Francisco Javier SANCHO MÁS
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Uno de los placeres irrenunciables de don Manuel (que no se llama don Manuel, pero él no me permitiría decir aquí en medio de la gente su nombre verdadero) es levantarse por la mañana e inmediatamente encender la radio para escuchar las primeras noticias de la mañana.

El aparato de radio, con heridas de viejo combatiente por todos lados, se pasea con él por la casa y le acompaña en sus quehaceres de poner en orden las pocas cosas que tiene. El piso de tierra le juega a don Manuel malas pasadas, y hace poco, en una de esas, casi se destroza una cadera. Pero hasta para eso le sirvió su aparato de radio, sacrificándose por él y amortiguando el golpe. Una herida más al fin y al cabo que se cubre con tape.

Don Manuel está muy anciano, tanto que no recuerda si ha cruzado ya los noventa o aún está por verlo. Su mujer aún más, está con él en una especie de isla que debe serle la sordera y apenas le alcanza para poner atención a lo que ocurre. Los hijos están lejos. Así que la compañía de esta radio es algo más que apreciable, y don Manuel me confiesa que se ha acostumbrado a depender de ese ruidillo amigo con el que cada mañana despierta y le hace estar atento a lo que dicen.

La pensión de don Manuel se resume en unos 800 córdobas, y eso que ha trabajado en todo lo que ha salido, y ha hecho de todo. Unos 800 córdobas de insulto que el Estado de Nicaragua le concede sin la más mínima vergüenza, en un cheque sin pedir perdón por este horrible modo de devolver las horas de vida y sudor en forma de angustiosa espera del final. Si existen los matices en la crueldad, éste debe ser uno de los más refinados.

Pero lo que les iba a decir era en realidad que don Manuel siempre dice que le divierten las noticias que escucha, y eso que algunas son de sangre y tragedia. La radio (la pobre) no da más de sí, y a medida que don Manuel se mueve por la casa cuidándose de los hoyos, el aparato tiene el capricho de cambiar de emisora por sí solo, como si cambiara de departamento, así que si empieza escuchando La Primerísimo, de pronto continúa con La Corporación, sigue con la 580, y acaba con la Nueva Radio Ya. Un día me dijo que ha tenido tentación de llamar por ejemplo al doble plan y decir lo que piensa, pero con su buen humor se corrige diciendo que eso es porque no se acuerda de que ya no tiene teléfono, y ese aparato celular que un hijo le dejó aún no le entiende.

A don Manuel no le han bastado sus muchos años cotizados para poder vivir los últimos que le quedan con la dignidad material de no tener que pedir ayudas externas para alcanzar a permitirse para él y su esposa el plato de comida del día. La última vez que lo visité estaba más apegado al aparato de radio de lo habitual, sumamente interesado en estar al día de las últimas noticias del huracán en la Costa Atlántica. ¡Qué horror!, ¡qué horror!, decía. Yo creí que íbamos a hablar de lo que estaba ocurriendo allá, pero en lugar de eso me preguntó: Hijo, ¿qué es eso del aborto terapéutico?, ¿qué tiene que ver eso con lo que le pasa a los costeños? ¿Sabes tú algo?

Era increíble que en medio de aquella tragedia, la Asamblea, que vive y mira desde los sillones de la asamblea y las camionetas que se regalan, estuviese debatiendo cómo sacar provecho para pactar algo tan sucio desde el punto de vista de la política y tan hipócrita desde el punto de vista religioso como la prohibición total del aborto terapéutico.

Y de la misma manera, hemos vuelto a ver estos días como sin el más mínimos reparo, tras el aguacero que nos cubrió de nuevo, mientras esperamos que la ayuda llegue, o que no aumenten las epidemias que ponen en riesgo a nuestros niños, en Managua se permita poner al borde de la puerta de salida a la Ministra de Salud, con lo que tenemos encima, o en la Asamblea sólo se discuta sobre el nuevo modelo que permita la reelección del actual presidente. “En aguas revueltas, ganancia de pescadores”, reza un viejo dicho, que ahora ilustra más que nunca esta mezcla imposible de prioridades que no se puede entender, si no es desde la mentalidad de imponer intereses personales y políticos por encima de las verdaderas emergencias que sufre el país, no sólo naturales, porque también están las de siempre, como la del castigo con que el Estado somete a don Manuel.

Y él tiene razón cuando me contesta siempre con la misma broma mil veces repetida y con la misma risa de la primera vez que se le ocurrió. Es su respuesta cuando yo le digo que me admira como aún se mantiene tan atento a la actualidad. “Cuál actualidad”, me dice, “si lo que me divierte es que hablan como de otro planeta”.

Ahora, mientras enfrentamos una epidemia, se liberan intrigas entre los despachos de altos cargos del Minsa para acaparar el ministerio. Ahora, mientras se sigue yendo la luz y en Puerto Cabezas se toman un aeropuerto donde no llega la ayuda, en la Asamblea se discute sobre el parlamentarismo. Y todo eso suena cada vez más lejos, más lejos, más lejos... como de otro planeta.

franciscosancho@hotmail.com