Jorge Eduardo Arellano
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¿Conducirá la creciente inflación global a una pronunciada desaceleración económica? Peor aún, ¿reavivará la estanflación, esa combinación mortal de inflación en aumento y crecimiento negativo?
La inflación ya está en aumento en muchas economías avanzadas y mercados emergentes, y hay señales de una probable contracción económica en muchas de las primeras (Estados Unidos, Reino Unido, España, Irlanda, Italia, Portugal y Japón). En las economías emergentes, la inflación ha estado asociada --hasta ahora-- con el crecimiento, e incluso con el sobrecalentamiento de la economía. Pero la contracción económica en Estados Unidos y otras economías avanzadas puede conducir a una asociación --en lugar de una disociación-- del crecimiento en los mercados emergentes, a medida que la contracción estadounidense desacelere el crecimiento y la inflación creciente obligue a las autoridades monetarias a restringir las políticas monetaria y de crédito. Entonces podrían enfrentarse a una “estanflación lite” --inflación creciente unida a una marcada desaceleración del crecimiento--.

La estanflación necesita un choque negativo del lado de la oferta que aumente los precios y al mismo tiempo reduzca la producción. Los choques estanflacionarios han provocado una recesión mundial tres veces en los últimos 35 años: en 1973-1975, cuando los precios del petróleo se dispararon tras la Guerra del Yom Kippur y el embargo de la OPEP; en 1979-1980 después de la revolución iraní; y en 1990-1991, tras la invasión de Kuwait por Iraq. Incluso la recesión de 2001 --desencadenada principalmente por la implosión de la burbuja de la alta tecnología-- estuvo acompañada de una duplicación del precio del petróleo después del inicio de la segunda intifada palestina contra Israel.

Hoy, un ataque israelí contra las instalaciones nucleares de Irán podría provocar un choque estanflacionario. Este riesgo geopolítico ha aumentado en las últimas semanas a medida que ha crecido la alarma en Israel en cuanto a las intenciones de Irán. Un ataque de ese tipo ocasionaría aumentos bruscos en el precio del petróleo --muy por encima de los 200 dólares por barril--. La consecuencia de dicho aumento sería una recesión global importante, como las de 1973, 1979 y 1990. En efecto, el incremento más reciente en el precio del petróleo se debe en parte a un aumento en la prima del miedo.

Pero sin un choque negativo del lado de la oferta, ¿es posible la estanflación global? Entre 2004 y 2006 el crecimiento global fue robusto, mientras que la inflación fue baja, debido a un choque positivo en la oferta global --el aumento de la productividad y la capacidad productiva de China, la India y los mercados emergentes--.

A este choque positivo del lado de la oferta le siguió --a partir de 2006-- un choque positivo en la demanda global: el rápido crecimiento en “Chindia” y otros mercados emergentes comenzó a presionar los precios de varios productos básicos. Un fuerte crecimiento global en 2007 marcó el inicio de un aumento de la inflación global, un fenómeno que, con ciertas salvedades (la brusca desaceleración en Estados Unidos y algunas economías avanzadas), continúa en 2008.

Por lo tanto, si se excluye un choque del lado de la oferta verdaderamente negativo, la estanflación es poco probable. Los aumentos recientes en los precios del petróleo, la energía y otros productos básicos reflejan varios factores:
T El elevado crecimiento de la demanda de petróleo y otros productos básicos entre las economías de mercado emergentes con rápido crecimiento y urbanización, se está dando en un momento en el que las limitaciones a la capacidad y la inestabilidad política en algunos países productores restringen su oferta.

T El debilitamiento del dólar está presionando a la alza el precio en esa divisa del petróleo, a medida que el poder de compra de los exportadores de petróleo disminuye en regiones donde el dólar no se utiliza.

T El descubrimiento de los inversionistas de los productos básicos como un tipo de activo, está alimentando la demanda tanto especulativa como de largo plazo.

T La desviación hacia la producción de biocombustibles ha reducido la tierra disponible para el cultivo de productos agrícolas.

T La relajada política monetaria estadounidense, a la que ha seguido la relajación monetaria en países que formalmente fijaban su tipo de cambio al dólar (como los del Golfo) o que mantenían devaluada su moneda para fomentar el crecimiento impulsado por las exportaciones (China y otros miembros informales de la llamada zona del dólar Bretton Woods 2), ha provocado una nueva burbuja de activos de productos básicos y un sobrecalentamiento de sus economías.

La mayoría de estos factores son similares a choques positivos en la demanda agregada global, lo que debería conducir a un sobrecalentamiento económico y un aumento de la inflación global.

Las políticas de tipo de cambio son cruciales. Los superávit en cuenta corriente considerables y/o la mejora de la relación de intercambio, implican que el tipo de cambio de equilibrio real (el precio relativo entre los bienes extranjeros y los nacionales) se ha apreciado en países como China y Rusia. Así, con el tiempo el tipo de cambio real debe convergir --mediante una apreciación real-- con el tipo de equilibrio más fuerte. Si no se permite la apreciación del tipo de cambio nominal, la apreciación real sólo podrá ocurrir mediante un aumento de la inflación interna.

Por lo tanto, la forma más importante de controlar la inflación --y recuperar al mismo tiempo la autonomía de las políticas monetaria y crediticia necesaria para controlar la inflación-- es permitir que las monedas de esas economías se aprecien significativamente. Desafortunadamente la necesidad de apreciar las monedas y de la austeridad monetaria en los mercados emergentes sobrecalentados, llega en un momento en que la recesión inmobiliaria, la contracción del crédito y los elevados precios del petróleo, están provocando una acentuada desaceleración en las economías avanzadas --y una recesión abierta en algunas de ellas--.

El mundo ha completado el círculo. Después de un período benigno con un choque positivo en la oferta global, un choque positivo en la demanda global ha conducido al sobrecalentamiento y presiones inflacionarias crecientes a nivel mundial. Ahora hay preocupaciones sobre un choque estanflacionario en la oferta --digamos, una guerra con Irán-- aunado a un choque deflacionario en la demanda a medida que revienten las burbujas inmobiliarias. Las presiones deflacionarias podrían afianzarse en las economías que se están contrayendo, mientras las presiones inflacionarias aumentan en las economías que todavía crecen con rapidez.

Por lo tanto, los bancos centrales de muchas economías avanzadas y emergentes se enfrentan a una pesadilla en la que deben restringir la política monetaria (para luchar contra la inflación) y al mismo tiempo relajarla (para reducir los riesgos al crecimiento). A medida que los riesgos de inflación y los que afectan al crecimiento se combinen de maneras distintas y complejas en economías diferentes, será muy difícil para los banqueros centrales equilibrar estos imperativos contradictorios.

Nouriel Roubini es profesor de economía en la Stern School of Business, de la Universidad de Nueva York, y Presidente de RGE Monitor (www.rgemonitor.com)
Copyright: Project Syndicate, 2008.

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