don Rafael Arista, pastor de Jubileo y sub intendente de las Asambleas de Dios, tiene que darse cuenta de que la Iglesia no compite en las elecciones, por lo que no debe ni resultar una amenaza. Muy al contrario, la misión de la Iglesia es la de instaurar el reino de los cielos en la tierra.

Mezclar la política con la religión es abrazar el evangelio adulterado y mundano que inventó Constantino a inicio de la era cristiana, en la que se fusionó la política estatal con la práctica religiosa en los cuatro primeros siglos. Al pasar de los años, esta rara mezcla dio origen a la Inquisición, persecución y degradación del verdadero cristianismo predicado por los apóstoles de Jesús.

La política en Nicaragua es perversa, oportunista, inmoral, mentirosa, en la que los que la practican han logrado acumular grandes riquezas a costa de un pueblo que se debate en la miseria y la extrema miseria, mientras los grandes “defensores” del pueblo lucen sus mejores carros del año y sus grandes conquistas.

Esta polilla perversa que es la política, ha logrado penetrar en las iglesias cristianas evangélicas de nuestro país, fundamentalmente en los miembros del Ejecutivo nacional de las Asambleas de Dios de Nicaragua, quienes desde las elecciones de 1996 definieron sus inclinaciones políticas utilizando el Sagrado Púlpito para hacer proselitismo político a favor de los liberales.

Cada vez que hay campaña política en el país, tanto de presidentes como de alcaldes, esta organización religiosa usurpa el púlpito, y con doctrinas torcidas, disfrazadas, instan y obligan a la congregación a votar por sus candidatos, que siempre son los liberales de ambas tendencias.

En la campaña de presidentes el descaro fue tanto, que no vacilaron en prestar las iglesias y los púlpitos para que los candidatos liberales proclamaran sus discursos, tal como sucedió en la Iglesia Be-thel que está contiguo a Enabús, José Rizo y José Antonio Alvarado les “predicaron” el plan de gobierno a algunos pastores que asistieron a semejante profanación.

A la Iglesia Jubileo que pastorea el señor Rafael Arista llegaron Delia Arellano y la esposa de Eduardo Montealegre para hacer proselitismo político, aprovechando la inclinación política del amo y señor de la congregación, quien les dio el “privilegio” de usar el púlpito para pedir el voto de la congregación.

La Biblia dice en Mateo 6:24: “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas”. En Santiago dice que el que se hace amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.

En esta Iglesia los liberales con la aprobación del señor Arista se repartieron volantes en contra de un partido participante en las elecciones, inclusive hasta un seminario a favor de los liberales fue impartido por este señor.

Sutilmente, desde hace algunos meses se viene preparando las mentes de la congregación para que den su voto a los liberales, y como el es amo, dueño y señor de las almas se da el lujo de obligar a los hermanos a que voten por su candidato.

Desde el punto de vista espiritual, lo más sano es no mezclar estas dos cosas debido a que son diametralmente opuestas. El verdadero Evangelio es moralizante, lleno de amor, donde las Sagradas Escrituras demandan del creyente poner la mirada en lo celestial que es eterno y no en lo material porque es temporal.

Los hermanos de esta congregación llegan en busca del amor, del consuelo y de la misericordia de Dios, llegan a descargar sus penas ante Dios que es su padre celestial, no llegan en busca de sermones hipócritas cargados de odio, de infamia y de opiniones de un hombre que con sus actos lo único que muestra es la falta de amor y perdón hacia el prójimo, tal como manda Jesús.

Para el señor Arista, la verdad es él, lo único que cuenta es su opinión, no le importa herir a cuanto hermano tenga enfrente, y si es de escasos recursos económicos mejor todavía, porque sólo el que “tiene” dinero es el que vale la pena en su congregación, olvidando el versículo que dice que no se debe hacer excepción de persona. Dios tiene misericordia de toda su creación, y el hombre no tiene ninguna autoridad sobre las almas por las que Jesucristo sufrió en la cruz.