Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Al día siguiente de su espectacular liberación, tras un infame secuestro de más de seis años, Ingrid Betancourt fue a visitar la tumba de su padre, el Dr. Gabriel Betancourt Mejía, uno de los educadores más sobresalientes que ha tenido Colombia. Las noticias internacionales sólo refirieron el hecho de la emotiva visita de Ingrid al cementerio de Bogotá, para testimoniar su amor a su ilustre padre, cuya muerte ocurrió un mes después del secuestro de Ingrid por los terroristas de la FARC.

De Ingrid Betancourt, las semblanzas sobre su carácter y extraordinario coraje han sido abundantemente comentadas por los medios, y lo hemos podido constatar en las múltiples entrevistas que se le han hecho. Pero poco se ha dicho sobre quién fue su padre, el Dr. Gabriel Betancourt Mejía. Estas líneas aspiran a ofrecer, brevemente, un resumen de la valiosa obra realizada por Gabriel Betancourt Mejía en favor de la educación de Colombia, de América Latina y el mundo.

Tuve el privilegio de disfrutar de su amistad y afecto por muchos años, desde principios de la década de los años 60, cuando siendo él Presidente de la Comisión Especial de la OEA y la “Alianza por el Progreso”, apoyó las gestiones que emprendí para obtener la cooperación internacional para el “Plan de Integración Regional de la Educación Superior Centroamericana” promovido por el CSUCA, del cual quien escribe era entonces Secretario General.

A Gabriel Betancourt Mejía, doctor en economía y derecho, graduado en la Universidad Javeriana de Bogotá, se le ocurrió, siendo muy joven, solicitar un préstamo a una compañía colombiana, para financiarse una Maestría en Administración Pública en la Universidad de Syracuse, Estados Unidos. Acogida favorablemente su solicitud, su tesis de grado fue una propuesta para crear en Colombia una institución que concediera préstamos a estudiantes graduados para continuar estudios de postgrado en el exterior. Esta propuesta la llevó a la realidad cuando fue Secretario del Presidente Mariano Ospina Pérez. Fue así que se creó el “Instituto Colombiano de Especialización Técnica en el Exterior” (ICETEX), del cual Betancourt fue su primer director entre 1952 y 1955. Este Instituto ha sido el modelo de todos los organismos dedicados al crédito educativo, no sólo en América Latina sino en el mundo.

Más tarde, siendo Ministro de Educación de Colombia, fue Betancourt quien propuso en la Tercera Conferencia Americana de Ministros de Educación (Lima, 1956), el concepto del planeamiento integral de la educación, que pronto se divulgaría por toda América Latina y otros continentes. A él le correspondió elaborar para Colombia el primer “Plan de desarrollo integral de la educación”, que fue también fuente de inspiración para muchos otros países. Nombrado subdirector general de la Unesco, logró que el concepto del planeamiento integral fuera promovido por esta agencia y convenció a su director general, Dr. René Maheu, para que se creara el Instituto Internacional para el Planeamiento de la Educación (IIPE), que funciona en París, bajo los auspicios de la Unesco.

En esa calidad lo encontré en París nuevamente, cuando participé en el primer curso que impartió el IIPE. Fue entonces que Gabriel me invitó a cenar a su casa en París, en compañía de otros amigos de la Unesco, y recuerdo que a la mesa se sentaron dos niñas: Ingrid y Astrid, las dos hijas del matrimonio de Betancourt Mejía y Yolanda Pulecio, quien fue reina de belleza, mujer de mucho talento, quien años más tarde fue candidata a la Alcaldía Mayor de Bogotá.

En 1964, al concluir su gestión en la Unesco, Betancourt promovió la fundación de la Asociación Panamericana de Instituciones de Crédito Educativo (APICE), de la cual fue su primer presidente. En 1966, uno de los más ilustres presidentes que ha tenido Colombia, el Dr. Carlos Lleras Restrepo, le confió el Ministerio de Educación, con el encargo de reestructurarlo, tarea que Betancourt realizó con gran acierto introduciendo el principio de la descentralización, lo que llevó a la creación, dentro de órbita del Ministerio, de una serie de organismos descentralizados que aún existen y han desarrollado una fecunda labor en sus respectivos ámbitos: Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (Colciencias), Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES), el Instituto Colombiano de Construcciones Escolares (ICCE), e Instituto Colombiano de Deportes (Coldeportes).

Más tarde, siendo Embajador ante la Unesco y Miembro de su Consejo Ejecutivo, Betancourt logró negociar para Colombia, con el Director General, René Maheu, el programa de la Unesco de mayor magnitud jamás antes otorgado a ningún país, con el financiamiento del PNUD, programa que comprendía catorce proyectos en todos los aspectos de la educación, ciencia, cultura e información. De ese programa, quien estas líneas escribe, fue Director por nombramiento de René Maheu, de 1974 a 1977, lo que me permitió estrechar aún más la amistad con Betancourt Mejía.

Al ocurrir la muerte de Betancourt Mejía en 2003, Ricardo Díez Hochleitner, Presidente del Club de Roma, al cual perteneció Betancourt, en un obituario publicado en “El País” de Madrid, escribió lo siguiente: “Pese a tanta actividad, lo más significativo para mí es sin duda su comportamiento de hombre íntegro, siempre coherente con los valores éticos y morales que proclamaba desde sus profundas convicciones de hombre de bien”.


Tal fue el padre de Ingrid Betancourt.