Fernando Bárcenas *
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Lenin decía que la crisis objetiva de la sociedad burguesa creaba una situación prerrevolucionaria propicia a la acción revolucionaria de las masas, siempre que los efectos de esa crisis no hubiesen degradado y desmoralizado a los trabajadores, empujándolos a la búsqueda de cualquier solución individual desesperada.
Nicaragua es el país del mundo con más ciudadanos fuera de sus fronteras. Uno de cada cinco nicaragüenses, el 20 % de la población, trabaja en el extranjero (marginado y sin derechos ciudadanos y laborales de ninguna especie). Es, para los sectores productivos de la sociedad, la manifestación más dramática de la falta de viabilidad del país.
Es con base a estas condiciones subjetivas de reflujo revolucionario que las mismas capas burocráticas han podido turnarse en el control del poder (al margen de los intereses de las clases fundamentales de la sociedad), organizadas simplemente en torno a caudillos, sin que una ideología coherente, claramente las diferencie.
Sin programas sociales alternativos que apunten de verdad a un modelo consecuente de desarrollo del país, sus disputas se limitan a definir los porcentajes de participación en las distintas instancias del aparato estatal. Es ésta una lucha política limitada entre distintas capas de la burocracia, reducida al marco de una contradicción regulada por un pacto que defiende sus intereses comunes contra el resto de la sociedad.
En estas circunstancias, con cada intento de uno u otro sector burocrático por extender el período legal establecido para permanecer en el poder (con parlamentarismo o presidencialismo), asistimos a una mayor fragmentación de la conciencia nacional. El país aún no logra, por ello, superar los resabios feudales de la colonia, con funcionarios privilegiados que ejercen labores de gobierno sin un proyecto de nación.
La política internacional es un reflejo de la política nacional. Resulta, entonces, comprensible que en estas circunstancias una de las formas de su expresión internacional sea una arenga de frases hueras, fuera del contexto político concreto, aparentemente revolucionarias (por las denuncias formales al imperialismo), pero, sin contenido político concreto, centradas exclusivamente en un cuestionamiento moral a acontecimientos ocurridos a lo largo de cinco siglos de desarrollo capitalista (de hechos conocidos y condenados universalmente: como el racismo, el colonialismo, el genocidio de las guerras mundiales… etc.).
Sin un análisis concreto de la realidad internacional cambiante, no se puede presentar en la ONU propuestas que agrupen a la mayoría de países pobres en torno a una demanda democrática concreta, que ponga en entredicho la política actual que adelanta el imperio, y que enfrente las contradicciones y los efectos de la anarquía del capitalismo.

La Asamblea General de la ONU, en la que los pequeños países son mayoría, permite utilizar este foro público mundial para plantear abiertamente soluciones políticas a los problemas específicos que sufren los países empobrecidos de la comunidad internacional, por efecto de la economía global del capitalismo moderno. Por ejemplo, desde una óptica progresista, era urgente haber levantado en la ONU propuestas como las siguientes:
1.    A causa de la guerra en Irak, el 14 % de su población ha salido del país y se ha refugiado en los países vecinos, desestabilizándolos a su vez. Es decir, uno de cada siete iraquíes enfrenta, en su condición de refugiado de guerra, terribles problemas sociales. Alguien, con conciencia progresista, habría propuesto, a este respecto, que la Organización de las Naciones Unidas disponga de un fondo económico suficiente, exigido con urgencia a los EU (causante del trágico problema migratorio en Irak), para que se atiendan debidamente los derechos y las necesidades económicas y políticas de los refugiados iraquíes y se facilite su pronto retorno al país con la salida de las tropas invasoras. El Congreso de EU aprobó, esta semana, más de 45 mil millones de dólares adicionales para destinarlos en el próximo año a la empantanada guerra en Irak. Una cantidad anual, por lo menos, similar, debe exigirse a EU para que la ONU atienda directamente a los refugiados.
2.    Como resultado de la división internacional del trabajo por la economía global, se han producido fenómenos migratorios de carácter masivo (como nunca antes en la historia de la humanidad). Millones de personas fluyen, tanto desde América Latina, como desde África y desde Asia, con destino a las metrópolis del capitalismo desarrollado.
En virtud de ello, las Naciones Unidas deben adelantar una solución efectiva a los problemas humanos de esos millones de seres que, en las sociedades de destino, enfrentan políticas xenofóbicas, en un nuevo tipo de apartheid (principalmente en EU, donde se prohíbe darles trabajo a los inmigrantes, empujándolos a la marginación y al crimen).
Alguien, con conciencia progresista, habría propuesto, que aquellos países miembros de la ONU que tienen incidencia decisiva en la economía mundial, suscriban acuerdos específicos --ante la ONU-- para garantizar, en el seno de sus países, el estatus legal y los derechos ciudadanos plenos de los inmigrantes (incluidos los derechos de carácter laboral y social), para que con su trabajo contribuyan, legalmente, a la economía de esos países.
Y, de manera concreta, se debió pedir, en la ONU, una resolución de condena para que se derribe el muro de la ignominia, que EU pretende levantar en la frontera con México.
Cualquier propuesta concreta que tienda a agrupar a los pueblos en torno a la defensa de sus derechos más vulnerados por el capitalismo tiene más contenido práctico para enfrentar al imperio que la manifestación retórica de fe, seguridad y certeza de que los pueblos simplemente no se van a rendir. Una consigna tomada de la realidad social, que movilice a los explotados a combatir las manifestaciones concretas de la opresión que sufren, tiene un efecto mayor para que las nuevas generaciones… los bebés que han de llegar… cambien todo esto… Como pedía hace 54 años Martínez Rivas en su “Insurrección Solitaria”: si no es así, no sé a qué vienen, afirmaba el poeta. Nosotros, como él, diríamos: sino es a eso, a levantar consignas concretas progresistas en contra de la opresión actual, no sabemos a qué se va a las Naciones Unidas.

*Ingeniero Eléctrico