Jorge Eduardo Arellano
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Recientemente me he enterado de la tremenda barbarie que los señores diputados están cometiendo en contra del pueblo, que equivocadamente o por ignorancia dio el voto para colocarlos en el lugar donde están. La verdad es que las atrocidades que cometen estos señores no son nuevas, pero cada día aparecen con nuevas barbaries y ya están llegando a un punto en que el vaso de agua va a derramarse.

Para llegar a ser diputado no es necesario tener una profesión, por lo que cualquier masón, por no decir cualquier albañil, puede llegar a ser un padrastro de la patria y mejorar la situación económica de su hogar o de toda su familia.

La función de un diputado es legislar. Pero en Nicaragua ser diputado es sinónimo de depredador, ser diputado es no tener vergüenza ni de los cuatro pelagatos que les dieron el voto, aunque la verdad es que en las elecciones la población vota por la fórmula de presidente y vicepresidente que proponen los partidos políticos. Esto nos da a entender que los diputados no son electos por el pueblo, aunque descaradamente se auto-llaman “representantes del pueblo”.

Estos señores deberían proponer una ley en la que se establezca en 25 el número de diputados que conformen la Asamblea Nacional, con un salario no mayor al equivalente de un mil dólares por mes, sin asignación de combustible, sin dieta, sin viáticos, sin libres o exoneraciones para la compra de vehículos; exigirles trabajar 40 horas a la semana, ocho horas diarias de lunes a viernes, como cualquier empleado público que devenga salario proveniente del impuesto de los contribuyentes; que asistan al centro de sus labores en sus propios vehículos y no en vehículos asignados. Saludable sería que hasta sin inmunidad, pues ésta la usan para protegerse y depredar impunemente.

Si aprobaran una ley de esta naturaleza, veremos que no habría LEGIONES de candidatos a diputados.

No concibo porqué el pueblo nicaragüense tiene que mantener una pandilla de 92 señores que en nada benefician al pueblo; que tengamos que sacrificar anualmente 420 millones de córdobas de nuestro presupuesto para mantener una Asamblea que da vergüenza.

No es posible que a estas alturas, con el exorbitante precio que ha alcanzado el petróleo, se le tenga que asignar a cada padrastro 200 galones de gasolina, equivalente a casi 21 mil córdobas mensuales. Ni que fueran taxeros con doble turno.

No es posible que cada uno de estos señores que se llaman diputados reciba un salario de 3,700 dólares mensuales, si Nicaragua es un país que vive de la ayuda internacional. O será, que los países donantes se hacen los ciegos o los chanchos y no se dan cuenta a dónde va a parar el dinero que viene al país a nombre del pueblo nicaragüense.

El salario que se asignan los diputados, en comparación con el trabajo que realizan, es una exageración, una barbarie, una estafa, una bofetada al pueblo.

No es posible que estos señores se nos lleven 897 mil córdobas en alimentación. ¿Acaso se está alimentando a una piara?
¡Que descaro! Se nos llevan anualmente nada menos que 778 mil córdobas en telefonía celular. Pareciera que estos señores se desempeñan como recepcionistas.

Para colmo, ahora se recetan un seguro de vida que incluye a sus esposas. ¿Es que los padrastros no cotizan al INSS? ¿O será tal vez que el trabajo que realizan es demasiado duro, demasiado peligroso y demasiado agotador, que es necesario asignarles un seguro de vida?
La verdad es que el que busca uno de estos “puestitos” no es por el cuento aquél de que quieren trabajar por su pueblo, de que quieren ayudar al pobre, trabajar por el desposeído, ayudar a la patria, etc, etc, etc…
A darle atol con el dedo a otro baboso, a nosotros ya nos tienen hartos y el vaso ya se está derramando.


*Médico veterinario.