Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Ayer vi un documental con el título “Cuando alguien de nosotros se muere me voy a París”. Un título extraño. La película, basada en hechos reales, me dejó extremadamente conmovida.

Una mujer ve que las luces de la casa de su vecina han estado encendidas durante 24 horas y durante varios días. Al asomarse, ve su cadáver. Llevaba cuatro días muerta. Cerca de su cuerpo, sus tres hijos encontraron una foto de la primera comunión de su madre y sus diarios. Como invitándolos a conocer de su vida lo que nunca les había contado. Es con esta “herencia” que Jan inicia el viaje al pasado. Es 1996. La mamá había nacido en tiempos de guerra, 1942. Tenía 52 años al morir.

El documental cuenta la lucha de esta mujer para liberarse de las secuelas del abuso sexual que sufrió en su infancia. Al final, no ganó esta lucha, no soportaba el sufrimiento y decidió suicidarse. A veces lo había expresado así a sus hijos: “Cuando ya no aguante más me tomaré la libertad de irme…”

Jan es periodista, comienza a leer los diarios de su madre y se asoma al dolor de su vida: la menor de tres hermanas de una pareja en donde no hay mucha armonía después que el padre regresa de la Segunda Guerra Mundial. La familia tiene en esos años un buen amigo, un sacerdote jesuita que los visita con frecuencia y les llena de paz espiritual siempre que llega.

Este amigo sacerdote fue visita habitual durante años y cuando ella era adolescente a nadie le sorprendió nunca la normalidad con que entraba en el cuarto de ella, a puertas cerradas. El primer hijo de esta relación nació en la mesa de la cocina, muerto. Cuando nació el segundo, los padres se lo quitaron y la internaron en una casa “hogar” para jóvenes con problemas de conducta.

El hijo --es el realizador del documental-- va conociendo la historia con la lectura de los diarios de su madre y visita el “hogar para jóvenes de mala conducta”, en donde encuentra a varias señoras mayores que durante su adolescencia compartieron el cuarto con su madre. Las mujeres le cuentan que ella era “difícil”, que le gustaba cantar y que casi siempre andaba deprimida.

La mujer se casó después, joven, y tuvo tres hijos. Jan, uno de ellos. Pero su matrimonio no duró mucho. En el siguiente matrimonio vivió feliz hasta donde esto es posible para una sobreviviente que no logra liberarse totalmente de las secuelas del abuso, aunque su esposo fue lo que llama Alice Miller un “testigo empático” y la ayudó a vivir. Ya adulta, ella tomó la decisión de matar al sacerdote. Compró un revólver y lo invitó a un encuentro. Pero no acertó al disparar.

En el diario de su madre, Jan descubre que antes del sacerdote, su padre ya había abusado de ella, un hecho tan doloroso y tan enterrado en su memoria que le tomó años recordarlo.

El diario cuenta cómo intentó varias veces enfrentar a su madre, pero no pudo, hasta que fue su madre, poco antes de morir, la que se arrodilló ante ella para pedirle perdón. Madre e hija se abrazaron, llorando juntas por sus vidas quebradas. La madre le confesó que había intentado suicidarse varias veces. Dice en su diario: “Por primera vez sentí el amor de madre y la amé.” Para entonces, su padre ya había muerto y ella nunca tuvo el valor de enfrentarlo.

Jan, su hijo, también visitó el asilo de ancianos donde sigue viviendo el sacerdote, ya con 92 años, y conversó con él por más de tres horas. Su único comentario fue: “Espero que no se haya matado por mi culpa”.

Una historia real en una película estremecedora. Cuántas historias similares.

Salí del cine conmovida: recordé mis varios intentos de suicidarme, volví a sentir la profunda soledad que había sufrido esta mujer, me vi en ella. Y a pesar de todo, di gracias a la vida porque me permitió sanar y querer seguir viviendo mucho tiempo más. Porque me permite reír. Y mirar hacia atrás liberada de la carga del pasado.

Es tiempo de romper los silencios generacionales y de compartir las vivencias dolorosas para evitar tragedias. Es tiempo que aprendamos a romper silencios y a proteger a quienes aún no hablan.


*Soy sobreviviente

Aguasbravas_nicaragua@yahoo.com -
Tel: 251-0110
hablemosde.abusosexual@mail.com
yotecreo@gmail.com