Jorge Eduardo Arellano
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Cómo reconciliar el crecimiento económico global, especialmente en los países en desarrollo, con la intensificación de las restricciones en los suministros globales de energía, alimentos, tierra y agua, es el gran interrogante de nuestros tiempos. Los precios de las materias primas están escalando en todo el mundo, no sólo en el caso de los productos que acaparan los titulares como los alimentos y la energía, sino también de los metales, la tierra arable, el agua potable y otros insumos cruciales para el crecimiento, porque una mayor demanda ejerce presión frente a suministros globales limitados. El crecimiento económico mundial ya se está desacelerando bajo la presión del barril de petróleo a 135 dólares y los precios de los granos que como mínimo se han duplicado en el último año.

Se necesita una nueva estrategia de crecimiento global para mantener el progreso económico global. La cuestión básica es que la economía mundial hoy es tan grande que se está topando con límites que nunca antes experimentó. Existen 6 mil 700 millones de personas, y la población sigue aumentando en aproximadamente 75 millones de habitantes por año, principalmente en los países más pobres del mundo. La producción anual por persona, ajustada según los niveles de precios en diferentes partes del mundo, promedia alrededor de 10 mil dólares, lo que implica una producción total de aproximadamente 67 billones de dólares.

Obviamente, existe una enorme brecha entre los países ricos, donde la producción ronda los 40 mil dólares por persona, y los más pobres, a un mil dólares por persona o menos. Pero muchos países pobres, principalmente China e India, han alcanzado un crecimiento económico extraordinario en los últimos años al explotar tecnologías de punta. Como resultado, la economía mundial ha estado creciendo aproximadamente el 5% anual en los últimos años. A ese ritmo, el tamaño de la economía mundial se duplicaría en 14 años.

Esto es posible, sin embargo, sólo si el suministro de los insumos clave para el crecimiento se mantiene amplio, y si se contrarresta el cambio climático generado por el hombre. Si el suministro de insumos vitales se ve limitado o el cambio se desestabiliza, los precios aumentarán marcadamente, la producción industrial y el gasto de los consumidores caerán, y el crecimiento económico mundial se desacelerará, quizás abruptamente.

Muchos ideólogos de libre mercado ridiculizan la idea de que las limitaciones de recursos naturales causarán una desaceleración importante del crecimiento global. Dicen que los temores de “quedarnos sin recursos”, sobre todo en términos de alimentos y energía, nos han acompañado durante 200 años y nunca sucumbimos. De hecho, la producción siguió aumentando a un ritmo mucho más acelerado que la población.

Esta opinión tiene algo de verdad. Las mejores tecnologías han permitido que la economía mundial siguiera creciendo a pesar de las difíciles limitaciones de recursos en el pasado. Pero el optimismo simplista en el libre mercado es erróneo por, al menos, cuatro razones.

Primero, la historia ya ha demostrado que las limitaciones de recursos pueden entorpecer el crecimiento económico global. Después de un incremento de los precios de la energía en 1973, el crecimiento global anual cayó de aproximadamente el 5% entre 1960 y 1973, a alrededor del 3% entre 1973 y 1989.

Segundo, la economía mundial es mucho más voluminosa que en el pasado, de modo que la demanda de materias primas clave y de insumos energéticos también es mucho mayor.

Tercero, ya hemos agotado muchas de las opciones de bajo costo que alguna vez teníamos a nuestra disposición. El petróleo de bajo costo se está agotando rápidamente. Lo mismo es válido para las napas subterráneas. La tierra también se está volviendo cada vez más escasa.

Finalmente, nuestros triunfos tecnológicos pasados, en realidad, no conservaron los recursos naturales, sino que, por el contrario, le permitieron a la humanidad extraer y utilizar estos recursos a un costo general más bajo, acelerando así su extinción.

De cara al futuro, la economía mundial necesitará introducir tecnologías alternativas que conserven la energía, el agua y la tierra, o que nos permitan utilizar nuevas formas de energía renovable (como la energía solar y eólica) a un costo mucho más bajo que el actual. Muchas de estas tecnologías existen, e incluso se pueden desarrollar mejores tecnologías. Un problema clave es que las tecnologías alternativas suelen ser más costosas que las tecnologías consumidoras de recursos que hoy están en uso.

Por ejemplo, los agricultores de todo el mundo reducen su consumo de agua drásticamente al pasar de la irrigación convencional a la irrigación por goteo, que utiliza una serie de tubos para suministrar agua directamente a cada planta, a la vez que preserva o aumenta el rendimiento de los cultivos.

Sin embargo, la inversión en irrigación por goteo normalmente es más costosa que otros métodos de irrigación menos eficientes. Los agricultores pobres pueden no tener el capital para invertir en esta tecnología o tal vez carezcan del incentivo para hacerlo cuando pueden tomar el agua directamente de las fuentes disponibles o si el gobierno subsidia su utilización.

Los ejemplos similares abundan. Con mayores inversiones será posible aumentar los rendimientos agrícolas, reducir el uso de energía para calentar y enfriar edificios, alcanzar una mayor eficiencia de combustible para los automóviles y más. Con nuevas inversiones en investigación y desarrollo se pueden lograr más mejoras en tecnologías. Sin embargo, las inversiones en nuevas tecnologías que permitan ahorrar recursos no se están haciendo en una escala suficiente, porque las señales del mercado no ofrecen los incentivos apropiados, y porque los gobiernos todavía no están cooperando de manera adecuada para desarrollar y difundir su uso.

Si seguimos nuestro curso actual --dejando el destino en manos de los mercados y permitiendo que los gobiernos compitan entre sí por petróleo y alimentos escasos--, el crecimiento global se desacelerará bajo la presión de los recursos limitados. Pero si el mundo coopera en la investigación, desarrollo, demostración y difusión de tecnologías de ahorro de recursos y fuentes de energía renovable, podremos seguir logrando un rápido progreso económico.

Un buen lugar para empezar serían las negociaciones por el cambio climático, ya en marcha. El mundo rico debería comprometerse a financiar un programa masivo de desarrollo de tecnologías --energía renovable, automóviles de bajo consumo de combustible y edificios verdes-- y un programa de transferencia de tecnología a los países en desarrollo. Un compromiso de este tipo también les brindaría una confianza crucial a los países pobres de que el control del cambio climático no se convertirá en una barrera para el desarrollo económico a largo plazo.

Jeffrey Sachs es profesor de Economía y Director del Earth Institute en la Universidad de Columbia.

Copyright: Project Syndicate, 2008.

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