Jorge Eduardo Arellano
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Desde hace algunos años se viene hablando de un Proyecto de Nación que sea inclusivo, que nos abarque a todos y en el que cada uno brinde aportes para sacar a nuestro país de la crisis política y económica que en gran parte heredamos de la guerra y la corrupción de los gobiernos posteriores; que nos permita superar el atraso en el desarrollo agropecuario y nos dé la oportunidad de entendernos, algo que cada día se aleja más y nos coloca al borde de nuevos conflictos, que bien podrían evitarse si lográramos entendernos.

La lucha del General Sandino contra los yankis nos da elementos que tienen gran vigencia y nos indican la necesidad de la unidad, la solidaridad, el patriotismo, el nacionalismo, la dignidad, el orgullo y la autodeterminación como pueblo. Nada de esto es posible si vamos todos contra todos, si no somos capaces de dolernos por la situación de la mayoría, si continuamos dejando que de fuera nos pisoteen, si no sabemos defender lo que como nación nos pertenece, si bajamos la cabeza ante los señores del norte o de cualquier latitud, si nos avergonzamos hasta de nuestra forma de hablar muy nica y si continuamos permitiendo que sean otros los que vengan a recetarnos y a dictarnos lo que tenemos que hacer.

Claro, en un proyecto de nación no caben los vende patria (tan odiados por Sandino), los corruptos, los que pretenden hacerse cada vez más ricos a costa de que haya cada vez más pobres, ni aquellos que han hecho de la política su modo de vida…
Caben aquéllos que entiendan que Nicaragua es de todos y no de unos cuantos, los que comprendan la necesidad de aminorar la brecha entre ricos y pobres, los que hagan de la política un instrumento para servir y no para ser servidos.

¿Podemos entendernos entre los nicaragüenses? Es posible si enfocamos nuestro interés en resolver los problemas más sentidos, lo que pasa porque la clase política, principalmente la oposición, deje de dar circo y no pan al pueblo. Un entendimiento que nos permita sacar de la extrema pobreza a la mayoría, convirtiendo a nuestro país en la gran huerta de Centroamericana, que vaya a la par de la campaña de alfabetización, la tecnificación y profesionalización de los jóvenes, de la salud preventiva, de la generación de empleos, de viviendas dignas. Todo es posible si vamos mano a mano, hombro a hombro con el gobierno.

¿Cómo no vamos a entendernos como nación, si vemos a antiguos dirigentes sandinistas, ahora MRS, aliados con los adversarios históricos del FSLN? Accionan juntos, organizan marchas, huelgas, y denuncian a la par lo que no les gusta del gobierno. Yo jamás imaginé que, por ejemplo, Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy le cantaran a la derecha y dejaran de hacerlo para la izquierda, a la que ahora prohíben interpretar sus composiciones en actividades políticas públicas. Eso era impensable hasta hace pocos años, sin embargo lo estamos viendo.

Cargando aún sobre nuestros hombros los estragos de la guerra, castigados por numerosos fenómenos naturales, con una crisis galopante que se ha convertido en nuestra sombra, con una juventud en constante peligro de caer en la delincuencia y las drogas, debemos pensar que todavía tenemos una deuda que pagarle a la nación.

No podemos dejarle la responsabilidad al gobierno actual para resolver todos estos asuntos y de paso hacerle la situación imposible con marchas, protestas, huelgas y denuncias sin sentido, dejando a un lado lo que realmente debemos enfrentar. El pueblo tiene hambre y sed de justicia social. Los padres quieren que sus hijos sean lo que ellos no pudieron ser, y esto sólo es posible con una mentalidad de nación. Dejemos que el Frente Sandinista gobierne ayudándole a hacerlo bien, criticando y cuestionando de forma responsable lo que no nos gusta, porque, claro, éste tampoco es un gobierno perfecto.


*Miembro del Centro de Comunicaciones
y Estudios Sociales (Cesos).