Jorge Eduardo Arellano
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Seis aviones aparecieron sobre el cielo de Ocotal, y después de dos vuelos de reconocimiento sobre la plaza, el Mayor Roswell ubicó una concentración de fuerzas sandinistas. Desde 1,500 pies de altura se dejó caer en picada contra las tropas de Sandino, disparando su ametralladora fija. A los 300 pies, soltaba la bomba y se elevaba de inmediato, mientras el artillero, con la ametralladora movible, disparaba sobre el objetivo. La batalla de Ocotal tiene importancia mundial, pues además de ser el primer combate de las tropas del general Sandino contra las de ocupación, fue la primera operación aérea de bombardeo en combate, en la historia de la aviación mundial…
Son detalles del primer combate de Sandino contra los marines acuartelados en Ocotal, narrados en el libro Guerrillero de nuestra América, quizá la investigación más completa sobre nuestro Héroe Nacional.

Esta acuciosa monografía --longitudinal retrospectiva, explicativa y macrosociológica-- está respaldada por casi un centenar de trabajos (antologías literarias, series de fotografías, dibujos, ensayos, semblanzas, documentos anotados, bibliografías e investigaciones), elaborados, desde 1970, por Jorge Eduardo Arellano, y publicados en diarios, suplementos, revistas, libros, folletos y álbumes, en Nicaragua, México, España y otros países.

La obra está estructurada en: Ensayos preliminares; Acción y proyección de un forjador latinoamericano del Siglo XX, y Bosquejo ideológico de un enérgico autodidacta. Seducido por la sandinología, Jorge Eduardo Arellano desarrolla una síntesis comprimida de la historia de Sandino, cuyo escenario histórico estuvo signado por la ideología liberal burguesa del régimen progresista de Zelaya (1893-1909), la expansión del capital monopolista de los Estados Unidos y su protección geoestratégica en Nicaragua, expresada en las ocupaciones militares de los USMC, entre 1912-25 y en 1926.

La investigación identifica corrientes que influenciaron la formación del pensamiento inorgánico de Sandino, destacando a políticos e intelectuales latinoamericanos: Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), con el mestizaje como factor de identidad; José Vasconcelos (1882-1959), con la tradición bolivariana postulando la unidad latinoamericana; y Manuel Ugarte (1874-1951), crítico del capitalismo extranjero, influencias a las que deben incorporarse las del sindicalismo socialista mexicano, las del cooperativismo anarquista vasco, y la teosofía de Joaquín Trincado (1885-1935), con la que Sandino haría una interpretación profética del destino del hombre, aplicándola a su lucha.

La epopeya libertaria de Sandino deviene del abrupto proceso histórico transitado por Nicaragua en su consolidación republicana; desde que nace como entidad política en 1821, se anexa y separa del imperio mexicano, se integra y rompe con la Federación Centroamericana, e instaura el primer Estado Nacional, cuya vida constitucional, signada por la anarquía y los desbarajustes económicos, la arrastrarían a guerras civiles, nacionales y regionales, con filibusteros incluidos, todo en tan sólo 35 años (1821-1856), de una vertiginosa secuencia de acontecimientos dramáticos, e incluso tragicómicos, como tener 4 presidentes de la República el mismo día. Después vendría lo demás.

Sandino sintetizó la motivación fundamental de su causa al declarar: “Viendo que los Estados Unidos de Norte América, con el único derecho que da la fuerza bruta, pretenden privarnos de nuestra Patria y nuestra Libertad, he aceptado su reto injustificado, que tiende a dar en tierra con nuestra soberanía, echando sobre mis actos la responsabilidad ante la Historia. Permanecer inactivo o indiferente, como la mayoría de nuestros conciudadanos, sería sumarme a la grosera muchedumbre de mercaderes patricidas. Así, mis actos me justificarán, ya que mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo. Amo la justicia y voy por ella al sacrificio. Los tesoros materiales no ejercen ningún poder en mi persona; los que anhelo poseer son espirituales”.

La herencia más viva y directa de Sandino fue asumida, programáticamente, en 1963, por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En 1974, Sergio Ramírez inició la tarea de rescatar el corpus dejado por Sandino, la que culminó con la obra Pensamiento Político, publicada en Caracas, en 1988. Carlos Fonseca Amador (1936-1976), máximo dirigente del sandinismo histórico, interpretó a Sandino como guerrillero proletario, consagrado a combatir para reorganizar de forma igualitaria a la sociedad nicaragüense y Humberto Ortega, le dio la connotación de héroe revolucionario anti burgués de la clase proletaria.

El aporte de Sandino a las ideas en América Latina es significativo. A pesar de que nunca se dedicó exclusivamente al ejercicio intelectual, formuló un pensamiento coherente de su país. Nadie, antes que él, había reflexionado tan espontánea y directamente sobre nuestra patria, por ello es uno de los creadores imaginarios de la nacionalidad nicaragüense. Los principios éticos que integraron sus convicciones fueron: honradez ciudadana, completo desinterés, dignidad patriótica, derecho de los débiles y honor nacional.

Con profusa documentación, en el libro se exponen los elementos centrales de su antiimperialismo que, por constituir una de las respuestas ideológicas a la política de dominación de Estados Unidos, trascendió los límites nacionales para enmarcarse en un contexto internacional; el indohispanismo, con el que además de un objetivo político, contribuyó a establecer una categoría orientada hacia la formación de la conciencia hispanoamericana y su latinoamericanismo, cuyo aporte más original fue el Plan de realización del Supremo Sueño de Bolívar, propuesta doxológica donde desarrolla la idea de construir la nacionalidad latinoamericana; y por supuesto, su nacionalismo y su centroamericanismo.

En su Manifiesto al pueblo nicaragüense, [El Chipote, octubre 6, de 1927], pocos meses después de iniciar su resistencia contra la ocupación militar yanki, ratificó que la vida se ofrenda por la libertad de la patria. El internacionalismo no fue ajeno a su lucha: No será extraño -reveló, prefigurando al Che Guevara-, que a mí y a mi ejército se nos encuentre en cualquier país de América Latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista.

Sandino fue uno de los creadores de la guerra de guerrillas y su principal teórico contemporáneo. Le arrebató armas y vituallas a los machos, pero también creó las propias: la bomba de mano La Gardenia, una botella llena de dinamita forrada con cuero crudo; y La Chula, un mortero o cañón antiaéreo, cuya eficacia la ratificó en el combate de Las Cruces (octubre 1927), donde derribaron al primer avión invasor, capturándole 2 máquinas con fuerte dotación de parque, un poderoso anteojos largavista, 2 pistolas de escuadra y, en batalla, 8 ametralladoras Lewis, con su dotación de municiones. Todo, respaldado por una inmensa y enmarañada base social campesina, que aprendió las artimañas de la conspiración y contribuyó a extender las columnas sandinistas desde Puerto Cabezas hasta Managua, a lo largo de 400 interminables kilómetros.

Quizá el mejor homenaje a su epopeya se lo hace su enemigo. En sus respectivas placas de bronce, incrustadas en la pared izquierda del Salón Histórico del Pentágono, Estados Unidos reconoce sus derrotas militares en el siglo XX: Nicaragua 1933 y Vietnam 1967.

Después de leer Guerrillero de nuestra América, se magnifica y redimensiona la gesta libertaria del General de Hombres Libres, y se puede imaginar, en la tupida manigua segoviana, desde lo alto de los árboles, a lo largo de las veredas, entre el follaje de la quebrada, ojos que, sin ser vistos, vigilan a la columna de machos, chotos y sudados, avanzando entre fortuitos cantos de zenzontles, graznidos de urracas y gruñidos de congos, singular e intrincado lenguaje de sonidos, señas y contraseñas inventado por los guerrilleros sandinistas que los esperan agazapados en la emboscada…