Bayardo Altamirano
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Pasan los años y Ernesto Guevara permanece como una de las grandes figuras revolucionarias. Marcó con su ejemplo nuevos caminos de liberación política y económica. Es símbolo de ética y congruencia de teoría y práctica. Afirmó que los compromisos traen riesgos, que hay que atreverse a pensar y que la crítica y la autocrítica van unidas. En especial tenemos que agradecer su preocupación por Nicaragua. El reportaje de Chuno lo revela de cuerpo entero.
A 40 años de su asesinato en Bolivia, los principios que nos heredó, la solidaridad --valor universal--, el internacionalismo, la causa de todos los explotados, la necesidad de construir un mundo justo, de calidad, y el alto sentido de la responsabilidad en cada tarea que se asuma, desde la más sencilla hasta la más compleja.
Nos inspiró a buscar el camino de la lucha armada cuando todo parecía cerrado. Nos convocó a ser consecuentes entre lo que decíamos y lo que hacíamos. Cuando la represión era la respuesta somocista. Cuando se agotaron los caminos pacíficos. Cuando cientos estaban en las cárceles y otros caían asesinados, muchos tomaron la decisión de la lucha armada y en ella murieron. Otros fueron desaparecidos o enfrentaron la tortura y la cárcel, actuando con conciencia entre lo que se decía y lo que se hacía. Los héroes de Raiti Bocay siempre en nuestro corazón.
Las oligarquías regionales y los gobiernos neoliberales aplicaron el anticomunismo más servil y llegaron a los mayores excesos represivos, no sólo contra los que habían tomado las armas, sino contra todos los luchadores sociales y opositores al régimen autoritario. Mataban sandinistas y conservadores.
Los caminos del Che fueron esa amplia perspectiva de la lucha continental de la que nuestra realidad era solamente una parte. Entonces, como ahora, nuestros ojos estaban puestos en Latinoamérica y nos identificábamos con cada uno de los luchadores contra las nuevas doctrinas económicas del imperialismo.
Con el avance de la globalización bajo hegemonía estadounidense, muchas de las organizaciones armadas, construidas bajo el espíritu del Che, se transformaron en partidos políticos legales. En El Salvador, Nicaragua y Guatemala, la situación empujó a transformar las guerrillas en opciones electorales.
Bajo las mismas banderas y buscando adecuar los programas a las nuevas circunstancias políticas con posibilidades de llegar a tener gobiernos con capacidades de decisión, se tomaron las urnas como vía de acceso al poder. En los partidos se crearon alas radicales, heterodoxas y pragmáticas, que luchan aún entre lo soñado y lo posible. En conjunto se hizo una nueva realidad política, pero sin abandonar las expectativas de redención social del Che. Los antiguos guerrilleros se convirtieron en opciones de avanzada para ganar gobiernos. Cada cual con sus posibilidades y sin recetas.
Sin duda las condiciones han cambiado, pero las lecciones del Che permanecen inconmovibles.