Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En un artículo de la sección de opinión de EL NUEVO DIARIO, del 19 de mayo, un señor de apellido Borge describe las que serían, a su parecer, inequívocas banderas de lucha. Al leer dicho artículo, el lector debe pinchar primero la inmensa pompa de frases hueras para encontrar el nódulo de las propuestas de este señor. Él comienza, de todas formas, de mala manera, al separar lo que llama banderas de lucha, de los objetivos.

“Sin desviarnos de nuestros objetivos, debemos ubicar una bandera por la cual luchar”.

¿Los objetivos, son distintos a la bandera de lucha? Es decir, para el señor Borge, ¿la lucha no tiene objetivos? Más claro sería si dijera: nuestros objetivos, como burocracia, son distintos a las luchas abstractas que proponemos a las masas. Para un socialista, lo correcto es concretizar los objetivos políticos de la clase obrera en consignas de lucha que, en una coyuntura dada, le lleven a transformar la correlación de fuerzas a su favor. Como quiera que sea, aquí tenemos, en cambio, cinco banderas de lucha internacional que propone el señor Borge, en el vacío, fuera de la lucha de clases, y sin que se sepa a cuál organización internacional se las propone.


Primera bandera de Borge:
“Los pueblos estallan en protestas por la extrema pobreza. Los campesinos pretenden las tierras que trabajan, y están hartos de la miseria. Los países pobres no aceptan el nuevo orden mundial”.

Borge mezcla, sin orden estratégico, la lucha de los campesinos pobres por la tierra, con la lucha en contra de la miseria, y con una supuesta lucha en contra del nuevo orden mundial. ¿Qué países pobres no aceptan el nuevo orden mundial? ¿Qué proponen? ¿Qué clase social dirige estas luchas en cada caso? No lo sabemos. ¿Cómo se manifiestan estas luchas? ¿Bajo qué formas organizativas, con qué consignas, con qué métodos, bajo qué dirección? ¿Estas luchas tienen un contenido progresista? ¿Debilitan de forma concreta a la clase hegemónica reaccionaria? Y la pregunta más decisiva: ¿abren perspectivas favorables para el fortalecimiento de la dirección de la clase revolucionaria sobre sus aliados? No lo dice Borge.

En el mejor de los casos, parece, más bien, que su propuesta es que alguien vaya tras las luchas espontáneas de las masas, como si se tratara de ubicar una ola para hacer surf.

Una consigna revolucionaria, en cambio, durante una crisis objetiva (que el sistema hace recaer sobre los trabajadores, afectando seriamente sus condiciones de vida), tiene por función agudizar la contradicción entre los intereses de las masas trabajadoras y los de la clase dirigente, de modo que la dinámica de esa lucha crucial conduzca a conquistas políticas para el movimiento obrero (conquistas previamente determinadas por el análisis estratégico de la correlación de fuerzas en esa sociedad y momento concreto).

Segunda bandera:
“Las misiones de paz de las Naciones Unidas dan por resultado jóvenes soldados norteamericanos muertos y decenas de miles de hombres, mujeres y niños asesinados en Irak”.

Borge señala los resultados mortales de la guerra en Irak, como un periodista clerical; pero no encuentra una consigna que movilice realmente a las masas árabes en contra de la guerra, o que incremente las contradicciones entre el gobierno norteamericano y los ciudadanos árabes o, incluso, con los de su propio país. Por ejemplo, exigiendo que el gobierno norteamericano asuma los gastos para mantener a los millones de refugiados irakíes que han huido hacia el resto de países árabes, por el conflicto bélico iniciado por los Estados Unidos. Esta consigna, extraordinariamente sentida en el mundo árabe, es imposible de satisfacer sin un inmenso costo para Norteamérica, y aísla más al gobierno norteamericano invasor que todos los señalamientos moralistas --completamente inútiles-- de Borge, sobre la maldad diabólica de las Naciones Unidas.


Tercera bandera:
“Los demonios han creado la 4ta flota para sostener militarmente la perversidad socioeconómica global”.

Nuevamente, con una terminología pseudo-religiosa, impropia a la objetividad de los revolucionarios, Borge informa que se ha formado la 4ta flota para amenazar militarmente a Venezuela. El problema, en este caso, radica en el carácter del gobierno venezolano. Pese al rechazo, por razones de principio, a cualquier iniciativa de intervención militar de los Estados Unidos, no es posible defender con eficacia a un gobierno burocrático que las masas no perciben como suyo, y que nadie a escala mundial considera revolucionario. La única consigna válida en Venezuela es desbordar al gobierno de Chávez, por un gobierno obrero que en su propia defensa conforme milicias de trabajadores; un gobierno obrero que proclame de inmediato que el precio del petróleo que vende, queda congelado a menos de 30 US $/Barril para todos los países pobres muy endeudados. De este modo, la agresión a Venezuela pondría en pie de lucha a millones de trabajadores pobres a lo largo del planeta.

Los países pobres que de forma concreta no acepten el nuevo orden mundial, deben comenzar su rechazo exigiendo a Chávez que congele a menos de 30 Dólares el barril de petróleo que les vende a ellos. Y, en lugar de frases hueras, ésta es la consigna inmediata que hay que apoyar para propagar, consecuentemente, la consigna de un nuevo orden mundial sin explotación.


Cuarta bandera:
“Los enemigos de los pueblos intentan dividirnos e impedir la unidad de la izquierda”.

Es absurdo considerar que, sin un programa con carácter de clase, la burocracia pueda ser de izquierda. Y que pueda llamar a una unidad en el vacío, sin una lucha concreta en torno a consignas estratégicas para el movimiento obrero, en cada país.


Quinta bandera de Borge:
Gobiernos de América Latina han escogido el camino de lucha contra la pobreza y la injusticia. Estos gobiernos deben ser defendidos sin concesiones. Cuestionar esos gobiernos, por supuestos errores, es hacerle el juego al imperialismo.

He aquí el objetivo central de Borge. Las masas, en cambio, no deben defender, sino, desbordar a gobiernos que hayan conformado una capa privilegiada, burocrática, independiente del control obrero, que frena a los trabajadores, les arrebata las libertades democráticas, y adelanta un programa secreto de negocios privados.

Por el contrario, las principales consignas inequívocas de movilización en Nicaragua, deben enfrentar el plan que desarrolla la burocracia gubernamental en contra de los trabajadores:
a) Control obrero sobre los fondos venezolanos. Ésta es la consigna central que expresa la contradicción más evidente entre los intereses de la burocracia y los intereses de la nación. Estos fondos, actualmente manejados de espaldas al pueblo, deben sustraerse de las manos de la burocracia antes que el 70 % de la población en pobreza y pobreza extrema muera por hambre, y ser destinados con urgencia por un gobierno obrero, a una estrategia efectiva de lucha contra la crisis alimentaria. Y, en segunda prioridad, a la estrategia de independencia energética.

b) Exigir al gobierno actual que reclame a Chávez, en el Foro Alimentario de las Naciones Unidas en Roma, que suministre el petróleo requerido por los 43 Países Pobres Muy Endeudados del mundo, a un precio tope de 30 US $/Barril.

c) Abolir de inmediato la ley que penaliza el aborto terapéutico. Ya que no es posible tolerar que se condene a muerte a un ser humano negándole por ley expresa la asistencia efectiva de la ciencia médica, por un compromiso oportunista asumido por la dirección reaccionaria que gobierna este país, a cambio del apoyo político del clero.

El señor Borge, en lugar de levantar consignas que de forma concreta defiendan los intereses de las masas (opuestos a los intereses de la burocracia), ofrece una simple prédica periodística de luchas abstractas contra el mal, sin estrategia de ninguna especie. Traza, algo así, como imperativos morales dispersos destinados a la humanidad en general, mezclados con una enorme cantidad de frases vacuas; para defender, de forma concreta, a su gobierno.

En el campo de la izquierda, quien que no levante su voz en contra de la penalización del aborto terapéutico en Nicaragua (que ha convertido a este país en uno de los más reaccionarios de la tierra), no tiene, siquiera, derecho a opinar. Éste es un parte aguas, de principios, ineludible.


* Ingeniero Eléctrico