Galo Muñoz Arce
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Hace aproximadamente dos meses, los pueblos indígenas del Atlántico Norte de Nicaragua fueron duramente castigados por el fenómeno natural conocido como huracán “Félix”. Además de la deplorable pérdida de vidas humanas, se perdieron varias miles de manzanas de cultivo, se destruyeron varios kilómetros de bosques, con serias repercusiones en el entorno natural y ambiental.

Todos los medios de comunicación cubrieron este hecho, dando a conocer imágenes y testimonios de la tragedia que le tocó vivir a la población del Atlántico Norte de Nicaragua.

Pero qué sucedió después de unas cuantas semanas. Esos mismos medios de comunicación, con raras excepciones, que se mostraron preocupados y comprometidos con la desgracia de los pobladores del Atlántico Norte, poco a poco les van dejando en el olvido.

Que el tema de los afectados por el huracán no esté presente en los medios no significa que caminen cruzados de brazos o que no estén reorganizando sus vidas. Por el contrario, hay una gran actividad por la reconstrucción de las zonas afectadas por el siniestro, que compromete a los indígenas, organizaciones sociales, ONG, instituciones regionales y nacionales, todos elaborando propuestas para enfrentar las consecuencias que dejó el desastre.

Algunos medios no le prestan atención a todas estas iniciativas porque no han optado por un enfoque de desarrollo humano local que valora las iniciativas locales de la población y de sus organizaciones.

Es cierto que algunos medios, como EL NUEVO DIARIO, continúan dándole seguimiento al problema y algunos otros se comprometieron con una campaña de solidaridad para recoger fondos, víveres y ropa, además, realizaron actividades que merecen ser reconocidas.

Otros, no sólo ya no informan sino que no se sienten parte del problema de los costeños/as y menos de las soluciones que proponen. El compromiso se les acabó hasta que llegaron otras desgracias.

Si un medio de comunicación sólo quiere dedicarse a informar o a emitir otros temas que no son de interés público, es su opción, pero si el medio opta por trabajar por el desarrollo humano de su localidad, municipio, departamento o país, entonces asume un comportamiento ciudadano.

No son muchos los medios de comunicación que han optado por tener un comportamiento ciudadano, quizá porque en muchas sociedades no está claro lo que significa ciudadano/a.

Para unos ser ciudadano es ir a votar cada 4 ó 5 años, para otros se trata de exigir respeto por los derechos y no faltan aquellos que se conforman con pagar a tiempo sus impuestos.

Ser ciudadano es mucho más que esto, significa estar consciente de lo que sucede a su alrededor, como le afecta a uno o a su colectividad, no permanecer indiferente y sentirse responsable por lo que pasa en su localidad y el país.

La ciudadanía es vital para la democracia porque fortalece a la sociedad a través de sus organizaciones. La ciudadanía crea espacios de diálogo y participación para poder representar a los distintos intereses y demandas de la diversidad de actores que se agrupan en el país en un marco de pluralidad e intercambio de opiniones.

Si se desconoce a la ciudadanía, entonces, ¿de qué democracia estamos hablando? Reconocer a la ciudadanía es reconocer un componente especial de la democracia. Reconocer a la ciudadanía significa potenciar la representatividad de la población.

Contra lo que comúnmente se cree, la verdadera democracia no es la que parte de las decisiones del gobierno o de la Asamblea Nacional, a pesar de haber sido elegidos. Una verdadera democracia es la que parte de las iniciativas y propuestas de la ciudadanía y sus organizaciones y le reconoce el derecho a participar en la gestión de la sociedad.

El enfoque de desarrollo humano local se sustenta en y promueve una ciudadanía con autonomía, capaz de generar propuestas. Este enfoque de desarrollo contribuye a la cotidiana construcción de la democracia desde la diversidad de las localidades de un país.