Jorge Eduardo Arellano
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Cuando los guerrilleros que tomaron el Palacio Nacional en 1978, con los presos políticos liberados, llegaron a Panamá, y Gabriel García Márquez escribió sobre aquella hazaña heroica, se refería a Dora María Téllez de la siguiente manera: “Era una niña tímida, absorta, y bella”, y es que la joven guerrillera alcanzaba apenas 20 años.

El acto que la Comandante Dora María hoy protagoniza, independientemente que esté de acuerdo o no con las posiciones de su partido, me recuerdan aquellas huelgas de hambre solitarias que en las cárceles de la dictadura realizaban los presos políticos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en algunos casos exigiendo la libertad definitiva después de haber cumplido sus condenas, o como las huelgas de hambre de Rossi López, cada una de las tres veces en que se le aplicó el “pisa y corre”. Otras veces las peticiones eran por mejores condiciones en las cárceles, reclamando salida al Sol, el paro del maltrato físico o atención médica, etc. Eran huelgas de hambre solitarias, aisladas, en la oscuridad de los calabozos de la dictadura. Sólo acompañados desde los locales de la Cruz Roja Internacional, por sus madres no menos heroicas: Doña Santos Buitrago, madre de Julio Buitrago; Doña Teresita de Rizo, madre de Ramón Rizo; Doña Lidia Ortega de Saavedra, madre de Daniel; Doña Esperanza Rodríguez de Medina, madre de Santos, y la mamá de Róger Núñez Dávila, entre otras.

La acción de Dora María se ubica en la línea de la no violencia, es decir la autoinmolación para llamar la atención sobre una causa concreta o presionar en una dirección. Si bien respeto y apoyo esa línea de protesta, repudio la romería en la cual se pretende transformar este ejemplo de una legendaria luchadora social. Hemos visto desfilar por su champa a parte de la clase política carroñera y morbosa sólo para aparecer en la foto, politicastros que de allí pasan a integrarse a sus recepciones con champaña, caviar y finos bocadillos para seguir engordando sus ya pesados kilos, y tal vez, incluso pasan a burlarse de ella con el cinismo que les caracteriza.

Pienso que Daniel o compañeros que han sido muy cercanos en las luchas pasadas con Comandante Dora María, deberían ir a saludarla, aún cuando no estén de acuerdo con sus posiciones políticas o su protesta. Daniel visitó a Edén Pastora cuando también protestaba frente al Consejo Supremo Electoral, cuando a éste lo había guillotinado para evitar su participación en las elecciones nacionales de entonces. Éste podría ser un primer gesto de Reconciliación con el MRS que está más distante de los banqueros que otros partidos.

Me permito hacerle un llamado a la Comandante Téllez, a que no se inmole, hay antes muchas otras variantes de lucha pacífica que expresan la iniciativa de las masas más que las luchas solitarias. Nicaragua necesita más su vida que su muerte.


*Director del Instituto “Martin Luther King”

Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli)