Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

BEIJING
Desde que hace poco abriera sus puertas la Terminal 5 del Aeropuerto Heathrow de Londres, ha estado llena de problemas. En el otro extremo del planeta, la Terminal 3 de Beijing, que abrió para funcionar de lleno apenas un día antes que la Terminal 5, lo ha estado haciendo casi sin ningún inconveniente. Sin embargo, no es de sorprender que los medios de comunicación hayan abundado en los problemas de la T5 de Londres y, al mismo tiempo, hayan omitido hablar de los éxitos de la T3 de Beijing.

En todos los parámetros, la T3 de Beijing supera a la T5 de Londres. Mientras la T5 puede manejar apenas 12 mil maletas por hora (esto es, cuando logra hacerlo) y 30 millones de pasajeros al año, la T3 puede con 20 mil maletas por hora y 50 millones de pasajeros. Mientras la T5 prestará servicios principalmente a British Airways, la T3 lo hará para Air China y dos decenas de otras aerolíneas.

Con un millón de metros cuadrados, la T3 de Beijing es la terminal más grande del mundo, pero sus costes de construcción fueron muy inferiores a la T5 de Londres. Utilizando los tipos de cambio más recientes, la T3 costó sólo 3.86 mil millones de dólares, comparada con los 8.6 mil millones de dólares de la T5 de Londres. Más aún, para construir la T3 fueron necesarios menos de cuatro años, mientras que la T5 demoró casi 20 años.

Sin embargo, llamar a la T3 un éxito del socialismo y a la T5 un fracaso del capitalismo, sería perder de vista un punto fundamental. Después de todo, si bien el sistema político chino todavía puede llamarse socialismo, se trata en el mejor de los casos de un “socialismo con características chinas”, que encarna un creciente nivel de actividad económica orientada al mercado, y mayor apertura y transparencia económicas.

También se prestaría a confusión atribuir el éxito de la T3 únicamente a China. Después de todo, fue diseñada por un inglés y ha incorporado las tendencias, los estilos y los estándares arquitectónicos y operacionales más recientes del mundo.

La T3 de Beijing es apenas uno de los muchos proyectos que China ha emprendido para mejorar su infraestructura de transportes. Además de haberse convertido en el parque industrial más grande del mundo, China tiene hoy más abonados a teléfonos móviles que las poblaciones combinadas de Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, y su cantidad de internautas acaba de superar a la de Estados Unidos.

Todos estos acontecimientos plantean una pregunta fundamental: ¿cómo deberíamos interpretar el explosivo aumento de la productividad que se ha convertido en la nueva característica de China? Quienes se aferran a viejos estereotipos ideológicos enfrentan una tarea casi imposible, si desean reconciliar al rápido crecimiento de China con lo que condenan como el fallido sistema chino.

La verdad es que desde fines de los años 70, China se ha convencido de que la paz y la estabilidad son las precondiciones más importantes para su desarrollo. En consecuencia, todo lo que distraiga a China de su énfasis en la paz, la estabilidad y el desarrollo, debe resistirse con fuerza. Esto puede ayudar a explicar por qué la T3 de Beijing es un éxito tan resonante, y por qué los chinos hoy están más unidos que nunca antes, al condenar los intentos de secuestrar o mancillar los Juegos Olímpicos por oscuros motivos.

Espero que cuando millones de pasajeros del extranjero transiten por la T3, incluidos quienes lo hagan durante los Juegos Olímpicos, hagan una pausa y piensen en la distancia que ha recorrido China en las últimas tres décadas, en sus reformas y su apertura al mundo
exterior.

Es cierto que aún le queda camino por recorrer y que mucha gente puede encontrar insuficiencias en gran parte del país, pero no deberían negarse a reconocer que la misión de China de pasar de ser una nación de 1.3 mil millones de pobres a un país desarrollado, mediante la paz y el libre comercio, es una de las sagas más grandes, honorables y difíciles que se hayan visto en la historia humana.

Tras los disturbios en el Tíbet y los problemas al paso de la antorcha olímpica por el mundo, algunas voces están mostrando una mayor inclinación a despreciar, envilecer, humillar o incluso dividir a China. Sin embargo, sería mejor para todos hacer una pausa, contemplar la T3 de Beijing, considerar lo que representa y reflexionar acerca del logro que significa la rápida construcción de una estructura así de simbólica para un país emergente como es China.

Gao Zhikai fue Vicepresidente Senior y Asesor General de la China National Off-shore Oil Co. En la actualidad es director de la Asociación Nacional China de Estudios Internacionales.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org