Jorge Eduardo Arellano
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“Todo lo que atañe a la civilización salió de Europa”. Es una frase del gran poeta francés Paul Valéry, quien además de sus virtudes literarias padecía de un vulgar racismo eurocéntrico.

Residiendo en Italia, le escuché en un discurso la misma frasecita a Massimo D`Alema, un político que venía del antiguo Partido Comunista Italiano y luego, en una voltereta de saltimbanqui, se convirtió a la derecha posmoderna. La derecha posmoderna junto con la derecha fascistoide dominan, hoy, el espectro político europeo.

La frase de Valéry además de arrogancia obtusa revela una gran ignorancia de la historia humana. Las civilizaciones antiguas europeas, Grecia y Roma, son inexplicables sin los aportes de las civilizaciones de los pueblos de Oriente Medio, hoy tan despreciados en las sociedades europeas (Irak, Irán, Egipto y Siria, entre otros).

Y la formación del capitalismo en Europa es inexplicable sin el traslado masivo de riquezas desde América y otras partes de lo que hoy es el Sur. Sin la explotación intensiva de fuerza de trabajo en las colonias y semicolonias europeas, que únicamente en América provocó un genocidio calculado en 40 millones de indígenas. Y también sin el traslado de las ganancias que produjo el tráfico de esclavos de África hacia América.

Desde América Latina y desde Nicaragua no podemos ni queremos renunciar a los componentes culturales y raciales, que proviniendo de Europa, se han integrado al crisol de culturas y razas que conforman nuestras identidades. Pero en nuestra memoria lúcida tenemos presente que lo más importante que nos vino de Europa fue la dominación, que es la más perversa de las creaciones de nuestra especie.


Comenzamos a olvidarnos
Entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando los Estados Unidos lograron convertirnos en su “patio trasero”, comenzamos a olvidar el colonialismo europeo y centrar nuestra atención en el imperialismo yanqui. Durante los 80, cuando Reagan ocupó Centroamérica y desató su guerra terrorista contra Nicaragua, los europeos nos dejaron un buen recuerdo. Por los menos la mitad de los gobiernos europeos guardaron distancia con respecto a la agresión estadounidense y buscaron honestamente una salida para detenerla. Desde casi todos los pueblos europeos recibimos hermosos ejemplos de solidaridad.

Pero las cosas cambiaron radicalmente entrada la década de los 90. Cuando la derecha política europea en sus dos versiones, fascistoide y posmoderna, se apoderó de los gobiernos y adoptó el neoliberalismo como referente oficial de su política económica.

La cooperación europea perdió sus atributos positivos y se convirtió, esencialmente, en uno de los mecanismos para instrumentar la dominación Norte-Sur. Políticamente, se constituyó el eje Bush-Unión Europea, que responde a una subordinación política de Europa al unilateralismo que Estados Unidos impone en el ámbito de las relaciones internacionales.


Y aparece el intervencionismo
Hasta entrados los años 90, los embajadores europeos fueron respetuosos de la Convención de Viena y su conducta era muy distinta a la de los procónsules gringos. Fue la tristemente célebre ex embajadora de Suecia, Eva Zettemberg, quien inauguró el nuevo estilo de procónsules de los representantes diplomáticos europeos. Esta ex embajadora desplegó una competencia feroz con Paul Trivelli para demostrar sus dotes de violadora insaciable de la Convención de Viena. Eva Zettemberg, ¿sobre qué asunto estrictamente nicaragüense no opinó, dio lecciones y amenazó públicamente?
Hoy que Trivelli ha moderado su compostura, la sueca tiene en la señora Francesca Mosca una discípula que se apresta superar a la maestra. Los recursos de la cooperación europea con Nicaragua, tanto los del denominado apoyo presupuestario como los asignados a proyectos, están sistemáticamente monitoreados, evaluados y en gran medida administrados por burócratas de la cooperación europea. La AID también monitorea y administra los recursos que asigna a Nicaragua bajo el concepto de cooperación. El embajador de Venezuela manifestó pública y oficialmente que Venezuela no tiene ningún cuestionamiento sobre la administración de los recursos de la cooperación venezolana.

Entonces, ¿qué fundamentos tiene esta señora para hablar públicamente de una supuesta falta de transparencia en el manejo de los recursos de la cooperación, más allá del apuntalamiento de las fuerzas políticas internas que han renunciado a la autodeterminación nacional?
Los nicaragüenses podemos estar o no de acuerdo con las decisiones del Consejo Supremo Electoral. Pero, ¿qué jurisdicción tiene la embajadora Mosca para cuestionar públicamente la institucionalidad de un Estado soberano? ¿Qué sucedería en Italia si el embajador de Nicaragua comenzara a cuestionar públicamente al poder judicial italiano por no haber condenado al señor Berlusconi por el delito de asociación mafiosa?

¿Qué autoridad moral?
No hablemos de las tropelías del pasado. Hablemos de la realidad de hoy. Varios de los gobiernos europeos fueron cómplices de la inmoral e ilegal ocupación militar de Irak, que ha provocado el mayor genocidio del siglo XXI: cerca de un millón de iraquíes muertos y varios millones de desplazados; además de la destrucción de la cultura material y espiritual de una sociedad donde hace más de cinco mil años por primera vez emergió la civilización humana.

La mayoría de gobiernos europeos aprueba los asesinatos masivos de civiles palestinos perpetrados desde tanques, aviones y helicópteros israelíes. Todas las leyes de migración de los países de Europa Occidental son brutalmente represivas y atentan contra la dignidad humana. Recién el Parlamento europeo acaba de aprobar la vergonzosa “directiva retorno”, que criminaliza a los emigrantes irregulares y los despoja de sus derechos humanos, aprobando encarcelamientos sin juicio hasta por 18 meses.

En los campos de concentración para emigrantes se golpea y tortura a los prisioneros. Una gran cantidad de medios y buena parte de las fuerzas políticas europeas legalmente promueven el racismo y la xenofobia. En Centroamérica, las corporaciones europeas que están detrás de los gobiernos han promovido intensamente la corrupción: millones de dólares para sobornos de altos funcionarios y obtener contratos de ventas de servicios o compras de activos.

En Costa Rica sobornaron a tres ex presidentes. En Nicaragua, el complejo turístico Montelimar fue construido en los 80 con una inversión de 30 millones de dólares; Antonio Belli, Ministro de Turismo de la inmaculada Doña Violeta, lo vendió en la
quinta parte de su valor. ¿Cuánto recibió Antonio Belli del grupo Barceló?
¿Qué autoridad moral tienen los gobiernos derechistas europeos para venir aquí a pretender dar lecciones de derechos humanos, de democracia y buena gobernanza, de transparencia, de lucha contra el terrorismo?

Si en nombre de sus gobiernos, los burócratas de la Unión Europea no tienen ninguna autoridad moral para legitimar sus poses de representantes paradigmáticos de la civilización humana. Si los gobiernos que representan carecen de cualquier autoridad moral, lo mínimo que esperaríamos es que respeten las normas del derecho internacional.

Así por lo menos, no podríamos negarle nuestro respeto.