Jorge Eduardo Arellano
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Los desafíos de la globalización se magnifican en países donde históricamente ha prevalecido la cultura del verticalismo y la centralización, con fuerte y casi siempre ineficiente participación del Gobierno en la economía nacional. Algunos autores sugieren en esas circunstancias que los Gobiernos deberían limitarse a no hacer nada, ya que todo lo que hagan ocasiona daños. Esta tesis sin embargo es poco realista, siendo más productiva una redefinición del rol del Gobierno como facilitador político y económico, y garante de la vigencia del Estado de derecho.

La profesionalización e independencia del servicio civil debe constituirse en punto de partida de una ineludible reforma en Nicaragua. Igualmente, el fortalecimiento de las estructuras intermedias de gobierno (Alcaldías, Consejos Departamentales y Consejos Regionales) mediante la descentralización del sistema de recaudación fiscal, reduciendo las numerosas responsabilidades políticas y administrativas que actualmente recaen en el gobierno central. El sistema nacional de transporte, el FISE, así como los servicios básicos de luz y agua, podrían manejarse más eficientemente y a menor costo a nivel municipal, eliminando el sobrepeso que implica mantener en Managua una burocracia parasitaria que en el fondo persigue únicamente garantizar su propia sobrevivencia.

Por otra parte, el gobierno como facilitador debe procurar la estabilidad macroeconómica del país. La reducción del déficit público, el control de la inflación y promoción del crecimiento económico mediante la creación de un ambiente fiscal que contribuya al desarrollo del sector privado, particularmente la pequeña y mediana empresa, así como el fortalecimiento del Estado de derecho, son componentes que deben formar parte de una estrategia para atraer esa inversión nacional y extranjera que el país necesita para lograr un sólido despegue económico.

Tomando en cuenta que más del 50% de las tierras son cultivables en el país, y que sus abundantes recursos pesqueros y forestales no son aprovechados, ni la producción y exportación agropecuaria, pesquera y forestal, deben ser priorizadas por el Gobierno en su estrategia de desarrollo sostenible. Asimismo, el aprovechamiento correcto y la acertada asignación de los recursos de la cooperación en base a requerimientos de producción, particularmente el acceso a crédito y proyectos de infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones, son de fundamental importancia. Los municipios de Mulukukú y Siuna en la RAAN, por ejemplo, constituyen zonas muy productivas de ganado en pie y lácteos, sin embargo, no cuentan con mataderos, plantas de procesamiento ni carreteras para el traslado de su producción, exponiendo su suerte a intermediarios del interior del país y de El Salvador, quienes compran sus productos a precios irrisorios.

Las comunidades costeras del Caribe tienen relaciones históricas con los países e islas del Caribe, pero las exportaciones hacia ese mercado no han sido consideradas una prioridad, a pesar de que son deficitarios en productos agropecuarios y pesqueros tales como carne de bovino y pelibuey, lácteos, frijol, tubérculos, piña, azúcar, plátano, pescado (ahumado, salado y seco), entre otros. La falta de infraestructura básica como carreteras e instalaciones portuarias adecuadas, impiden que Nicaragua se beneficie plenamente de la ventajas que representa su vocación caribeña.

Es preciso que se tome conciencia de que además de Centroamérica y Estados Unidos, el Caribe insular y Sudamérica son también mercados atractivos para productos nicaragüenses. Asimismo, el Acuerdo de Asociación Política, de Comercio y Cooperación entre Centroamérica y la Unión Europea, puede significar importantes oportunidades para Nicaragua, si logra elaborar productos de calidad que puedan competir en el sofisticado y exigente mercado europeo.

El Gobierno de Nicaragua tampoco puede concebir un plan de desarrollo sostenible sin la debida atención a la educación y salud. Sin descuidar la educación superior, se debe priorizar la educación primaria y secundaria, así como educación técnica culturalmente pertinente y de calidad, coherente con los avances tecnológicos de la época y las demandas del mercado laboral. En el campo de la salud, el problema del hambre y la desnutrición infantil requiere urgente atención, tomando en cuenta que Nicaragua es uno de los 25 países en el mundo que padece de inseguridad alimentaria nutricional severa, y que 27% de sus habitantes no llega a consumir diariamente las calorías necesarias para desarrollar una actividad normal. Se debe hacer énfasis también en la medicina preventiva, la atención a enfermedades respiratorias e intestinales, y la lucha contra el VIH-SIDA, capitalizando a la vez el importante caudal de conocimientos en medicina tradicional de pueblos indígenas y afro descendientes, de la Costa Caribe, al igual que la existente en otras partes del país.

Las reformas sugeridas no son fáciles de lograr y al inicio pueden generar descontento social. Los sectores que se benefician del estatus quo y que cuentan con los recursos necesarios para obstaculizar iniciativas de cambio, seguramente opondrán resistencia. En consecuencia la viabilidad y el éxito de estas reformas dependerán de la creatividad e imaginación del gobierno, y de su capacidad de establecer alianzas con actores claves de la sociedad civil y la cooperación internacional.

*Licenciado en ciencias políticas
Miembro del Movimiento Jóvenes Estableciendo Nuevos Horizontes (JENH)