Jorge Eduardo Arellano
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Muchísimos lectores de estas Pláticas de caminantes nos han preguntado por la aparición, la semana pasada, de Bertoldo, su esposa Marcolfa, y Bertoldino, hijo de ambos, admirados por la sagacidad de sus opiniones y comentarios, a diferencia del nieto de los primeros e hijo de Bertoldino, Cacaseno. Recomendamos la lectura de la “Historia de la vida, hechos y astucias de Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno”, atribuida a C. Della Croce, italiano, y en cuya edición en español de 1931, se lee: “Obra moral y divertidísima donde hallarán mucho que aprender y admirar el ignorante y el sabio”. Probablemente estos de Nicaragua sean descendientes de los primeros, quienes vivieron cuando Albuino, rey de los lombardos, dominaba en casi toda Italia y residía en la hermosa ciudad de Verona. Bertoldos, Marcolfas, Bertoldinos y Cacasenos viven hoy en el Reino Socialista de Nicaragua, sin merecer de parte de nuestros monarcas las atenciones que sus primigenios ancestros merecieron de Albuino y la reina. Son seres, como se les califica en la obra, rústicos por entrañables y sencillos, cuyo común denominador es su menosprecio por el poder y la riqueza; sabiduría natural que se transforma en una permanente lección moral para aquellos monarcas italianos que escuchan, dialogan y por lo tanto aprenden sin ofenderse y celebran para sí aquellas astucias ciertamente divertidísimas.

Aclarado lo anterior, es oportuno mencionar que durante su estadía en Nicaragua en febrero pasado, como invitado especial al Festival de Poesía de Granada, nuestro amigo Arturo Corcuera nos dejó su libro “A bordo del Arca”. Este escritor peruano, que casi se esfuerza en pasar desapercibido, es a nuestro gusto uno de los más grandes escritores de América Latina, pues la erupción de calidad que tienen sus obras les impiden el anonimato natural en que su autor trata de refugiarse. En sus prosemas la memoria y las lecturas se hacen fábulas, en las que la ternura es un elemento constante. Poesía y prosa en una confabulación deliberada y a la vez espontánea. ¿Dónde están los límites o fronteras de una y de otra? Lo que más nos gusta de este libro es que las borra y, al menos en este caso, las evidencia como innecesarias. Es un libro del quehacer literario enrumbado hacia el futuro. Un Arca con su quilla hendiendo las aguas apaciblemente y con la seguridad del Noé que la conduce. Su lectura la he sentido como la confirmación de lo que hace mucho tiempo anunció nuestro José Coronel Urtecho: “En literatura llegará el momento en que no se hablará de contradicción entre la prosa y el verso.”

Punto y seguido sería informarles que en “A bordo del Arca” viaja la “Edición Príncipe de Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno”, con precisas referencias a los personajes y una conclusión para escritores: ¡Oh hados, oh musas, líbrenme de ser un hacedor de / versos bertoldinos y cacasenos! Estábamos en el corredor de la casa de los Vargas-Robleto en Comalapa, cuando en eso llegó Cacaseno, montando su caballo al revés como su antepasado lo hizo en la historia original, para entregarnos, como cartero del pueblo que era, tres libros. El primero era “A la sombra de un grano de sal”, poemas del embajador en Perú del gobierno de Daniel, Tomás Borge. Preciosa edición que además de los poemas incluye abundantes fotografías del autor con personajes de la historia política contemporánea, y lo que es más, con el logro de un breve prólogo del gran Arturo Corcuera, a quien acabamos de mencionar. A propósito, dijimos, para más Tomás nos envió su libro, y en cambio de la Embajada de Cuba, desde que comentamos las “Reflexiones del Compañero Fidel” referidas a la ética y nosotros y sus opiniones sobre Ernesto Cardenal, ya no nos envían nada. ¿Será casualidad? Los otros libros recién salidos del horno, eran: “Inconclusos”, del prolífico ensayista, poeta y cuentista Francisco Javier Bautista Lara. Cuando publicó “Entre autores y personajes”, ensayos literarios, afirmamos que Bautista Lara se nos confirmaba como un personaje de novela, y que se consumaba como uno de los novelistas allí estudiados. Cuando apareció “Rostros Ocultos”, su primera novela, dijimos que se confirmaba aquella profecía. Los cuentos de “Inconclusos” nos parecen valiosa materia prima de otra novela, y un llamado a no ir tan de prisa, sin desmerecimiento de la constancia literaria del autor. El tercer libro es “Rostros”, poemas de Ninozka Chacón, del que no opinaré por haber sido uno de los jurados que le otorgó el “Premio Nacional de Poesía Mariana Sansón”. Es decir, soy parte y juez que además de mantener su criterio, está en un todo de acuerdo con la contraportada que le escribió el siempre preciso Edwin Yllescas Salinas.

Toda la familia de Bertoldo pasaba unos días en “La Pachona”, invitada por Julio Vargas, pero Bertoldo se desplazó hasta Comalapa con las últimas noticias: “Además de las canciones de los Mejía Godoy, se están robando la libertad del país, y la verdad del por qué no le dieron la «Orden José de Marcoleta» a Paul Trivelli, es porque el barco venezolano que traía para el 19 de julio diez mil toneladas de Órdenes Rubén Darío, se fue a pique cuando lo quisieron recargar con la de Marcoleta.”

luisrochaurtecho@yahoo.com