Jorge Eduardo Arellano
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La clase política de Nicaragua formada por el PLC y el FSLN, se asocian para apoderarse del derecho político de elegir y ser electo, de más de 175 mil habitantes de la Región Autónoma Atlántico Norte, y seguramente intentarán robarse la voluntad de esta población y convertirlos en disciplinados partidarios o sencillamente obedientes. Nicaragua es un país excluyente donde las brechas existentes entre el Pacifico y el Atlántico cada vez se incrementan.

El oportunismo político de estos partidos violenta las leyes constitucionales y autonómicas de Nicaragua, pero además, esgrime la autonomía para mantener las Alcaldías en su poder.

Se reúnen, se organizan, se asocian y actúan contra el derecho de un colectivo de los costeños, y no pasa nada. Peor aún, costeños funcionan como cooperadores necesarios para esta violación jurídica, y otros muchos costeños que definían más costeños que nicaragüenses, hoy son más Partidarios que Costeños.

Solamente se me ocurre expresar que esto es sencillamente brutal: Nicaragüenses y Costeños partidarios, robando un espacio político de la población de la RAAN, y que se supone que el Estado de Nicaragua resguarda.

Está claro que la autonomía en este caso y muchos otros, es solamente un enunciado oportunista de partidos, donde la paz y el desarrollo sostenible es lo último, o quizás nunca se lo han planteado. O puede ser que el concepto de paz y desarrollo, es para unos cuantos, y no para la población de la Costa Caribe.

El respeto y cumplimiento del orden jurídico de Nicaragua y la Costa Caribe, es una condición necesaria para la seguridad de todos.

Señores del PLC y el FSLN, cumplan las leyes, dejen que el pueblo decida.