Jaime Pérez Alonso
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No existe ninguna duda de que esos líderes carismáticos cuya popularidad descansa en el analfabetismo cultural de las masas son los menos interesados en el cultivo cultural del pueblo. Pero, cuando las coyunturas políticas los obligan, en vez de instruir, indoctrinan de conformidad con su evangelio partidario.
Ahora bien, a la sombra de las influencias e intrigas del poder, con el contubernio de la independencia colectiva causada por absolutismo político, muchos presidentes que supuestamente prometen la democracia han amasado grandes fortunas que no sería extraño correspondieran a la deuda externa de los países afectados.
Amén del narcotráfico que succiona nuestras pobres economías a la vez que envenena a la juventud. Una verdadera merienda de caníbales que no tiene visos de terminar nunca ya que la ley es inoperante por cuanto cada día es más barato sobornar a un Magistrado, o a un Juez, incluso a un Presidente, como lo ha comprobado el narcotráfico. ¡Y nosotros nos preguntamos: ¿Fue para llegar a esto que lucharon y murieron nuestros grandes próceres justicialistas a lo largo y ancho del Continente? ¿Qué dirían Bolívar, Sandino y Martí si testificaran este bochornoso desastre? Vasconcelos, con gran ingenuidad, exaltó al latinoamericano como el hombre cósmico bautizándolo como el ser iluminado del futuro ¡Válgame Dios!
¿Y después se extrañan y preguntan por qué y cómo el socialismo “ a pesar de haber comprobado su inoperancia en la práctica” vuelve a levantar cabeza y se incorpora sobre su tumba para continuar levantando las banderas de los miserables en los tugurios y favelas de nuestra América? Pero la verdad es que , si el socialismo fuera factible, yo sería el primero en saltar sobre las barricadas de la libertad enarbolando las oriflamas libertarias de Víctor Hugo y del Che Guevara.
Hoy, por el contrario, los aventureros y corsarios de la política, con la ayuda del corrupto elemento mercenario que nunca falta, usan los viejos ideales socialistas como un medio para escalar al poder y así usufructúan libremente la cosa pública alegando la redención del proletariado. Otra alegre fábrica de millonarios.
Desconcertante y cruel paradoja: el pueblo es explotado primero por el capitalismo. Luego, por el alegado “socialismo” cuyos líderes asumen la función y, luego, las prerrogativas económicas de los antiguos explotadores convirtiéndose así los viejos caudillos de la lucha social libertaria en tiranos absolutos que, para eternizarse en el poder, esclavizan compulsivamente el pensamiento del proletariado “ya supuestamente liberado” . Y lo convierten así en un instrumento ciego y apático, o sea, en un robot desprovisto de voluntad que termina como enemigo de su propia clase y de sus propios intereses en un interminable círculo vicioso, del cual, con el tiempo, es imposible, y muy difícil, de salir por la vía democrática.
Lo anterior se debe, repetimos, a que el obrero es persistentemente indoctrinado mediante un lavado mental permanente al efecto de hacerle creer firmemente que protestar contra condiciones infrahumanas de trabajo o de vida bajo el socialismo es una acción contrarrevolucionaria. Y es que, si el pueblo está en el poder , el líder no puede equivocarse. Lo cual inhibe al ciudadano convirtiendo su incipiente protesta en un silencio sepulcral evitando así tener que incurrir en una acción “contra sí mismo y el pueblo”. Lo que le valdría ser acusado de traidor a la causa del proletariado.

A continuación el Gobierno instituye, entonces, lo que podría llamarse a nivel doctrinario, un programa psicológico, incluso de motivación subliminal, encaminado a despersonalizar totalmente la conciencia ciudadana más refractaria . Asombrosamente este degradante tratamiento al ciudadano no es lo que predicaba el maestro Marx, quien insistía, en su ideal de humanismo integral, en emancipar la conciencia del proletariado, no en esclavizarla. Aquí resalta, igualmente, la semejanza que presenta este caso con el del cristianismo cuyo fundador sufriría un infarto masivo si pudiera contemplar las tremendas desviaciones mercantilistas y mutaciones dogmáticas dentro de la actuales Iglesias Cristianas con respecto a la doctrina original del Maestro Jesús.
Y nosotros nos preguntamos: ¿Tendremos que acostumbrarnos a vivir como mansas palomas a la degradante sombra de la hipocresía y la maldad implícitas, quizás por determinación genética , en las reconditeces del corazón humano?. ¿O por el contrario, deberíamos continuar con la lucha por restaurar la justicia y la razón en el mundo?
Cada quien tiene para esto su propia respuesta de conformidad con su capacidad de asumir la responsabilidad de su propio involucramiento moral. Aunque solamente podamos estar seguros de que --si el ciudadano común opta, en su casi totalidad, por sacrificar o empeñar sus derechos a un relativo, y a veces mediocre, bienestar económico (que incluye el derecho a vivir)-- entonces la sociedad estará condenada a vivir encadenada a una esclavitud política permanente que será erigida sobre la tumba abandonada de sus antiguos ideales y esperanzas traicionadas. El suicidio sería, para algunos, a la antigua usanza, una opción digna antes de renunciar a sus principios en un mundo hostil y degenerado. Porque salvar el honor habrá sido preferible a vivir en el humillante lodazal de la indignidad en una sociedad sin alma..
Recordemos aquí que los antiguos aborígenes americanos se quitaban la vida ante la negra perspectiva de engendrar hijos para esclavos y concubinas del conquistador español ¡Qué gran bagaje de grandeza moral tenía el indio americano de aquel entonces!
Lamentablemente toda esa hermosa y noble postura ante el destino se ha perdido a partir de la actual cultura economicista del hombre-masa de la sociedad moderna, la cual, no obstante y pese a sus grandes limitaciones en todos los órdenes de la vida, aun ofrece un amplio margen de tolerancia a la libertad del pensamiento humano.