Jorge Eduardo Arellano
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Dicen que desde ahí venimos y, estamos por tanto condenados a la perpetuidad del sainete:
1. “(De saín).m. Pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final. 2. Obra teatral frecuentemente cómica, aunque puede tener carácter serio, de ambiente y personajes populares, en uno o más actos, que se representa como función independiente....4. Salsa que se pone a ciertos manjares para hacerlos más apetitosos. 5. Bocadillo delicado y gustoso al paladar. 6. Sabor suave y delicado de un manjar. 7. Cosa que aviva y realza el mérito de algo, de suyo agradable. 8. Adorno especial en los vestidos u otras cosas. 9. Coloquialmente en Argentina, Cuba y Uruguay: Situación o acontecimiento grotesco o ridículo, y a veces tragicómico. 10. Coloquialmente en Cuba: Recriminación violenta.”

Diccionario de la LENGUA ESPAÑOLA
Real Academia Española
Vigésimo Segunda Edición, 2001

Diseccionemos pues el origen en sus distintas acepciones lingüísticas; recorramos el camino que convirtió en tradición lo que nuestra más reciente memoria histórica identifica como sinónimo de traiciones; seamos en el ejercicio de la libertad verbal, equilibristas del habla nicaragüense, artistas también del funambulismo que a nuestra práctica política caracteriza, en tanto que protagonistas del continuo sainete nacional.

1. “Saín: Pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final”.

Reírse, reírnos del drama como si nuestra historia popular fuese un sólo drama, con intermedios de lágrimas desembocando en un apoteósico final danzado… La risa, la sorna, el sarcasmo, la fina ironía del indio… Esa primera característica del Güegüense con “c”, según Fernando Silva (padre, no hijo, y menos espíritu santo), acuñada como descubrimiento por Pablo Antonio Cuadra en sus “Escritos a máquina” de hace cuarenta años en La Prensa: “Somos la sonrisa del mundo, la carcajada del universo…”, la misma Prensa de hace cuarenta años, más conservadora aún si cabe ahora, en nombre de la globalización calcada del Gatopardo: Cambiarlo todo para que no cambie nada.

2. “Obra teatral frecuentemente cómica, aunque puede tener carácter serio, de ambiente y personajes populares, en uno o más actos, que se representa como función independiente”.

En el nombre prostituido de la democracia proclamada, mirémonos interminablemente el ombligo de los intereses habidos y por haber; seamos demócratas autonominados en coherencia con la comicidad del género, no importan ya la cantidad ni menos la calidad de los actos saineteros, tampoco la independencia de la función representada que cada vez responde más a los caprichos de los patrocinadores: Guardianes de la milpa, Tastuanes que desgobiernan!!!
3. “Salsa que se pone a ciertos manjares para hacerlos más apetitosos.”

La salsa güegüensísmica con recetas variadas, tantas como intérpretes de la verdad en torno a la obra, vamos encontrando y encontraremos, más aún con la declaración de la Unesco, dándole patrimonialidad universal desde la oralidad y lo intangible a la musicalidad de nuestro espíritu.

El Güegüense como manjar al fin provocando el apetito cultural de las gentes, como síntesis de resistencia poética, musical, metafórica del pueblo que aprendió a reír secándose los surcos del sudor y las lágrimas.

4. “Bocadillo delicado y gustoso al paladar.”

Para cuando tengamos verdaderamente gobernantes que conozcan el paladar de todos y todas, haciendo posible la masa lista para el comal, y la delicada labor de gustarnos bajo las múltiples formas de alimento que tiene el maíz.

5. “Cosa que aviva y realza el mérito de algo, de suyo agradable”.

Saín, sainete avivado y realzado con música popular, callejera, pendenciera, burlona, desafiante… Risa, teatralidad de lo cómico y lo serio, consagración de lo ambiguo en los territorios del lenguaje, irreverente contextualización de los gestos ya para siempre nuestros…
Güegüense o Güegüence, sainete nuestro de cada día, temblando como los chischiles que acompañan su danza, o la tierra de agua y fuego que alimenta sus pasos, la monumental edad de nuestra idiosincrasia en plena erupción, como epicentro de todos los sismos que nos afectan y por afectarnos…
Ya universalmente consagrado, ahora sólo nos queda seguirte interpretando en la fusión del Güegüe nacido en la tierra de los sismos: Güegüensismos alrededor del sainete nacional.-
Nota: La selección de acepciones, así como sus comentarios, única y exclusivamente son responsabilidad del autor.

* El autor es docente universitario y aprendiz de Güegüe.