•  |
  •  |
  • END

La actual crisis energética mundial provocada por la constante escalada de precios del petróleo, está planteando diversos escenarios de crisis para los países latinoamericanos, quienes se ven confrontados a los efectos devastadores que ésta provoca en las economías nacionales.

El grado de complejidad de esta crisis varía de país a país. Sin embargo, América Latina tiene la particularidad de que muchos países de esta región son productores de petróleo. Esta situación es muy importante a la hora de considerar el alcance que pudiera llegar a tener una política diplomática agresiva, como la de Venezuela, misma que se basa en el poder que le dan sus importantes reservas de petróleo para ganar influencia en la región.

La diplomacia del petróleo no es algo nuevo para Venezuela, tampoco una invención del presidente Hugo Chávez. Venezuela ha utilizado políticamente su enorme riqueza petrolera desde inicios de los años sesenta cuando el país se adhirió a la OPEP, organización que muchos líderes políticos mundiales están criticando e incluso la consideran como un cartel.

Sin embargo, una enorme limitante que presenta la exacerbada y escandalosa diplomacia petrolera del presidente Chávez, es que Latinoamérica es una región rica en recursos energéticos, ya que posee el 10% de las reservas convencionales mundiales, frente al 2.5 % de Norteamérica --excluyendo a México--, el 1.6 % de Europa Occidental y el 4% de Asia. Por lo tanto, un esquema de dependencia política en la que un Estado con enormes reservas petroleras pudiera influir decididamente sobre los demás, no resulta fácil de reproducir en nuestra región.

Países como Ecuador, Colombia y México, son exportadores de petróleo; mientras que Argentina y Bolivia se autoabastecen, siendo sólo algunos países importadores netos de crudo como Brasil, uno de los países líderes en producción de etanol, que ha reducido en gran medida su vulnerabilidad energética, y Perú, que produce cerca del 70% del petróleo que consume. Los únicos países que tienen una franca dependencia del petróleo extranjero son Chile, Centroamérica y el Caribe.

A excepción de Trinidad y Tobago, Cuba y Guatemala, que producen petróleo en alguna medida, el resto de países centroamericanos y caribeños son extremadamente vulnerables ante la diplomacia petrolera venezolana. Países como Nicaragua han sido absorbidos dentro de la iniciativa ALBA impulsada por el presidente Chávez, que de esta manera se ha granjeado el incondicional apoyo --porque servilismo sería un término de mal gusto-- de este gobierno en el ámbito geopolítico regional.

Por otro lado, la región está evolucionando en términos de gestión energética. Petrobras, la empresa petrolera brasileña, se ha venido convirtiendo en una de las empresas líderes en la región gracias a un flujo significativo de recursos, que le han permitido invertir más en exploración e infraestructura para la explotación. Por su parte Pemex, la estatal petrolera mexicana, es objeto de debate político en la actualidad sobre las reformas estructurales profundas que necesita esta empresa, y que han sido formuladas por el gabinete económico y energético del presidente Felipe Calderón, para recuperar competitividad y mayor capacidad de exploración y explotación, sobre todo de los yacimientos en aguas profundas.

El nuevo enfoque de gestión de algunas de las más importantes empresas petroleras latinoamericanas, apunta a una política de reinversión y mayor capitalización para favorecer el desarrollo y la expansión en la explotación petrolera con mayor competitividad.

Al margen de esta tendencia de desarrollo estructural, PDVSA, la empresa estatal petrolera de Venezuela, sigue padeciendo los embates de los abusos y desmanes de la diplomacia petrolera del presidente Chávez, que le quita recursos que esta empresa necesita para retomar el paso de sus pares brasileña y mexicana. PDVSA necesita urgentemente de enormes inversiones anuales en exploración y explotación para mantener al menos sus actuales niveles de producción. Se estima que para el año 2003 Pemex duplicaba y Petrobras triplicaba el monto de inversiones de PDVSA. Desde entonces la situación no ha mejorado mucho y probablemente hasta se haya deteriorado. Es muy difícil saberlo, ya que la estatal petrolera venezolana no proporciona información auditada.

La producción petrolera venezolana ha estado estancada. No ha podido siquiera recuperar los niveles que tenía antes del paro patronal de 2002, cuando la tecnocracia petrolera se unió a la oposición contra el presidente Hugo Chávez. Tras el retiro masivo de técnicos de alto nivel luego del paro, la empresa perdió gran parte de su capacidad gerencial.

Los grandilocuentes discursos del presidente Chávez aportan muy poca solución a la crisis estructural y de capacidad técnica de PDVSA. Sus altos ejecutivos, desprovistos de la habilidad y capacidad para desarrollar el potencial de la empresa, no son más que agentes políticos de este mandatario socialista del siglo XXI y sus espejismos sobre una revolución continental. Mientras el presidente Chávez emprende decididamente sus iniciativas diplomáticas de las que son objeto principalmente los países más vulnerables de Centroamérica, mismos que no representan un bloque económico preponderante, el resto de la región está consolidando su capacidad de gestión energética.

El presidente Chávez es errático en sus tácticas diplomáticas. Vive en confrontación con uno de sus principales mercados, Estados Unidos, al que amenazó hace varios meses con cortar el aprovisionamiento de petróleo. Lo que omite mencionar es que a Estados Unidos es al que vende una enorme cantidad de petróleo considerado como crudo pesado y ultrapesado, con menos de 20 grados en la escala internacional API, y si corta el aprovisionamiento a los norteamericanos, difícilmente lo podrá vender a otros países, puesto que este tipo de petróleo sólo muy pocos países lo pueden refinar.

Por su falta de claridad y racionalidad, la diplomacia petrolera del presidente Chávez está teniendo una nefasta influencia en el desarrollo de la capacidad energética de su país. Esta aventura política personal y megalómana del mandatario, le va a resultar demasiada cara a la nación bolivariana en términos de desarrollo económico, energético y social en el mediano plazo.

* Especialista en economía gubernamental y administración financiera pública.