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Hace aproximadamente 40 años (1970) una nueva forma de lucha apareció en el horizonte político de Nicaragua: la huelga de hambre. Gobernaba la Nicaragua de entonces, desde hacía más de cuarenta años, uno de los miembros de la dinastía somocista, Anastasio Somoza Debayle, hijo de Anastasio Somoza García, el que asesinó a Augusto Sandino en 1934.

En la memoria están registrados sucesivos hechos similares desde entonces. Las demandas de aquellas huelgas de hambre estaban dirigidas en unos casos a crear mejores condiciones carcelarias para los prisioneros políticos; a obtener la libertad de otros; y en muchos casos, a exigir la presentación pública de aquellos prisioneros que no habían sido reconocidos como tales por los organismos estatales competentes.

Las huelgas de hambre de aquellos años las hacían madres, novias, novios, familiares, compañeros y compañeras de lucha de quienes habían sido capturados en las revueltas políticas callejeras entre estudiantes y la guardia nacional; o de quienes habían sido capturados tras combates militares entre guerrilleros y guerrilleras sandinistas y tropas de la guardia nacional.

Salvar la vida humana era la razón de ser de aquellas huelgas de hambre. Paradójicamente, quien se exponía a la muerte por los efectos de la huelga, reclamaba el respeto a la vida de otros.

Fue bajo la dictadura de Somoza que la sociedad nicaragüense y principalmente la juventud de aquellos años, incorporó la exposición del riesgo de la vida como medida para salvarla. Y así, en la medida que las condiciones se recrudecían, para salvarla definitivamente, hubo que luchar duro hasta derrocar la dictadura, al costo de miles de vidas humanas.

Hace unos días, Dora María Téllez, aquella joven de 22 años que encabezó la operación del secuestro de funcionarios del gobierno y miembros del parlamento y Senado de Nicaragua (agosto 1978), para lograr la libertad de más de 100 prisioneros políticos, se encuentra en huelga de hambre.

A los 52 años de edad, Dora María, Comandante Guerrillera por conducir en 1979 la insurrección armada en León, Nicaragua, decidió en estos días reclamar al costo de su vida el respeto a la personalidad jurídica del partido Movimiento Renovador Sandinista (MRS), que pretende ser anulada por la cúpula del FSLN a través del Consejo Supremo Electoral. Reclama además, que el Poder Ejecutivo convoque e institucionalice un diálogo nacional amplio, abierto y público, que debata y construya estrategias, políticas y medidas que den paso a las soluciones de los problemas más sentidos por la mayoría de los y las nicaragüenses, mismos que han sido despreciados por quienes gobiernan actualmente el país.

Dora María Téllez en huelga de hambre no va a lograr sola la meta propuesta. Lo va a lograr, como ha sido desde hace 40 años, solamente si la demanda que es sentida ampliamente, asumida con firmeza por la diversidad social y empujada con la fuerza de la creatividad y el estoicismo de la juventud, y de los hombres y las mujeres de todas las edades, clases, militancias partidarias y creencias religiosas.

El respeto a las leyes y el cumplimiento efectivo de la responsabilidad del ejercicio público, se va a cumplir solamente cuando levantemos juntos la voz; cuando juntemos con habilidad los mecanismos de presión sobre el gobierno y los otros poderes del Estado nicaragüense.

La huelga de hambre de Dora María es finalmente, igual que hace cuarenta años, un mecanismo de llamado a la comunidad nicaragüense que vive en el país y fuera de él.

Como aquellas huelgas de hambre que lograron sacar de las cárceles a los que sin acusación alguna eran prisioneros; así como se logró la exposición personal de aquellos que habían sido capturados y corrían el riesgo de ser declarados como “desaparecidos”; así como se logró la liberación de mujeres apresadas en estado de embarazo, de jóvenes menores de edad en aquellos años bajo gobierno somocista, así se puede lograr esta vez, en estas condiciones en las que vive Nicaragua, que la demanda nuestra, puesta en el pellejo de Dora María, también se consiga exitosamente.

Este gobierno tiene sus pulmones fuera de Nicaragua. Lo dice claramente el estado de endeudamiento externo que va tomando, y el alto porcentaje de dependencia que tiene de la cooperación internacional.

Si a la lucha de la sociedad nicaragüense como la que ahora encabeza Dora María, le acompaña la opinión pública internacional en todas sus formas y expresiones, el costo humano que deba pagar Dora María y el de las consecuencias que el mal manejo de la administración pública deje a la población nicaragüense, con seguridad que será menor.

La huelga de hambre de Dora María es un llamado urgente a la comunidad nacional e internacional.

Mientras en Nicaragua se libra esta lucha, se espera que quienes le dan “oxígeno” político y económico/material al gobierno de Ortega, desde afuera asuman la responsabilidad moral de reclamar mediante los mecanismos existentes, simplemente que se respeten las leyes, la mismas que los parlamentarios sandinistas han aprobado en los últimos 18 años en Nicaragua, en estrecha relación con los gobiernos que han habido durante este periodo.

La amistad internacional con Nicaragua y su pueblo, pasa por el respeto que la administración pública nacional tenga del Estado de Derecho, por la vigencia de los derechos humanos y el respeto a la libertad, todo ello ahora mismo bajo amenaza oficial. Los siempre amigos y amigas de Nicaragua en el exterior no pueden seguir avalando la sordera, lo invidente, arbitrario y represivo que está siendo este gobierno con su
pueblo.

Hoy es posible impedir la arbitrariedad a través de la vía política. Pongamos ahora todo el empeño para que éste sea el camino para hallarle solución a los problemas actuales, y no otro.

La historia, la escriben los pueblos. Dora María está escribiendo una nueva página. No desoigamos su llamado urgente.