Jorge Eduardo Arellano
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Sr. José Daniel Ortega Saavedra
Presidente de Nicaragua

Dra. Imara Martínez M*
Soy una ciudadana, originaria de una familia leonesa comprometida con la causa revolucionaria. Mis padres, desde muy pequeños nos enseñaron el camino hacia el sol de la libertad de A. C. Sandino, el rostro digno de Rigoberto López Pérez, el respeto por la sangre de los mártires del 23 de julio, el valor para enfrentar a la dictadura somocista y toda clase de opresión, el ejemplo del Che, el himno de la revolución cubana, y el orgullo de ser protagonistas de la revolución popular sandinista (combatiendo, trabajando, estudiando, soñando).

Por lo tanto, me dirijo a su persona y pueblo de Nicaragua, para hacer público mi repudio ante la intención del Consejo Supremo Electoral, de pretender cercenar la personería jurídica del MRS y Partido Conservador, bajo supuestos que se les antoje a esos magistrados.

Le recuerdo, que esta artimaña es conocida. En 2001, lo intentaron con el MRS, ante el ascenso vertiginoso de la tercera vía, aún teniendo este partido representación en la Asamblea Nacional, un alcalde en el municipio de El Rosario, departamento de Carazo. ¿Cuál será el asunto de fondo? Y ¿por qué empañar la trayectoria del Partido Conservador?, un partido emblemático, el más antiguo de Nicaragua. Ambos partidos tienen suficiente legitimidad ante el pueblo de Nicaragua y la comunidad internacional.

Dicen, comandante Ortega, que vivimos tiempos en los que el respeto por todo y por todos parece que ha pasado a la historia. Usted, ¿qué opina de eso?
Sabe, comandante Ortega, a este pueblo no le tiembla la voz ante las injusticias y defensa de la soberanía nacional. Fue activo, propositivo y defensor del Estado de derecho frente a las políticas de ajustes estructurales impulsadas por el neoliberalismo. Este pueblo, desde las organizaciones de sociedad civil, hizo avances sustanciales en el establecimiento de una gobernabilidad democrática, empujando leyes para que ciudadanos y ciudadanas pudiéramos tener participación e incidir en el desarrollo y ejecución de programas y políticas locales y regionales como los acuerdos de Achuapa, que con la llegada de su gobierno se estancaron.

El asunto que interesa es urgente, es de vida y dignidad, comandante Ortega. Porque estamos frente a una decisión firme de una emblemática mujer Dora María Téllez, muy conocida por usted, parece que ella ha hecho suyas las palabras de Rigoberto López Pérez: “Lo Mió, no ha sido un sacrificio, sino un deber que espero haber cumplido”, porque en Nicaragua se ha instalado una dictadura nuevamente, expresada en el control bipartidista de las principales instituciones: Corte Suprema de Justicia, CSE, Fiscalía, CGR, que no termina de rendir cuentas ante las evidencias de corrupción en la Alcaldía de León. Como puede ver, Presidente Ortega, las y los nicaragüenses estamos manos arriba. El país se deteriora cada día más y más. La carestía de la vida es insostenible y su discurso no convence, pues la gente aprendió a pensar con la revolución. ¿De qué democracia hablan, si el pluralismo, la tolerancia y la libertad de expresión no caben en su filosofía de gobernar? Infiero, en que si no estás conmigo, estás contra mí. ¿Es esa una actitud revolucionaria?
Entienda comandante Ortega, que las y los nicaragüenses tenemos dignidad, usted debería de saber que no nos gustan las tiranías y dictaduras. Somos gente de paz pero valiente, gente honesta y amantes de la libertad. Porque tenemos arraigada la herencia del general de hombres Libres Augusto C. Sandino. Por lo cual le pido su mayor generosidad
para evitar pérdidas lamentables y situaciones que generen más crisis o violencia.

La polarización nos aleja de soluciones y acuerdos. Es necesario el diálogo, poder sentarse a conversar con los diversos sectores del país sin exclusión y respetarse mutuamente.

Comandante Ortega, le pido que ponga atención a las demandas de los partidos políticos en cuestión, las demandas de las organizaciones de sociedad civil y las demandas de miles de nicaragüenses por restaurar el Estado de derecho y la libertad del pueblo de tener preferencias políticas y autonomía.

Finalmente concluyo con estas palabras de Ricardo Morales Avilés: “Torpes los que nos matan. ¿Y qué es lo que nos matan? Nuestra muerte será el advenimiento de los que hemos perdido”.


*Foro Democrático-León.