Jorge Eduardo Arellano
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Un líder político dijo una vez, ante una multitud enardecida: “Desde el año pasado se produce un cambio histórico: el Estado de los partidos políticos ha caído, y un Estado del pueblo ha nacido”. ¿Le suena familiar? Bien podría tratarse de un discurso de Daniel Ortega en la Nicaragua de 2008, pero en realidad son palabras de otra persona, a quien Ortega se parece más cada día. Estas palabras fueron pronunciadas en 1933 por Adolf Hitler para justificar una de las primeras medidas del régimen nazi: la supresión de los partidos políticos, sin la cual le hubiera sido imposible establecer su poder absoluto sobre el Estado alemán.

A través de estas maniobras, gobiernos tiránicos como el de Hitler y como el de Somoza (por citar un ejemplo más cercano a nosotros/as) lograron eliminar cualquier posibilidad de oposición legal e instauraron regímenes dictatoriales que le costaron al pueblo muchas vidas y muchos años de sufrimiento. ¿Por qué habríamos de esperar que de un proceso idéntico que se está dando hoy en Nicaragua se produzcan resultados distintos? El pacto Ortega-Alemán nos conduce indudablemente hacia una nueva dictadura, a menos que como sociedad logremos hacerle frente.

Y esta urgente tarea no es sólo de las personas que simpatizan con alguno de los cuatro partidos a los que el pacto pretende arrebatar su personería jurídica. Ésta es una tarea de todas/os las/os nicaragüenses que quieren vivir en paz y en libertad, incluyendo a las/os que se identifican como partidarias/os del FSLN o del PLC. Esta lucha no es por un partido, sino por nuestros derechos como ciudadanas/os.

Si el pacto consigue sus pretensiones de consolidar un poder omnímodo, nadie estará a salvo. Puede que hoy sea su vecino quien se sienta amenazado, pero mañana podría ser usted. El día en que se le ocurra disentir se dará cuenta de que está aislado/a, de que ya no queda nadie que pueda acompañarle en su reclamo, ningún espacio para hacerse escuchar, que perdió su derecho a decidir por usted mismo/a y que ahora son otros los que deciden por usted.

La historia nos ha enseñado cuáles son las consecuencias de la aniquilación del pluralismo político. No dejemos que la historia del somocismo se repita. No permitamos otra dictadura en Nicaragua. Manifestémonos en contra del pacto y exijamos nuestro derecho a elegir y a ser electos.