Por Carlos Midence
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El afianzamiento de los CPC, así como la beligerancia demostrada por parte del gobierno dentro de la estructura de congregación en beneficio de las demandas sociales del pueblo (Hambre Cero, Analfabetismo Cero, Usura Cero, entre otros) viene a finalizar con el inmovilismo estatal de los 16 años neoliberales. Los últimos gobiernos hicieron del estado un ente amorfo y sin capacidad de respuesta social, hasta el punto que dejaron en manos de las remesas familiares, las ONG, entre otros, diversos procesos que debían ser canalizados por el estado mismo.

En este sentido los CPC se convierten en una propuesta de desmonopolización de la “etnicidad” o bien de la “clasicidad” del Estado o, si se prefiere, estos son el mecanismo más eficiente para la igualdad de derechos políticos, sociales, económicos y culturales de todas las etnias, segmentos, poblaciones, gremios, movimientos y culturas que hay en el país. Esto es lo que llamaremos Estado inclusivo y no exclusivo de un segmento o de una clase, la que por lo general se identifica con ciertos símbolos o con ciertos gustos o formas de instaurar hegemonía. Ésta, hoy a través de la participación en los CPC, dejó de ser patrimonio y creación de una clase, para ser criterio y proceso de todos.

Decimos entonces que el estado que se está construyendo a partir de enero de 2007 toma en cuenta la coexistencia sobrepuesta de varios modos de producción, así como de los diversos tiempos históricos, al igual que la diversidad segmentaria del país. De ahí que sus ejes más importantes sean la Reconciliación y la Unidad Nacional. En términos más operacionalizables, se puede decir que el nuevo estado es uno donde coexisten los diversos segmentos, dejando de lado la lógica neoliberal de la mono/organización.

Por ello podemos decir que el estado del gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional no recompensa la lógica organizativa de uno solo de estos segmentos: la mercantil capitalista, por ejemplo, como se hacía durante los gobiernos neoliberales, sino que acompaña todas las formas de subsistencia y producción posibles dentro de la abigarrada sociedad nicaragüense. Dicho de otra manera el estado anterior en su fase neoliberal se había presentado como una institucionalidad política no sólo monocultural sino también monocivilizatoria o uni/organizativa, lo que impide históricamente su estabilidad, pues siempre se presenta como una mera parcialidad, como una parte de un todo que no logra sintetizar. De ahí que los CPC no sólo toman en cuenta a la población subalternizada y marginalizada por el sistema o por lo que se llama centro/dominante (esto es posible verlo en la dicotomía Centro-Pacífico-Caribe o bien en las dicotomías creadas dentro de la misma población capitalina centros comerciales/barrios periféricos) sino que suman los vigores de todas las fuerzas en el empuje económico-social de nuestro país.

Los CPC se pueden catalogar como una forma de democracia y ciudadanía comunitaria regidas por otros parámetros morales y políticos distintos a los liberales y efectivizadas a través de instituciones tipo asociativo y asambleísticas y que tienen una resonancia local y regional, y que luego se vuelcan hacia lo nacional. Son el canal por el cual se deben forjar las identidades colectivas por barrio, comunidad, gremio laboral y que deben preceder mayoritariamente a cualquier manifestación uniformadora exógena.

Entonces esta nueva forma de igualación política de la sociedad pasa entonces por una supresión de la estructura mono/organizativa del Estado nicaragüense el que en la práctica neoliberal sólo ha reconocido e instituido como únicas instituciones legítimas de ejercicio político de derechos(ciudadanía y democracia liberal) a las provenientes de la civilización dominante (mercantil-industrial) y minoritaria. Los CPC proponen una igualación política sustancial entre culturas e identidades y una igualación de modos de producir política en todos los niveles de la gestión gubernamental (general "nacional", regional y local); esto es, igualación de prácticas políticas, de instituciones políticas, de modos de ejercer la democracia y sistemas de autoridad política diferentes, pertenecientes a las distintas comunidades culturales y regímenes civilizatorios que coexisten en el territorio. Es por ello que los CPC aglutinan dentro de su estructura todo un entramado que logra redistribuir proporcionalmente la administración unitaria general y territorial del estado en función de otras formas de gestión, representación y de intervención social que a su vez incorporan múltiples mecanismos políticos compuestos, como la democracia participativa, la deliberativa, las asambleas, la democracia comunal, entre otros. Esta nueva perspectiva es a la que le teme la derecha en Nicaragua: una en la que, sin diferencia de orígenes y en un marco de igualdad de oportunidades se pueda acceder a la formación y a la gestión del poder político y económico desde abajo, desde la base, desde el pueblo, desde lo que Franz Fanon llamara los condenados de la tierra.

cmidenceni@yahoo.com