Jorge Eduardo Arellano
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Como una querida despechada que no acepta que el marido se le fue con otra, Eduardo Montealegre Rivas y Edmundo Jarquín Calderón no aceptan la derrota electoral en los comicios presidenciales de noviembre de 2006. Los que más despotrican contra Daniel Ortega, anti-Sandinistas o ex-Sandinistas, también han competido electoralmente con Ortega. Ese es el caso de Víctor Hugo Tinoco, Vilma Núñez de Escorcia y Dora María Téllez, nueva heroína de la oligarquía.

Todos, los dos banqueros oligarcas incluidos, respiran por la misma herida; todos se han medido internamente en el partido o en elecciones nacionales con el comandante Ortega.

No asimilan la derrota. Todos están unidos por el mismo común denominador, la amargura de la derrota en justas electorales, sean primarias o nacionales. Son malos perdedores. Lo que no pudieron lograr en las urnas electorales, lo pretenden lograr a la brava aunque sea a costas de incendiar el país.

Se han unido, para no dejar gobernar al hombre que los ha derrotado a todos en cuanto terreno lo han enfrentado, pretendiendo usurpar e invalidar toda una elección presidencial en nombre de la “democracia”.

Apenas inició Ortega su período presidencial, se formó un pacto entre los tránsfugas políticos del MRS y el candidato derrotado de la oligarquía: Eduardo Montealegre. Inmediatamente se dieron a la búsqueda de un símbolo alrededor del cual aglutinarse. Aprovechando vicios personales del millonario Manuel Ignacio Lacayo, se agarraron de él y lo declararon “El primer reo político del gobierno de Daniel Ortega”, pero el truco mediático no les resultó.

Recurriendo a calumnias de primera plana, el travesti ideológico Víctor Hugo Tinoco públicamente mintió afirmando que al millonario, preso por negarse a pasarle una pensión alimentaria a su hija, lo habían rapado en la cárcel. Las cámaras de televisión mostraron a un melenudo y obeso sesentón salir de la cárcel, pavoneándose, haciendo la V de la victoria haciendo añicos las mentiras de Tinoco.

Pero como en Nicaragua los antiSandinistas sean banqueros, transportistas o “richa y vuelta” políticos, tienen licencia para mentir, incendiar furgones, agredir periodistas, voltear automóviles dejándolos con las cuatro ruedas para arriba, crear escasez en los mercados y causar pérdidas al país de hasta un millón de dólares diarios, pues al mentiroso mediático de Tinoco no le pasó ni la pasará nada, porque antiSandinismo equivale a impunidad.

Han mantenido una feroz y brutal campaña de ataques y mentiras diarias. Los reporteros antiSandinistas no parecen periodistas profesionales sino editorialistas políticos. Toda noticia parece más un incendiario editorial antiDaniel que una noticia objetiva. Cabe preguntarse si la objetividad y el profesionalismo mediático de los medios oligárquicos podrían resistir un examen en alguna facultad de periodismo de Estados Unidos. Tienen todo un plan bien orquestado. Primero fue el paro del transporte, luego la huelga de hambre, luego la payasada del reclamo de derechos de autor de Mejía Godoy, retrasado 30 años, y finalmente vienen las marchas para “estremecer al pacto”.

El baño diario de inmundicia con que inundan a Ortega no les funciona porque carecen de mensaje, que no sea su odio antiDaniel y porque no tenían un símbolo. La oligarquía no tiene héroes. El somocismo nunca tuvo héroes, a menos que consideraran héroe al mayor Oscar Morales Sotomayor, alias “Moralitos”, asesino de David Tejada, o al sargento Alberto Gutiérrez, alias “Macho Negro”, que aterrorizaba los barrios orientales de Managua.

El sandinismo en cambio es supermillonario en héroes y mártires. El mensaje sandinista no pega en las clases opulentas, con honrosas excepciones, pero sí pega en el Mercado Oriental, en San Judas, en Las Américas, en La Dalia, en los cafetales de Matagalpa y entre los pobres de Nicaragua.

La oligarquía necesita entonces buscar un mensaje y un símbolo, y si es un símbolo viviente, mejor. La oligarquía no ha encontrado un mensaje, pero sí una heroína, Dora María Téllez, quien pasó de heroína de los humildes a heroína de la oligarquía.

La hoy heroína de la oligarquía, incapaz de negar los avances de la agenda social gubernamental en favor de los pobres, cantinflea en su obsesión antiDaniel, diciendo que a Ortega no se le puede ver “en calzoneta en el mar o parado frente a los raspados Loli”. Semejantes torpezas sólo confirman que la oligarquía, la enemiga histórica de los desposeídos, aunque tenga heroína, carece de un mensaje que convenza al pueblo que el lobo realmente no es feroz, ni quiere devorar a esa caperucita llamada Nicaragua.

La historia da vueltas. Obedeciendo órdenes del FSLN, ella secuestró el Palacio retenido ilegalmente por los opresores somocistas. Hoy la oligarquía, la gran opresora histórica del pueblo, la secuestra a ella, devolviéndole el golpe al pueblo 30 años después.

Literalmente, los mismos somocistas que echaron sapos y culebras contra Téllez para la toma del Palacio, hoy la aplauden a rabiar. Ellos no han abandonado su somocismo, ella sí ha abandonado su sandinismo para venderle su alma al diablo, arrojándose en brazos de la oligarquía, todo porque la Asamblea Sandinista nunca la eligió candidata a la presidencia.