Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En todo el mundo existe un lamento quejoso sobre el elevado precio del petróleo. Pero si los líderes y estrategas políticos quieren bajar los precios del petróleo, deberían promover políticas que fortalezcan el dólar.

Las implicancias de cotizar el petróleo en una moneda única son mucho más significativas de lo que la mayoría de la gente piensa. Por ejemplo, algunos países productores de petróleo les piden a sus clientes que paguen en euros, pero eso no significa que su petróleo esté cotizado en euros. Y aún, si los precios en dólares fueran reemplazados por precios en euros, el impacto en el mercado petrolero de una cotización en una moneda única sería el mismo.

Mientras que los países exportadores de petróleo reciben ingresos en dólares (o su equivalente en euros), utilizan diferentes monedas para importar bienes y servicios de varios países. Cualquier modificación en el tipo de cambio del dólar afecta el poder adquisitivo de estos países y, por lo tanto, su ingreso real.

De la misma manera, las compañías petroleras internacionales venden la mayor parte de su petróleo en dólares, pero operan en varios países y pagan algunos de sus costos en monedas locales. Cualquier modificación en el valor del dólar, por ende, afecta su estructura de costos y rentabilidad. A su vez, esto afecta la reinversión en exploración, desarrollo y mantenimiento.

La relación entre el valor del dólar y los precios del petróleo es muy compleja. Si bien pueden alimentarse mutuamente y producir un círculo vicioso, su relación a corto plazo es distinta de su relación a largo plazo.

En el corto plazo, la depreciación del dólar no afecta la oferta y la demanda, pero sí afecta la especulación y la inversión en los mercados de futuros del petróleo. Cuando el dólar baja, las materias primas --inclusive el petróleo-- atraen a los inversores. Invertir en futuros se vuelve tanto una protección contra un dólar debilitado, como un vehículo de inversión que podría generar una ganancia sustancial, especialmente en un clima donde la capacidad excesiva de producción petrolera se desvanece, la demanda aumenta, las tasas de interés bajan, el mercado inmobiliario se desploma y la industria bancaria está en crisis.

La OPEP podría estar en lo cierto al responsabilizar a las políticas y los especuladores de Estados Unidos por los precios más elevados. También es correcto que si la OPEP tuviera una capacidad excesiva, ya la habría utilizado para ahuyentar a los especuladores, a fin de bajar los precios del petróleo. La OPEP puede recuperar el control de dos maneras: usando su “supuesta” capacidad excesiva para ahuyentar a los especuladores, o utilizando sus excedentes financieros para aventajarlos. Recurrir a la segunda opción significa que, incluso sin capacidad en exceso, la OPEP todavía puede ocupar el asiento del conductor.

En el largo plazo, en cambio, el análisis estadístico de diversas variables de la industria petrolera indica, que un dólar más débil afecta la oferta al reducir la producción, sin importar si el petróleo es propiedad de compañías petroleras nacionales o internacionales, y si ellas lo producen. Un dólar débil también afecta la demanda al aumentar el consumo. El resultado de una disminución en la oferta y un incremento en la demanda son precios más altos.

El dólar más bajo también reduce el poder adquisitivo de los exportadores de petróleo. Si los precios nominales del petróleo se mantienen constantes mientras el dólar baja, el ingreso real de los países productores de petróleo disminuye, lo que resulta en una menor inversión en capacidad adicional y mantenimiento. Lo mismo es válido para las compañías petroleras. En consecuencia, los precios del petróleo aumentan.

De hecho, como los precios del petróleo aumentaban mientras el dólar caía, la expansión de capacidad por parte de las empresas petroleras no cumplió con las previsiones para la producción fuera de la OPEP en los últimos tres años. Incluso, la producción petrolera en Estados Unidos no concordó con el incremento en los precios del petróleo, ya que los crecientes precios de las importaciones de herramientas y equipos --en parte, reflejo del dólar más débil y otros factores--, obligaron a demoras y cancelaciones de proyectos.

Por supuesto, el dólar más bajo implica petróleo más barato en Europa, Asia y todos los países con monedas que se aprecian. Los precios del petróleo alcanzaron records en Estados Unidos en 2004 y 2005, pero no en Europa, lo que explica en parte por qué el crecimiento económico allí no se vio afectado. Cuando los norteamericanos pagaban 120 dólares por barril, los europeos sólo pagaban 76 euros por barril.

Varios factores impidieron que los elevados precios del petróleo afectaran la demanda de productos petroleros en Estados Unidos en los últimos años: un mayor gasto público, tasas de interés bajas, recortes impositivos y un aumento de los ingresos reales. Sin duda, el dólar más débil obligó a algunas familias norteamericanas a pasar sus vacaciones en Estados Unidos en lugar de Europa. Pero, ya que muchos norteamericanos utilizan camionetas que consumen tracaladas de combustible para sus vacaciones, la demanda de nafta se mantuvo alta.

A menos, y hasta que los patrones de consumo estadounidenses cambien, o un rebote del dólar aumente la producción petrolera; los norteamericanos sufrirán el embate de una cotización del petróleo en una moneda única.

A. F. Alhajji es economista especializado en energía, y profesor en la Ohio Northern University.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org\