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Conocí a Dora María Téllez de manera personal cuando iniciamos los estudios de la Maestría en Historia en la Universidad Centroamericana. Compartimos casi tres años de estudios intensos, y ella, como era de esperarse, fue la mejor alumna de la promoción.

Su tesis “Muera la Gobierna” reflejó un incansable trabajo de campo y describe detalladamente el proceso del despojo de sus tierras a los indígenas de Matagalpa y Jinotega, causado por la colonización del Estado nicaragüense en los años 1820-1890.

Por su aporte a la historia de Nicaragua fue incorporada como miembro de número a la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, y también se le distinguió como Miembro correspondiente de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala.

Durante el tiempo que compartimos estudios, nunca hablamos de temas políticos, más bien nuestras conversaciones fueron académicas. Siempre mostró, en clase y fuera de ella, una agudeza mental extraordinaria para analizar los procesos históricos, y, como mujer inteligente rechaza las ideas definitivas, acepta los problemas y los asume dándoles una perspectiva profunda y compleja, y, por esas configuraciones que tiene en el análisis nació una admiración de mi parte hacia su persona.

Aunque ella sabe a plenitud que es una parte viviente de la historia de Nicaragua, nunca mostró vanidad, y soberbia, sino al contrario, es una persona sencilla, y siempre abierta al dialogo y a la conversación.

Hoy en día ha iniciado una huelga de hambre, para presionar de esta manera al Consejo Supremo Electoral, a que su decisión sobre la personalidad jurídica del Movimiento de Renovación Sandinista sea basada de conformidad con la Ley Electoral.

Cuando la llegué a visitar en la champa que tiene en la rotonda de Metrocentro, y conversamos sobre su decisión, me llevé la impresión que está dispuesta a llegar a las últimas consecuencias, por que se respete el Estado de Derecho.

Me dio mucha pena, que alguien como ella, pueda terminar como una mártir por la democracia; y más aún, que sus antiguos compañeros del Frente Sandinista la dejen sucumbir por cálculos políticos.

Cuando le pregunte, por qué había tomado esta decisión tan radical, me expresó: “He tomado la decisión de iniciar en este momento una huelga de hambre, para la defensa de nuestro derecho a la democracia y para la defensa de nuestro derecho a la vida”.

Aunque no se lo comenté, reflexioné: ¿acaso no fueron estos mismos ideales y convicciones lo que llevaron a la generación de los sesenta y setenta alzarse en armas, y entregar la vida para que se terminara la dictadura de los Somozas, e iniciáramos un proceso de transición hacia la democracia?
Hoy, Dora María ya no tiene la misma edad, pero sí las mismas convicciones, con la que se entregó a la guerrilla, para derrotar a los cuarenta y cinco años de los Somozas. Aunque las circunstancias no son iguales y se ha avanzado hacia una democracia pluralista, con sus altos y bajos, siempre existe el peligro que las ambiciones desmedidas de poder y las ilegalidades desboquen en dictaduras, no importando el signo ideológico. Sin embargo, personas excepcionales como Dora María Téllez, nos indican que no hay edad, para siempre luchar por las inmunidades y arbitrariedad del poder, y esa es su grandeza como intelectual, mujer y guerrillera.