Jorge Eduardo Arellano
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El paralelismo gobierno somocista-gobierno Daniel Ortega revela una radical amnesia histórica y representa un insulto a la inteligencia.

El sistema político somocista tuvo tres pilares básicos de sustentación: el primero, fue el soporte decidido del gobierno yanqui que respondió a la fidelidad absoluta y rastrera de la dinastía Somoza con respecto a los intereses políticos y económicos de Estados Unidos en Nicaragua, en América Latina y en el mundo. El segundo, fue el control patrimonial que tuvo la dinastía sobre las fuerzas armadas (GN y Policía) que devinieron en una institución de propiedad familiar. El tercero, fue la presencia de una sistemática represión violenta contra las clases populares (asesinatos, torturas, cárceles), y de una represión selectiva pero igualmente violenta, contra miembros de las capas medias y clases empresariales que ejercían la oposición política.

Ninguno de estos tres pilares está presente en el gobierno Ortega que, primero, es un gobierno que no goza de la simpatía imperial ni del establishment imperialista; y que además ha iniciado el desmontaje del modelo de protectorado político que se instauró en el país entre los años 1990 y 2007.

Hoy el Ejército y la Policía no son instituciones patrimoniales. Durante el actual gobierno hemos presenciado movimientos de protesta con distintos perfiles de clase: maestros, médicos, recolectores de basura, taxistas y transportistas. En varias de estas experiencias, las empresas mediáticas y los democratólogos mercenarios pidieron represión y acusaron al gobierno de blandengue y alcahuete. Sin embargo, todos estos conflictos se solucionaron sin recurrir a la represión violenta. Nadie ha denunciado ni asesinatos, ni torturas ni cárceles por motivos de oposición política al actual gobierno.

Convertido en espectáculo mediático, reproducido cotidianamente milímetro a milímetro a través de imágenes y crónicas, allí está el acto de protesta de Dora María Téllez. Mostrándonos su huelga de hambre, su hamaca y su champa, allí han desfilado los representantes de todos los pactos y alianzas políticas cristalizados en contra del gobierno. Hemos visto abrazarse y desfilar bajo la misma champa a Montealegre que pacta con los gringos, con Alemán, con los conservadores y con los MRS. A los MRS que pactan con Montealegre, con los conservadores y con los gringos. A las ONG que se mueven respondiendo a diseños de los gringos y la Unión Europea, y que hacen alianzas con Montealegre, con los conservadores y con los MRS. A Álvarez Montalbán que sirvió a Alemán y hace alianzas con Montealegre, con los conservadores y con los MRS. A Virgilio Godoy que sirvió a los gringos y hace alianzas con Montealegre, con los conservadores y con los MRS.

Lo que las empresas mediáticas nos proyectan es un espectáculo de pactos y alianzas que acaecen bajo una misma champa. Para completarlo sólo faltaría ver en el desfile al embajador Trivelli y a la embajadora Mosca.

Cualquiera que desee acercarse y ver la champa sin el recurso de las imágenes y crónicas mediáticas, podrá encontrarse también con los cuatro gatos curiosos que por allí se acercan.

Me pregunto, ¿dónde están los asesinatos, las torturas y los encarcelados?
Una huelga de hambre como decisión subjetiva para protestar me parece siempre un acto respetable. Lo que me resulta absolutamente irrespetable es que en ese acto
se esgriman paralelismos grotescos.