Jorge Eduardo Arellano
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Aquella que no disparaba balas, pero sí verdades y llamados a la resistencia, a organizarnos, que nos enseñaba a armar y desarmar un Fal, un Garand, un rifle 22, una carabina 30-30; que servía de testimonio y denunciaba a la dictadura, que nos hacía llorar y meditar como “he is a bandido”, le llamaba Somoza a Bandolero. “Hermanos, les voy a dar una noticia muy dolorosa, el comandante Martín, Gaspar García Laviana, cayó hace unas pocas horas en combate…”. “Cuando estábamos en la cárcel, llegó un oficial de la Guardia Nacional a decirnos llenos de alegría, que Carlos Fonseca había muerto…”

No sé qué ha pasado, mi generación fue forjada con balas y la música de Carlos Mejía y Luís Enrique, Pancasán Igni Tawanka, Kilapayú, el Ruiseñor de América: Víctor Jara, Los Guaraguao… Es tanto el canto épico que llevamos dentro, que es difícil no entonar uno de ellos de vez en cuando. De momento la nostalgia por los recuerdos que se nos vienen también nos llevan a las líneas de los pensamientos de algunos de nuestros dirigentes místicos de entonces: ¿que la lucha es amarga? No, es miel para endulzar los tragos amargos de nuestra historia…
Un sólo canto sin sentido hubiera sido un gran desperdicio para esos días, más que un millón de balas disparadas al aire y no al corazón del enemigo. No hubieran sido las hilachas del Sol sobre el camino. Mezcla de poesía, rabia, dolor, esperanza… Aprendimos, entonces, a luchar a través de la música. Carlos y Luís Enrique son responsables, en gran medida, de que aún sigamos con la esperanza. Ellos nos sacaron de nuestras escuelas, de los brazos maternos que lloraron cuántas veces nuestra partida, nos hicieron olvidar que éramos niños para convertirnos en hombres. En el camino, muchos pasaron a ser nuestros santos y aún hoy se conservan niños o jóvenes. Carlos y Luís Enrique son culpables, por habernos incitado a tomarnos las calles, a luchar en batallas desiguales: un fusil Garand contra una bomba de contacto. Son también como yo, como otros, responsables de tantos muertos.

Carlos, Luís Enrique, a tantos años el enemigo sigue siendo el mismo; así lo hacen sentir nuestras Mujeres de El Cua, quienes en Matagalpa reclamaron a ustedes por la unidad durante un encuentro con la bancada sandinista en ocasión de la celebración del natalicio 72 del Comandante Carlos Fonseca, la mañana del lunes.

Que callen los ataques contra ustedes, Carlos y Luís Enrique, como aquellos que provocaron se fueran de las filas del FSLN hace varios años; sus regresos los exigen las heroínas de El Cua y nuestros muertos. Son momentos de unidad, para que siga encendida la llama de la esperanza.

*Militante del FSLN, Matagalpa.