Jorge Eduardo Arellano
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Cuando pensábamos que no nos quedaba más que morirnos de tristeza, desencanto e impotencia, salió la Dora María, la “dos” de la toma del Palacio Nacional, a protestar con su huelga de hambre, a decirnos que “es mejor quemarse que hacerse piedra”, como ella suele decir.

A la cantidad de personas que manifiestan su simpatía desde los buses, los taxis, los vehículos, los cobardes responden amenazando, quitando mantas que protestan contra la nueva dictadura. ¿A tanto les llega el miedo a la autoridad moral de esta mujer ahora de 52 años, que a los 22 formó parte del comando que se tomó “la Chanchera”? ¿Tanto temen la protesta de unas cuantas mantas que se hicieron con los aportes de personas que voluntariamente dan lo que pueden para sumarse a este grito de dignidad nacional? ¡Hasta dónde puede llegar la cobardía! ¡Hasta dónde la falta de argumentos para enfrentar esta protesta que, iniciada por Dora María, ha llegado al corazón de todos los y las nicaragüenses dignos!
El gesto de Dora María nos convoca a manifestarnos por el derecho a la participación cívica, al gallo pinto con dignidad, a la libertad responsable. Nos convoca a defender el derecho a pensar, a no callar, a no darnos por vencidos, a no agachar la cabeza, a no entregar el corazón a la impotencia.

Independientemente de filiaciones partidarias, este momento nos convoca ir más allá del gesto de simpatía y admiración. Hagamos ondear banderas azul y blanco en nuestras casas, buses, carros. Organicemos la dignidad de Nicaragua en nuestros barrios, gremios, centros de estudio. Es tiempo de ser capaces --como dijo Leonel Rugama de Jorge Navarro-- de “ser tan valientes / como para no morirse de tristeza”.