Jorge Eduardo Arellano
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Ph.D.*

La educación constituye un amplio espacio en el que caben y se encuentran muchas propuestas que pensando en el desarrollo de la gente, de cada país y del propio mundo, se esmeran en acertar y dar sentido a la educación en cada momento histórico. En torno a la educación se mueven concepciones políticas, modelos, métodos, etc., siempre con intención de hacerla pertinente y de calidad, es decir, de utilidad práctica y exitosa para la vida de todos, lo que la somete a una permanente búsqueda. De ahí la sensación de que la educación está permanentemente haciéndose dando a veces la impresión de cierta inestabilidad.

El Mined en este período está retomando con mucha fuerza la educación básica y media a fin de construir un modelo propio conjugando activamente la equidad, calidad y pertinencia del proceso de enseñanza-aprendizaje y sus resultados en la perspectiva y necesidades del país.

Entre las iniciativas actuales que van tomando fuerza, en el marco de una concepción dinámica y expansiva de la calidad, está la de ubicar a la educación técnica en un espacio estratégico del sistema educativo nacional. Se trata de una necesidad sentida y reclamada por el gobierno y sectores importantes de la sociedad.

La formación para la empleabilidad y el trabajo constituye un pilar fundamental para el desarrollo, cuyo dinamizador cotidiano es el ser humano debidamente educado y formado. El desarrollo del país se deriva de su pleno desarrollo, siendo la productividad elemento esencial de dicho desarrollo.

De ahí la enorme importancia de dotar al ser humano de los conocimientos, competencias y destrezas técnicas que abonen su acción creativa y productiva en cualquier trabajo que desempeñe.

Para ello es necesario llenar de humanismo las distintas expresiones de la educación técnica aprovechando el caudal formativo de las humanidades.

Con esto quiero significar que existe plena complementariedad entre educación técnica y educación humanística, algo que con frecuencia no se entiende y peor, no se armoniza. A este respecto constatamos que con frecuencia la educación técnica se ha reducido a la enseñanza de conocimientos y habilidades para desempeñar un oficio en el mercado de trabajo, dejando en el olvido la función verdaderamente educativa que corresponde a las acciones encaminadas al desarrollo humano, a la formación del ciudadano, a la configuración del ser social en armonía con el ser productivo.

De ahí la conveniencia de introducirse siempre en la esencia de la educación como proceso de construcción del ser humano y de todas sus manifestaciones, derechos y responsabilidades, siendo para ello la educación humanística la mejor aliada.


A este respecto la educación humanística busca:
* Generar las condiciones didáctico-curriculares para que el educando construya su personalidad y su propio proyecto de vida como sujeto libre y responsable.

* Favorecer que el educando eleve su nivel de conciencia y autoconciencia, fomentando en él el asombro, la curiosidad, el deseo de descubrir y la capacidad de interpretar, explicar y
criticar.

* Contribuir a que el educando desarrolle las competencias que le permitan interactuar comunicativa y cooperativamente con otros para entenderse con ellos, para coordinar las acciones que permitan resolver problemas, satisfacer necesidades colectivas y desarrollar lazos afectivos.

* Hacer propicia la participación creativa de cada educando en la producción, reconstrucción y transformación de la cultura.

* Contribuir a que cada educando construya conscientemente su propia identidad y la identidad de la comunidad, reconociendo tanto a las otras personas como a sí mismo como miembros del género humano y parte de la naturaleza (Yurén, 2000: 49).


Lo anterior despliega en el ser humano una extraordinaria capacidad para aprovechar y ampliar la fundamentación, sentido y práctica de los conocimientos, competencias y habilidades técnicas y así convertirlo en un profesional de perfil, a la vez humanista y técnico. Ésta es la mejor combinación para fundamentar y sostener el desarrollo del país.


*Ideuca.