Jorge Eduardo Arellano
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María Auxiliadora, advocación de la madre del Señor, conocida como “la Virgen de don Bosco” (1-IV-1834/31-I/1888) --canonizado el 1 de abril de 1934--, es celebrada hoy 24 de mayo por los fieles católicos. Granada, Masaya y Managua, donde se establecieron en orden cronológico casas selesinas, se destacan por exaltar esta devoción. Pero la primera se lleva la palma, entre todas las ciudades de Centroamérica, en arraigo y esplendor popular.

A Elena Arellano Chamorro (1836-1911) se le debe su introducción. Ella emprendió, mucho antes de la llegada en 1912 de los hijos de don Bosco, la campaña de difundir el Boletín Salesiano (edición en español por supuesto) y de regar, en muchos lugares de Nicaragua, “la milagrosa devoción a la Auxiliadora de los Cristianos” --escribió el historiador de la Iglesia, Jorge Rodríguez Zapata (1920-2002) S.D.B. Y especifica:
“Revisando las páginas del citado Boletín, correspondiente al último decenio del siglo XIX, se admiran más de un centenar de gracias y favores dispensados por María Auxiliadora en numerosas ciudades y pueblos del país, con nombres y apellidos y, en muchos casos, con la descripción detallada de los milagros, y la anotación de las limosnas remitidas en agradecimiento. Pero, además del Boletín, Doña Elena usó en abundancia para la propaganda, las estampas y medallas de María Auxiliadora, las hojitas sueltas con oraciones, novenas, etc.”

Es oportuno pues, referirse a esta devoción secular, una de las principales veneraciones marianas de los católicos granadinos, con la Virgen de la Asunción, cada 15 de agosto, en la Iglesia de Jalteva, y la Inmaculada Concepción, cada 8 de diciembre, en Catedral. Para completar un cuadro de las festividades homólogas en otras localidades de Nicaragua, habría que sumar (exceptuando la novena de “La Purísima” y su culminación en “La Gritería” el 7 de diciembre, a nivel nacional) las siguientes advocaciones: cada 2 de febrero, la Virgen de Candelaria, patrona de Diriomo, departamento de Granada; Comalapa, departamento de Chontales; Quezalguaque, departamento de León; Chichigalpa, departamento de Chinandega; y El Jícaro, departamento de Nueva Segovia; cada 13 de mayo la Virgen de Fátima (celebrada en otras ciudades), patrona de Rama; y cada 24 de septiembre, la Virgen de las Mercedes, patrona de las ciudades de León, Mateare y Matagalpa.

Pero yo quiero felicitar a las comunidades salesianas de Nicaragua por la celebración de su fiesta de María Auxiliadora, iniciada en la Capilla del mismo nombre en Granada, el 24 de mayo de 1922, hace 86 años, como lo consigna el Padre Rodríguez Zapata. Desde el año anterior había comenzado a construirse ese primoroso templo neogótico, bajo la dirección del Padre José Misieri, ex-Superior de los Salesianos en Centroamérica, inaugurado y bendecido el 15 de abril de 1922.

Restaurada ejemplarmente hace cuatro años, la Capilla de María Auxiliadora es el destino, por un largo tiempo, de la famosa “Procesión de las Ofrendas”, iniciativa de una humilde señora de corazón apostólico: doña Hilaria Guadamuz. El citado sacerdote Rodríguez Zapata recordó que salía anualmente la tarde del 24 de mayo del Mercado hasta el Colegio Salesiano. “Son las señoras vendedoras y trabajadoras del Mercado Municipal que le traen sus regalos propios a María Auxiliadora: frutas, granos, gallinas, quesos, objetos de tocador… hasta chanchitos, y todo adornados con banderillas y cintas de color, etc. Y son en número inmenso y caminan con alegría desbordante en medio de una algarabía contagiosa”. He ahí una manifestación, única en Centroamérica, de nuestro folclore religioso.

No quisiera concluir estas líneas sin aprovechar el hallazgo de un poema de nuestro Rubén a la Virgen María, del cual se conocían apenas dos estrofas, transcrito por Ernesto Mejía Sánchez en su edición de la poesía dariana (1977): “Secuencia a nuestra Señora/fragmento”. Su título no puede ser más fervoroso: “Versos a la Reina”, y su contenido lo revela como el más excelso texto mariano de su autor, y uno de los más hermosos de la lengua española. De ahí la imperiosa oportunidad de reproducirlo.

Se trata de nueve estrofas de tres versos octosílabos cada una --verdadera simbología numérica-- con idéntica rima consonante. La segunda estrofa es de original belleza. El poeta recurre, para exaltar a la Virgen, a un elemento mitológico: Diana, diosa griega de los bosques y la fertilidad. En las tres últimas, la invoca y pide su ayuda; al final, la esperanza se hace carne. El hallazgo lo hizo en El Bien (Montevideo, 1ro de noviembre, 1894) el uruguayo Antonio Seluja Cecín. En este día de mayo, mes de María: ¡Oh, celeste, Reina mía!/ ¡Sol de amor, luz de alegría/Lis de Dios, Madre María! A tu planta soberana/Cayó la luna pagana/De la frente de Diana. Rosas para tu incensario,/Perlas para tu rosario,/Almas par tu santuario. Refugio del pecador,/Reina del divino amor,/Tu alma engrandece al Señor. Caen a tus plantas bellas/Las flores de las doncellas/Las lágrimas, las estrellas. Buena, sacra, madre, pura/Halla en ti la criatura/Remedio a toda amargura. “Ave, Mater! Gratia Plena”/Inmarcesible azucena,/Quítame pecado y pena./ Y en vital cautiverio/Cante tu santo misterio/Con la lengua del salterio. Hasta que pueda llegar/A tu reino a descansar,/ ¡Mística estrella del mar!