Karla Castillo
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Soy managua, y como tal, desde pequeña he sido testigo y partícipe de las fiestas patronales de la capital, dedicadas a Santo Domingo de Guzmán, de quien guardo memoria remontándome a mi temprana niñez, cuando mi Mimi, mi abuela materna, me llevaba a las procesiones para pagar no sé qué promesa, de las tantas que hacían las matronas del siglo pasado.

La fiesta, con origen religioso pero con alto perfil mundano, pues, se ha afianzado en la memoria de los que habitamos en esta desordenada ciudad, y resistió los embates de las crisis políticas y económicas a las que estamos tan acostumbrados, al terremoto de 1972, a las guerras y asonadas…
Pero hoy cayó en desgracia y de forma silenciosa, pues los terrenos donde se asentaban los “chinamos” y la barrera de toros fueron ocupados por el proyecto habitacional “Pueblo Presidente”, que se posesionó de los predios ubicados entre el edificio de Petronic y el perímetro del Instituto Loyola.

Ya desde mucho antes se había recortado el espacio destinado para el festejo de Santo Domingo, porque una manzana fue ocupada por un colegio público, que por cierto deja de funcionar cuando el Santo Patrono de los capitalinos viene de visita, entre el 1 y el 10 de agosto de cada año.

Otra manzana fue empleada para un estacionamiento, creo que de Petronic. Ahora las restantes tres o cuatro manzanas están sembradas de las casitas del proyecto.


¿Nostalgia?
Talvez mi punto de vista sea más nostálgico que real, porque al final, nunca acudí a una montada de toros, ni me “instalé” en ningún chinamo; pero sí conozco muchísima gente que era asidua a visitar tales sitios, así como otros tantos que suelen acudir a las procesiones.

Probablemente sea mejor para la ciudad que ese espacio, que sólo era utilizado diez días al año, esté permanentemente ocupado por pobladores. Pero, me pregunto: ¿qué pensaría de este hecho el difunto Lisímaco Chávez, o qué opinión le merece a la “Chica Vaca” o al “Cacique Mayor”, personajes a quienes el tiempo se irá llevando inexorablemente?
El festejo quedará exclusivamente confinado a la Iglesia Santo Domingo y al pequeño y derruido parque del mismo nombre, situados detrás del Loyola, donde no hay espacio para barreras ni para chinamos, lo que podría abrir las puertas a una celebración más espiritual y ordenada.

Este año será evidente la ausencia de parroquianos en los alrededores de la Iglesia, que con la excusa del Santo llegaban a ingerir licor y a comer la deliciosa fritanga, que se servía en los locales de instalación temporal.

Las fiestas patronales de Managua serán quizá las mejores que se celebren en el país, ante la ausencia de sitios donde se expenda licor las 24 horas del día.

Si antes hubo quienes dijeron que Santo Domingo era el patrón de “los borrachos, homosexuales y las prostitutas”, con un evidente desprecio hacia estos grupos sociales que queramos o no, existen; este año se verá el cambio y va a ser radical. Santo Domingo murió, o al menos el estilo parrandero con que se le solía celebrar hasta el año pasado.


(*) kcastillo@elnuevodiario.com.ni