Jorge Eduardo Arellano
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Durante la Cumbre Mundial sobre Alimentación (CMA), realizada en Roma en noviembre de 1996, los mandatarios del mundo se comprometieron a “conseguir la seguridad alimentaria para todos y a realizar un esfuerzo constante para erradicar el hambre de todos los países, con el objetivo inmediato de reducir el número de personas desnutridas a la mitad de su nivel actual no más tarde del año 2015”. (Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, 1996. FAO- Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación).

En la Cumbre, los representantes expresaron: “Consideramos intolerable que más de 800 millones de personas de todo el mundo, y en particular de los países en desarrollo, no dispongan de alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales básicas. Esta situación es inaceptable. Los suministros de alimentos han aumentado considerablemente, pero los factores que obstaculizan el acceso a ellos y la continua insuficiencia de los ingresos familiares y nacionales para comprarlos, así como la inestabilidad de la oferta y la demanda y las catástrofes naturales y de origen humano, impiden satisfacer las necesidades alimentarias básicas.

Los problemas del hambre y la inseguridad alimentaria tienen dimensiones mundiales, y es probable que persistan e incluso se agraven dramáticamente en algunas regiones si no se adopta con urgencia una acción decidida y concertada, dado el incremento de la población mundial previsto y la tensión a que están sometidos los recursos naturales”.

Lo anterior significa que hay alimentos, pero no el acceso a ellos. El problema no es de producción sino de distribución. Y lo vienen analizando desde 1996.

Diez años después, en el Informe de 2006, que analiza los avances de la Cumbre, reconocen que “el número de personas subnutridas en el mundo sigue siendo alto. En 2001-03, según estimaciones de la FAO, había todavía 854 millones de personas subnutridas a escala mundial: 820 millones en los países en desarrollo, 25 millones en los países en transición y 9 millones en los países industrializados”. (El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2006, FAO).

En el mismo documento se reconoce que “Prácticamente no se ha avanzado en la consecución del objetivo de la CMA de reducir a la mitad el número de personas subnutridas para 2015”, y se hacen nuevas recomendaciones para erradicar el hambre.

Están claros de los retrocesos, pero creen que los compromisos se van a cumplir. A pesar de que “Diez años más tarde, nos encontramos con la triste realidad de que prácticamente no se ha conseguido avance alguno hacia ese objetivo”, como dice el prólogo del Informe.

En la Cumbre del Milenio, celebrada en el año 2000, los gobernantes del mundo aprobaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio. De los ocho objetivos, el primero es reducir el número de pobres a la mitad, al año 2015.

En 2008, la FAO ha pedido más apoyo a los donantes. El hambre está aumentando, debido al alto precio de los alimentos, ocasionado por el alza en la gasolina, la utilización de alimentos para producir biocombustibles y los estragos del cambio climático. Según la FAO, como consecuencia del calentamiento de la Tierra, el número de personas con hambre en el mundo será mayor. Es decir, en vez de reducirse la pobreza, aumentará. Pero no es sólo por el cambio climático, también por la injusticia social.

En 2008, los mandatarios se vuelven a reunir en Roma, y se vuelven a comprometer para erradicar la pobreza. Compromisos sobre compromisos y el hambre aumenta. “Reafirmamos la validez de las conclusiones de la Cumbre de 1996 de conseguir la seguridad alimentaria con los esfuerzos actuales para erradicar el hambre en todos los países, con vistas a una reducción a la mitad el número de personas desnutridas hacia el año 2015” (Declaración de Roma 2008, en nota de la FAO).

A las Cumbres mundiales hay que sumar las regionales y subregionales y las bilaterales. ¡Cuánta plata en nombre del hambre! Si se disminuyera, serían creíbles, pero el hambre crece cada día. Bueno, pensemos que sin Cumbres, sería peor.

Si reconocen que el problema no es de producción sino de distribución, ¿por qué plantean como solución producir más? ¿Por qué no un compromiso para reducir el consumismo en todo sentido, inclusive en la misma producción? Y un comercio justo. ¿Por qué no “se adopta con urgencia una acción decidida y concertada” como lo mencionaron desde la Cumbre de 1996?
Mientras tanto, el cambio climático generado principalmente por los países ricos, sigue causando estragos en los países pobres. Los problemas se suman. Se desatiende el proyecto de erradicación del hambre. Y los compromisos se quedan en papeles que los vientos huracanados hacen añicos. O el aguacero los desintegra. Sólo quedan en el archivo de las Cumbres, mientras el precio de los alimentos también está en las cumbres. Así, el hambre se reduce porque muere bajo un plástico, la arrastran los aguaceros o la sepulta un aluvión.

Y yo me quedo con las interrogantes: ¿Cuánta contaminación causaron los viajes por avión? ¿Cuántos residuos? ¿Cuánto se consumió en alimentos, en seguridad, en energía, en trajes, en cobertura periodística, en Cumbres previas? ¿Cuánto dinero se ha gastado en todas las Cumbres? ¿Cuántas personas sienten las punzadas del hambre mientras se realiza una Cumbre?