Jorge Eduardo Arellano
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Ante el constante irrespeto al Estado de Derecho y al pluralismo político, consagrado en nuestra Constitución Política, la ciudadanía consciente ha dispuesto movilizarse para decir, en muy alta voz, ¡Basta ya!, a la dictadura institucional que padecemos, producto del nefasto pacto Ortega-Alemán.

Las sucesivas e ilegales decisiones adoptadas por el Consejo Supremo Electoral, que han merecido el repudio general de la opinión pública nacional e internacional, han generado un justificado sentimiento de falta de credibilidad en el organismo, que según nuestra Constitución, es el llamado a organizar, dirigir y vigilar las elecciones, a fin de que estas realmente reflejen la voluntad del pueblo nicaragüense, expresada a través del sufragio universal, igual, directo y secreto.

Doce organizaciones de la sociedad civil nicaragüense, que representan un amplio espectro de opiniones, han decidido crear la “Unión Ciudadana por la Democracia” y convocar a una gran marcha cívica para demostrar el repudio a la dictadura orteguista, el pacto prebendario Ortega-Alemán, el alza constante en el costo de los alimentos básicos, la creciente inflación y la ausencia de proyectos serios, no populistas ni partidarios, para combatir la pobreza y el desempleo.

Las organizaciones que convocan, a las cuales se ha unido la Coordinadora Civil, son las siguientes: Movimiento por Nicaragua, Red Nicaragüita de Jóvenes, Juventud por la Democracia en Nicaragua (Judenic), Incide, Comisión Permanente de Derechos Humanos, Grupo de Reflexión y Acción Ciudadana, Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), Movimiento Unidos por León, Hagamos Democracia, Fundación Violeta Barrios de Chamorro, Fundemos y Federación de Maestros de Nicaragua. También han decidido sumarse a la marcha: el MRS, el Movimiento Vamos con Eduardo y el Partido Conservador.

La ciudadanía moderna obliga a asumir una actitud crítica, participativa y responsable. Por lo mismo, a esta marcha están convocados todos y todas las ciudadanas y ciudadanos que aman a Nicaragua, sin distingos de colores políticos, desde luego que el difícil momento que estamos viviendo impone la unidad de todos los nicaragüenses, sin exclusiones de ninguna clase.

Que el aprendiz de dictador y su socio Alemán, no se extrañen que los ciudadanos y ciudadanas que realmente amamos a Nicaragua marchemos por las calles de nuestras ciudades, pacífica y cívicamente, enarbolando la bandera azul y blanco, demandando el fin del oprobioso pacto libero-sandinista, que más que pacto, es un vulgar contubernio, que tiene postradas a nuestras instituciones y ha desvirtuado un principio tan fundamental para la democracia, como lo es la independencia de los Poderes del Estado y la obligación de obedecer única y exclusivamente a la Constitución y las leyes de la República. Es en repudio a tanta degradación política que marchamos. Es en repudio a tanta corrupción, cinismo y descaro que marchamos. Nicaragua nos pertenece a todos los nicaragüenses y no únicamente a un par de caudillos que se han confabulado para secuestrar a la Nación mediante el control partidario de los Poderes del Estado. Una vez más, el amor a Nicaragua seguramente congregará a miles y miles de ciudadanos y ciudadanas decididos a demostrar el sentir mayoritario de nuestro pueblo: el rechazo total a la dictadura bicéfala de Ortega y Alemán.

Con frecuencia escuchamos a los ciudadanos preguntarse: “¿Qué puedo hacer ante tantos despropósitos e ignominia?”. La única respuesta que podemos sugerirles es la siguiente: Organicémonos, informémonos de lo que sucede en el ámbito nacional, político, económico y social, y discutamos sobre esa situación con nuestros amigos y vecinos. Tomar conciencia de la realidad es el primer paso para la acción y la promoción del cambio.

Frente a los corruptos la sociedad civil es poderosa si se organiza, y débil si permanece dispersa, o lo que es peor, indiferente ante el tremendo retroceso institucional que significan los pactos entre los caudillos. Ser ciudadano o ciudadana es el más honroso de los roles que se pueden desempeñar en la polis, a condición que lo ejerzamos con responsabilidad, civismo, sin ninguna violencia, asumiendo una actitud crítica, participativa y beligerante en todo lo que concierne a la colectividad y al bien común, abandonando, de manera definitiva, la propensión a la indiferencia y el yoquepierdismo.

Necesitamos desatar las inmensas potencialidades de la ciudadanía organizada para defender la institucionalidad democrática. Si nos movilizamos y nos organizamos como ciudadanos, estaremos ratificando nuestra fe en la democracia y nuestro amor por el país que habitamos, y que algún día heredaremos a nuestros descendientes.