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¡Es una estrella, es la luz de Sandino, en la montaña, en la montaña negra!, fiel a la letra del poema “La hora cero” de Ernesto Cardenal, es que aviva esa luz la Comandante Dora María Téllez. Su acto de protesta va más allá del factor físico de la huelga de hambre o la falta de alimentos que de forma voluntaria está asumiendo, con esa firmeza que empuñaba su fusil en la toma heroica del Palacio en 1978, a ella no le importa que su jefe, el otrora héroe Comandante Cero, haya vendido su carnet de opositor a la corrupción y el pacto por una mísera delegación de gobierno.

El ejemplo de Dora María va más allá; es la chispa que debe encender la llama de nuestras conciencias dormidas y acomodadas en la somnífera y peligrosa droga de la decepción y el desencanto; es un acto que nos debe obligar a todos a entrar en una huelga de hambre permanente, no sólo el acto de no alimentarnos; es más bien un simbolismo recogido en un semanario de humor verdadero en contra de los totalitarios; es una huelga de hambre, pero para no ingerir toda la porquería que en estos años nos han obligado a tragarnos, con las manos amarradas y con los ojos vendados, ¡como secuestrados!
Eso somos, unos secuestrados de todos los malos hijos de Nicaragua, aquellos que todavía siguen ofendiendo a los pobres de nuestro país y se vuelven insensibles frente a aquellos que no quieren estar sin comer, pero por no tener nada que echar a sus bocas viven en una protesta involuntaria permanente; esos mismos que hace más de treinta años los llamó a vivir como los santos Leonel Rugama.

Lo más dramático es el origen de esta protesta muy de moda en el tiempo del Somocismo, y sabemos que esto no ocurre por casualidad; se están cerrando cada día los espacios democráticos para disentir políticamente de los poderosos caudillos; utilizan con más descaro a las instituciones del Estado para agredir y reprimir; ven con claridad su impopularidad y el terror inmenso que sienten al sólo pensar en otra fuerza política capaz de convertirse en una nueva alternativa de cambio, para los cienes de miles de nicaragüenses que confían en la esperanza naranja.

No encuentro otro motivo ante semejante ilegalidad, y peor aún es el triste papel de zancudos que juegan todos los magistrados del Consejo Supremo Electoral, sin excepción; en ese edificio, en esas oficinas de estos señores y señoras, parece que jamás se ha pronunciado la palabra honradez, honestidad, transparencia, dignidad; el sólo mencionar una de ellas, resonaría con fuerza tal que ni los cimientos de este edificio millonario soportaría tanta fuerza, cuando golpee en la cavidad cerebral que un día albergó una masa gris de inteligencia a estos mercaderes del pluralismo político.

Los tiempos y las historias de injusticias parecen repetirse en Nicaragua. Aquello que se pensó se había derrocado ha renacido con más fuerza; se ha reencarnado la opresión, la corrupción, la soberbia y la desfachatez de nuevo en la persona de un Presidente. Los familiares de Somoza ya deben tener en el altar de sus tiranos familiares la del nuevo engendro del totalitarismo.

Pero así como resurgen las dictaduras, resurgen miles de puños dispuestos a defender la vida y la democracia que sostienen la filosofía en su lucha la legendaria guerrillera, que al final es la de todos nosotros, los que no le tenemos miedo al poder y a denunciar sus abusos. Igual que Dora, muchos estamos en protesta permanente y no nos comemos la mugre que nos quiere hacer tragar este gobierno y sus aliados.

Esa es la luz que debemos seguir con la velocidad que demandan los tiempos. Ya somos muchos los que hemos decidido desempolvar las boinas que usamos en la lucha armada, los históricos como Dora en la lucha contra el anterior dictador; nosotros bajo el mando del nuevo dictador que ese tiempo todavía usaba el disfraz de revolucionario.

Pero lo importante ahora es perder el miedo, no temer por protestar de forma cívica; las calles son del pueblo, a como coreaban muchos en las calles de los años setenta: ¡Si este no es el pueblo, ¿el pueblo dónde está? ¡El pueblo está en la calle pidiendo libertad! Esa es la libertad que demanda en nombre de nosotros la ejemplar mujer que no ha perdido un ápice de la valentía que caracteriza a su género, a la mayoría de las mujeres de este país, pues todos sabemos que hay quienes causan vergüenza con sus actitudes serviles al poder político corrupto.

Esa llama de dignidad es la que estamos obligados a soplar y mantener viva. Aunque llueva, truene o relampaguee, ¡no se me raje mi compa, no se me ponga chuzmón, que la patria necesita su coraje y su valor!
Qué mejor ejemplo que sea una mujer que nos pegue una bofetada a nuestra dignidad dormida, que nos enseñe con su ejemplo que todavía existen valientes en estas tierras. Hay que hacer una enorme hoguera que tenga tantas llamas, para quemar la dura vergüenza que nos han implantado todos estos miserables de dignidad. En esta fogata debemos tirar nuestros temores. En este país hay miles que no le temieron a los cascos ni a los garand. En estas calles habemos miles que no les temimos ni a los fales ni a las AKs chinas. En este país habemos miles que no les hemos temido al hambre producida por la pobreza; tenemos fuerza y somos la mayoría. Ya dejemos las comodidades de nuestros aires acondicionados y de los salones de lujosos hoteles. Las demandas se ganan en las calles.

Cuando ya sólo quedan sordos en los Poderes del Estado, la democracia es precisamente para eso, para poder protestar sin ser asesinado por los fusiles que defienden a los tiranos.

Esa es todavía la ventaja en Nicaragua, esos fusiles aún están en manos del pueblo, de policías y militares profesionales que no caerán en la nefasta tentación del gobierno, en pretender agredir al pueblo engañado y humillado por ellos mismos, cada vez que abordan un avión gastando cienes de miles de dólares que bien podrían ser invertidos para acabar con la vergüenza de La Chureca.

Soplemos esa llama, no dejemos sola a la Comandante, unámonos a sus filas. Conformemos ese Ejército ciudadano; el único requisito para ser reclutado es ser digno, tener vergüenza por Nicaragua y luchar contra la corrupción con el ejemplo personal. Eso hace falta, más combatientes que aniquilen la pobreza producida con la mampara del programa hambre cero. Acompañemos de la mano a esta heroína viviente, no dejemos que se muera de frustración porque su pueblo no despierta ni con cañonazos
Aquel que la vitoreó y saludó en su camino al Aeropuerto luego de la histórica toma del Palacio, no la decepcionemos; esto no tiene que ver con banderas políticas, ni partidos; es un mounstro que va creciendo y nos puede devorar a todos.

El próximo paso puede ser más lamentable, no debemos permitir eso; sumémonos a esa huelga, aunque sea de manera simbólica. Ya todos sabemos que estos cínicos no entienden con sintonías de flautas, sólo nuestro grito de protesta podrá derribar esos muros de descaro y corrupción que nos impiden ver esa luz, aquella luz que encendió Sandino en las montañas segovianas, y que ahora, en esta coyuntura, es la única que nos queda para avivar la llama encendida por Dora María.