Jorge Eduardo Arellano
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En La Prensa del 18 de agosto de 2001 se lee un titular en la página 3B: “Atropella a Cacique de Rotonda El Güegüense”, en donde figura la preposición “a”, cuyo uso queremos analizar brevemente en este artículo.

Dentro de los diversos usos y significados que tiene la preposición “a”, el sentido más importante es el que indica “movimiento”; por ejemplo:
La procesión llegó a Catedral.

Otro sentido, muy importante también, es el que indica “finalidad”, que no es sino un sentido figurado de movimiento, por ejemplo:
El historiador se dedicó a investigar los hechos in situ.

Pero el uso de la preposición “a” presenta algunos casos de vacilación. La preposición “a” está relacionada con el objeto (o complemento) directo. En español, este objeto directo requiere “a” en cuatro circunstancias que vamos a ver por separado.

1. Con nombre propio de persona o animal:
- Luis quiere a María.

- Don Quijote ensilló a Rocinante.

La presencia de la preposición a en estos casos se debe a factores semánticos o gramaticales. Observe la ambigüedad de estas construcciones si omitimos la preposición “a”:
- Luis quiere María
- Don Quijote ensilló Rocinante.

2. Con nombres propios geográficos, siempre que no lleven artículo:
- No conozco a México.

- Visité a Venezuela.

Esta norma ha enfrentado vacilaciones en su aplicación. La Real Academia Española, el filólogo sudamericano Rufino José Cuervo y otros gramáticos, han insistido en la necesidad de la preposición “a” en estos casos. Sin embargo, no pocos gramáticos se han pronunciado por la supresión de la preposición, y los escritores casi nunca la emplean. El eminente gramático Emilio Alarcos Llorach, aunque admite un uso vacilante en España, se inscribe ahora en esta posición con su Gramática de la lengua española. Diremos, entonces, que está muy generalizado el uso sin la preposición:
- Visité Colombia.

- Conozco París.

Los nombres de países que llevan artículo no presentan ninguna vacilación, sencillamente porque no exigen la preposición “a”:
- Visité La Habana.

- Conozco El Salvador.

3. Con algunos pronombres cuando se refieren a personas y a colectivos de personas:
- A éste lo busca Juan.

- No he visto a nadie.

- No quiere a ninguno.

- Ella los odia a todos.

- Todos iremos a la asamblea.

Es importante recordar que con los nombres colectivos se presentan casos de vacilación:
- Conozco esa familia (frente a) Conozco a esa familia.

- Debemos respetar la Iglesia (frente a) Debemos respetar a la Iglesia.

Pero, como dijimos antes, cuando la acción que denota el verbo se ejerce sobre los individuos, entonces predomina el uso de la preposición:
- Engañar al vulgo.

- Conmover a la gente.

- Convencer al pueblo.

4. Con nombres comunes o apelativos de personas o animales, cuando se les quiere dar un carácter individualizado:
- Busco a mi chofer
- El niño ama a su perro.

Observe usted, en el primer ejemplo, que no busco un chofer cualquiera, sino a mi chofer (individualización). Pero si digo: Busco un chofer, evidentemente se trata un nombre indeterminado de persona (un chofer cualquiera).

En el segundo ejemplo, se trata de una individualización de un animal (el perro). En cambio, si digo: El autobús atropelló un perro, la construcción no lleva la preposición “a” porque se trata de un animal indeterminado.

Referente a la fuente citada arriba, ¿por qué el autor del artículo periodístico no omitió la preposición “a”? Veamos un ejemplo:
-Atropella cacique de Rotonda El Güegüense.

Esta construcción es incorrecta por dos razones:
a) Es una construcción ambigua, porque puede interpretarse como que es el cacique el causante del atropello:
Cacique atropella rotonda de El Güegüense.

b) Cacique hace referencia a una persona individualizada y exige la preposición “a”:
Atropella a cacique de rotonda El Güegüense.

Pero el cacique, aquí, no es una persona sino una estatua. De modo que no es posible el empleo de la preposición “a”. Así que el articulista debió recurrir a otras formas de construcción; pudo haber escrito, por ejemplo:
Atropella, en la rotonda El Güegüense, la estatua que representa al cacique Nicarao.

O, más conciso: Atropella estatua del cacique de rotonda El Güegüense.

El gran maestro de la gramática, Emilio Alarcos Llorach, afirmaba que la enseñanza del idioma español era algo más que aprenderse de memoria la lista de las preposiciones. Efectivamente, nuestra lengua materna no la aprendimos estudiando gramática, sino con la práctica. Pero no podemos negar la importancia del conocimiento de la gramática para mejorar el acto comunicativo. Todos hemos aprendido más o menos las reglas del juego con la práctica --nos recuerda Manuel Seco en su Gramática esencial del español-- como hemos aprendido a andar andando. Pero podemos hacer un buen uso de nuestra lengua si estudiamos sus normas y principios que la rigen, y reflexionamos sobre su organización y funcionamiento.

rmatuslazo@cablenet.com.ni