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Veo a la mujer aguerrida, incansable y luchadora que con sus hazañas (como extraídas de una novela de Verne o Salgari) estremecieron al mundo entero, veo a Dora María Téllez montar de nuevo su Rocinantes igual de flaco y escuálido que hace treinta años, ¡ahí está esa mujer de sueños! y capaz de realizar intrépidas acciones para lograr lo que soñó y luchar por los suyos, los Nicaragüenses (incluyendo los no Sandinistas como yo) y aún el mundo entero alabamos, admiramos y aplaudimos tus actos, pues basta ser humano para darse cuenta que quien es capaz de arriesgar su vida luchando en contra de las injusticias, que quien actúa con inteligencia y tenacidad a favor de los pobres, los humildes, los desamparados, los explotados, los oprimidos, que quien lucha en una batalla justa por justicia, por libertad, sin deseos egoístas ni personales, sin el deseo de ocupar el lugar que ocupan los que explotan a los explotados, esa persona sólo puede llamarse ¡HÉROE!, eso fuiste DORA para nosotros y para muchos que sabemos valorar esos atributos que tú tienes, fuiste héroe y seguirás siendo para el pueblo sencillo y humilde muchas veces olvidado, que luchó a escondidas, que rezó por ti y por la libertad de nuestra patria.

Cuando yo era apenas un niño (1982, 83, 84….), como veneraban y nos hacían venerar la imagen, la historia, las acciones de Julio Buitrago, de Luís Alfonso Velásquez Flores, de Carmen Sánchez, de Víctor Manuel Zeledón (sé que se preguntarán quiénes son estos últimos dos, nadie los recuerda fuera de mi pueblo, pues son Wiwileños que nacieron y murieron aquí) Qué fácil que es para algunos como Daniel convertir a los muertos en héroes, en mártires, alabar sus hazañas, engrandecer sus acciones y ponderar sus actos, con los muertos es fácil, pues no ocupan espacios ni son una amenaza para el que vive para atesorar dinero y para embriagarse con homéricas adulaciones y falsas lisonjas.

Y recuerdo también el alboroto que se armaba cuando convencido un joven fogoso por los ideales revolucionarios que en clases nos inculcaban, se integraba voluntariamente al Servicio Militar Patriótico (S.M.P.); recuerdo que los llevaban a la escuela, los enaltecían, les daban flores, los coronaban, todos los saludaban, eran el ejemplo que debíamos seguir los niños del pueblo.

Estos viejos recuerdos me los trajo a la memoria hace pocos días LUCÍA MORIET, proclamada héroe (heroína creo que es lo correcto) por Daniel Ortega, luchadora por la libertad de los pueblos del sur, luchadora de los pueblos de las Américas; la coronó de flores, fue la parte central de un acto mediático; ella se sintió héroe, grande, se emocionó, lloró, fue abrazada, puesta en alto, al verla me pregunto: ¿cuántos jóvenes de nuestra patria y de más allá se sintieron emocionados por este acto? ¿Cuántos jóvenes quisieron ser Lucía Moriet? ¿Cuántos jóvenes se sienten incentivados por nuestro presidente para ir a luchar en una guerra ajena, humanamente nuestra y terriblemente sangrienta, y que tanto ha hecho sufrir a nuestros hermanos Colombianos? ¿Cuántos después de oír y ver las alabanzas que recibió Lucía quieren irse? ¿Cuántos están dispuestos a engrosar las filas de las FARC después que el presidente de la nación engrandeciera los actos de aquella pobre joven?
Si nuestro presidente es fanático asiduo de los héroes, ahí están, aquí nomás los tiene, ellos fueron alabados en el mundo entero, pero claro, son de carne y hueso, están vivos, son una amenaza para vusía, a usted le gustan los héroes muertos, es decir, los mártires, esos no son competencia para nada. Le gusta que se le humillen, tener como gatitos los que ayer rugieron como tigres feroces y temidos, así le gusta verlos señor presidente, que coman las migajas del banquete de gran Nabucodonosor (pobre Edén).

Señor presidente, le señalo una héroe Nacional, está debajo de unos pequeños arbustos, a la orilla de la calle, cobijada apenas por una endeble hoja de plástico, expuesta al viento, al polvo, al frío, usted la conoce mejor que yo, luchó tanto por derrocar a Somoza, por la libertad de este pueblo, usted la vio (al menos en las fotografías que le dieron la vuelta al mundo) salir del Palacio Nacional, ¡qué orgullosos nos sentimos los nicaragüenses por esos hombres y por esa mujer!; allí está ahora, en huelga de hambre, matándose sola, no quiere ver el póster estado de aquella gloriosa revolución que tanto admiró el mundo entero, ¡Cuánta lastima! ¡Qué barbaridad! ¿Qué diría Homero? ¡Tantos héroes caídos!, allí están a tu lado héroes verdaderos, no te sientas sola Dora María, lloran contigo: Henry Ruiz, Víctor Tirado López, Víctor Hugo, Virgilio Godoy, Carlos Mejía y tantos más, otra vez la lucha tiene sentido. ¡Adelante!, que estoy seguro que si Sandino viviera, si Carlos Fonseca estuviere aquí, estarían con el pueblo, estarían a tu lado, estarían contigo, pues hubiesen preferido morir de hambre junto al pueblo como tú y nunca traicionar los ideales por los que vivieron y lucharon. Eso es más digno a que un héroe como ustedes acepte una venda de color verde norteamericana en los ojos, y se deje llevar como niño a lo más alto de los Andes allá al sur, para que no mire al pueblo muriendo de hambre y tristeza.