Edwin Sánchez
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El nudista quiere un pretexto para lanzarse a las calles, cualquiera sea la causa. En la vía pública no se paga más que las consecuencias… Lo importante es llamar la atención sobre sí mismo.

El año pasado, en una terrible transculturización,  gente que protestaba en las cercanías del Parlamento anunció su versión nacional de la protesta sin ropas. Y salieron algunas damas y señores a lucir sus cuerpos.

Ahora, la Granada colonial se volvió la anfitriona forzada de un grupo de personas que trabajando con la masa no alcanzaron precisamente eso, una participación masiva, para su protesta “nudista”. El acto “heroico” consistió en bajarse ---no amarrarse--- los pantalones.

¿De dónde se toman estos ejemplos? ¿Se acabaron ya las marchas ciudadanas, las manifestaciones cívicas para protestar contra algo que no esté del todo bien? ¿Daremos apertura a este tipo de actos que no enriquecen a las legítimas formas de demandas públicas?

Un país que ha sufrido dictaduras, conoció de mujeres y hombres heroicos que pasaron días enteros en huelga de hambre, como Silvia Ferrufino y Tomás Borge. Entre los últimos que realizó un ayuno prolongado se cuenta a Gonzalo Carrión, hoy abogado del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, cuando era estudiante de derecho en la UCA.

Esta forma de protestar contra algo injusto parece haber pasado al olvido, por el sacrificio que requiere de su protagonista. Es un ejercicio de conciencia pura, valiente y hasta se considera un legítimo acto de amor hacia los demás, porque no todos participan por diversas razones.

En la historia de las huelgas y actividades que urgen justicia, a la par de haber padecido acciones y gobiernos tormentosos, se empujaron las asonadas. Las quemas de llantas se volvieron asunto de todos los días, también se abusó del bloqueo de carreteras, en hechos violentos donde al final el gobierno emergía más saludable en términos políticos porque le echaba la culpa a los activistas por no haber cumplido con su programa electoral.

Los estudiantes, y no todos, echaron mano de los morterazos, se herían entre sí policías y manifestantes, y se lesionaba a los civiles en su derecho de movilizarse libremente por la vía universitaria.

Ahora, hay algunos que piensan que están en las calles de Copenhage o de Estocolmo y para sentirse en ambiente viajaron a Granada, que por lo general es visitada por los chelitos europeos.

Unos se bajaron los pantalones y otros, con su “conciencia más desarrollada”(?), hasta los calzoncillos. Pero, ¿será cierto que todos los panificadores del país aprobaron esta forma extravagante de “protestar”?

Las cúpulas toman sus propias decisiones y no de la manera más democrática. Me resisto a creer que los que hacen queques, tortas, pastelerías y toda la variedad de panes selectos como el baguette o los panes ordinarios, pan francés, quesadillas, empanadas, bolillos y pan para gustos sofisticados, como el integral de germen de trigo, se hayan metido a la pelota. Mucho menos que hayamos advertido en semejante movilización mundana a quienes elaboran las sacrosantas hostias. ¡Difícil imaginárselo!

Las protestas de nudistas en Nicaragua no deberían continuar, porque no pertenecen a nuestras latitudes, ni forman parte de nuestra cultura. Recordemos que un poco de levadura importada leuda la masa de las buenas costumbres nacionales.

Hay que hornear un nuevo estilo de protesta, no del tipo caliente, como el de Granada, ni mucho menos las incendiarias del pasado, para que no se pasme una demanda justa en la puerta del horno, pues en vez de llamar la atención al fondo del asunto general, el nudista lo que desea es atraer el interés hacia su fondillo particular.

¿Qué puede hacer un consumidor cuando se da cuenta que el pan que se va a comer lo hace un panadero que públicamente se baja los pantalones y calzoncillos, donde todo mundo lo ve? El propio líder de este pequeño sector dijo que el gobierno le quiere “echar” al Minsa, entre otras instituciones “porque la mayoría de nosotros no tenemos las condiciones para cumplir requisitos establecidos por la ley y no podemos por la triste situación que hay”.

Una protesta como la que se sufrió la semana pasada, en el lenguaje propio de los panaderos, es harina de otro costal.

Si hay quienes piensan que se debe exponer el cuerpo, por cualquier situación, el actual gobierno debería prestarle las facilidades necesarias a algún inversionista --- se ve claramente que hay mercado---  para que abran de una vez una playa de nudistas.

En los años 80, el entonces ministro de turismo, el finado Herty Lewites, propuso un balneario exclusivo para que las damas y los caballeros con ganas de desvestirse, pudieran hacerlo en un lugar más retirado y al margen de las miradas curiosas.

El proyecto finalmente se canceló, pero las dos protestas que hasta ahora han acontecido en nuestro país parece que avalan la necesidad de un lugar donde la gente quiera sentirse un Adán y una Eva,  con pecados libres de impuestos.