Rodolfo Pérez García
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Nadie puede negar el avance en los procesos democráticos de los países, cuando se han adoptado modelos de descentralización de la administración y gestión pública a través de los gobiernos municipales, la descentralización es un modelo antidictatorial por excelencia, su origen se deriva precisamente en la lucha por terminar con las concentraciones de poder en un solo órgano o persona, en muchos de los casos representados en un inicio por los monarcas y más contemporáneamente por dictadores o pseudodictadores disfrazados de Presidentes.

La democracia debe estar al alcance de la mano de los ciudadanos, en estructuras de participación popular, esto no significa en ningún momento estructuras populistas partidarias, que en su propia formación son excluyentes a todos aquellos que no profesen o se sometan a los dictados del partido de gobierno que las engendra con fines exclusivamente particulares.

En Nicaragua se ha desarrollado en su gran mayoría un modelo de municipalismo ejemplar, en general las elecciones municipales reflejan una tendencia a escoger al mejor candidato, independiente del color de bandera que lo lleve oficialmente como aspirante, muchos alcaldes electos han dado ejemplo de gobernar para todos y beneficiar a la población de su municipio sin importar si votaron por su partido o no, el fenómeno se demuestra en municipios donde los resultados de las elecciones presidenciales y de diputados a la Asamblea Nacional son totalmente diferente a las votaciones para elegir sus autoridades locales.

La descentralización en sí misma es la potestad de autogestionar sus propios recursos, administrar los fondos generados por los impuestos municipales y gestionar los fondos centrales a través de los diferentes proyectos de beneficio social, esto debe garantizar la eficiencia y eficacia, la eliminación de las engorrosas trabas burocráticas, acercar el beneficio y desarrollo a la comunidad sin más trámites que los necesarios y establecidos por las leyes para garantizar la transparencia en la ejecución de los fondos de todos.

Sin embargo, como desgraciadamente ocurre hasta en las mejores familias, las cosas no salen a como uno espera y aquellos encargados y obligados en hacer cumplir las normas y su propio trabajo, distorsionan las teorías de la democracia y los beneficios de la descentralización efectiva en la administración local.

Este año ha sido, en términos de medición de la transparencia de la administración pública, como el año de la corrupción municipal, hay una gran lista de alcaldías que están denunciadas por actos de corrupción, no se escapa nadie, alcaldes, vicealcaldes, concejales y funcionarios de primera línea, si nos dedicáramos a los recortes noticiosos de periódicos sobre estos temas, serían bodegas llenas de reportajes sobre actos de corrupción municipales, ante esta deplorable situación  debemos preguntarnos: ¿Municipalismo y descentralización, son generadores de corrupción?, si vemos los resultados concretos y los avances de las auditorias practicadas, podríamos responder afirmativamente, pero esto sería una respuesta impulsiva y lejos de ser beneficiosa para la propia población.

Para la especialista en anticorrupción, la profesora Susan Rose-Ackerman, la corrupción no es de las propias instituciones o modelos democráticos, la corrupción es producida por las propias personas, son los mismos corruptos quienes se encargan de destruir y malversar los recursos del pueblo, si revisamos con cuidado los actos de corrupción denunciados, probados y en proceso de auditoría, nos daremos cuenta de que la corrupción de los alcaldes y concejales denunciados se basan en hechos cometidos y promovidos por ellos mismos.

Estos actos bochornosos van desde: venta ilegal de terrenos de propiedades  estatales, comunales o indígenas, préstamos personales ilegales a los propios concejales como una forma de comprar su silencio ante los mismos actos de corrupción, compras de propiedades privadas de forma fraudulenta y a través de tráfico de influencias, contrataciones de familiares y amigos incompetentes, distribución parcializada de fondos de publicidad sólo para periodistas de su color político y que les tapan todas las zanganadas  haciéndose los ciegos y sordos ante tanto abuso de los recursos municipales, mejoramiento de sus propias viviendas con recursos de la comuna y uno de los principales actos de corrupción no cuantificable es el hecho de darle la espalda al propio pueblo al que se deben, desconociendo las propias necesidades de la población por estar utilizando todo su tiempo en buscar formas de salvarse ante tantas denuncias de malversación y descaro.

Pero insisto, a pesar de todo ello, el problema no es el municipalismo ni la descentralización, sería un grave error tratar de destruir el modelo de los gobiernos locales, eso sería un retroceso a la democracia, es como fomentar una nueva dictadura presidencial, centralizada y que todo debe controlarlo desde su casa de oro, si a pesar de existir una autonomía municipal, en varias ocasiones hemos visto al Presidente de la República regañar en público, como si de sus hijos se tratara, a varios Alcaldes de su propio partido, ya no digamos qua haría si no existiera esa autonomía, sería una verdadera pesadilla en el ejercicio del poder.

La solución es conservar el modelo de gobierno local, no sólo como un ideal a seguir en el ejercicio del poder cerca del pueblo, se debe fomentar y defenderlo con hechos concretos, denunciando a los ladrones y corruptos que gobiernan municipios como si fueran sus propias haciendas, ejercer el poder popular pidiendo sus destitución, incluso estoy seguro que hay casos en que se debería destituir a todo el concejo municipal por ser cómplices de la corrupción de su alcalde, aquí tienen una gran responsabilidad los señores contralores, ya han demostrado que cuando quieren hacer bien su trabajo son implacables, así deben ser siempre y me consta que hay contralores dignos e incorruptibles, ellos son la primera línea de defensa de los gobiernos locales, fortalezcamos los municipios, defendamos la descentralización y esperemos que el año de la corrupción municipal acabe de una vez por todas, para que no se convierta en una costumbre dañina de todos aquellos que llegan al poder jurando luchar contra lo que ellos mismos fomentan con sus sinvergüenzadas.